Javi Marcos, Gómez y Mika abrazan a Anel después de que el capitán de la Segoviana consiguiera el primer gol del partido. / JUAN MARTÍN-GIMNÁSTICA SEGOVIANA
Publicidad

La Segoviana ha empatado encuentros que mereció ganar, y ante el Burgos Promesas 2000 (caprichos del fútbol) ganó un duelo en el que no mereció más que un punto, frente a un rival que llegó a La Albuera a hacer su trabajo, y que se encontró con la complicidad del árbitro, y el flojo partido azulgrana para conseguirlo. Tan solo la velocidad de Javi Marcos evitando el 1-2 en el descuento, y la calidad de un Anel que con 40 años sigue siendo decisivo, salvó los muebles para la Segoviana.

El fútbol es un deporte tan grande que caben un sinfín de propuestas, incluso las que atentan contra el espectáculo, e incluso en ocasiones contra la propia esencia del deporte. Pero una cosa es que no se pueda entender que un equipo que no se juega nada en el envite llegue a La Albuera a comportarse como un matón de discoteca en lugar de intentar jugar la pelota, (que futbolistas tiene para ello), y otra que no tenga derecho a hacerlo, como defendió su técnico al final del partido.

Moyano puso el nivel

Porque la realidad es que, quien debe velar porque el fútbol sea un deporte y no una pelea de barrio es el árbitro. Y si quien tiene que impartir justicia se pasa la tarde tomando el solecito (muy agradable, por cierto) en el municipal, en lugar de velar por la integridad física de los deportistas, pues pasa lo que pasa, que en el minuto doce de partido el lateral Moyano ‘cazó’ a Rubén en una acción por la banda que terminó con el lateral azulgrana lesionado, el jugador del Burgos tan feliz con su amarilla, y la Segoviana teniendo que hacer un cambio antes de cumplido el primer cuarto de hora.

El equipo de casa le vio las orejas al lobo, porque en todos los balones divididos los visitantes dejaban un ‘recado’, y no es que rehuyera la pelea, pero sí se vio más cohibido en su fútbol asociativo. Mika estuvo absolutamente desasistido, y Gómez se buscó la vida, encontrándose en no pocas ocasiones el juego barriobajero del lateral Casado, que no solo jugó en el límite, sino que lo cruzó en varias ocasiones. Pero el árbitro estaba en ‘modo Zen’, quizá mirando la belleza de la sierra aún con nieve, y ni él ni su asistente de banquillo quisieron ver algo que vio hasta el técnico visitante, que en un momento de la primera parte puso a calentar a uno de sus futbolistas, visto lo ‘caliente’ que estaba su lateral en varias acciones difíciles de entender si no es con una tarjeta en la mano.

Afortunadamente, sobre el campo estaba Anel, que tenía claro que las ‘batallitas’ que planteaban los futbolistas del Burgos Promesas no tenían nada que ver con la ‘guerra’ del partido, que marchaba en tablas. El capitán de la Segoviana se elevó sobre todos los jugadores en un saque de esquina bien lanzado por Dani Abad, y su remate se ajustó tanto al palo izquierdo de la portería defendida por Álex que éste no llegó a desviar su remate. 1-0.

El gol podía parecer un premio excesivo para los méritos contraídos por la Segoviana, pero la realidad era que el conjunto gimnástico era el único que proponía algo más que correr y pelear, en el sentido figurado, y en el otro. El fútbol volvió a brillar por su ausencia tras el chispazo de Anel, y al descanso se marcharon los futbolistas con el 1-0 para los de casa, y con los visitantes afilando el colmillo de cara al segundo período. Su bagaje ofensivo en los primeros cuarenta y cinco minutos había sido de un remate fuera del central Óscar tras un saque de esquina. El ‘otro’ bagaje señalaba un lesionado en la filas locales, y solo un par de amarillas. Todo en orden.

DE PIQUES Y ERRORES

La segunda parte fue la de los ‘tiroteados’, porque cerca de una decena de futbolistas del Promesas se lanzaron al suelo en algún momento de la reanudación buscando la pérdida de tiempo y sacar de quicio a los segovianos. Lo consiguieron con la grada, pero no con sus oponentes, porque muy pocos entraron al trapo que una y otra vez les pusieron los visitantes.

Ahora bien, una cosa es no entrar al trapo, y otra pensar que el partido está controlado, y ese error local estuvo cerca de costar un disgusto. Después de unas manos de Moyano dentro del área que el árbitro no vio, como tampoco vio la caída de Manchado después de un ‘tropezón’ con Anel, Dani Calleja tuvo el 2-0 después de la única acción brillante de los gimnásticos, que inició Dani Abad por la banda izquierda, y terminó Quino por la derecha, con un centro con remate mordido del ‘10’ azulgrana que el portero del Burgos pudo salvar.

Y, entonces, ese gol que siempre se dice que puede salir de cualquier sitio, salió. El árbitro bajó a la tierra desde la nube en la que estaba subido para señalar una falta a Javi Marcos que, tal y como se había movido el partido, era una auténtica broma, y Dava vio a Facundo absolutamente fuera de su sitio, enviando el balón con potencia y ajustado al palo para sorprender al portero gimnástico, y poner de mala leche a todos los aficionados con un 1-1 que parecía premiar al equipo que no quería jugar.

La Segoviana acusó el golpe, y comenzó a caminar por el filo de la desesperación. Gómez buscaba a Mika en un mano a mano con Álex que le exigía algo más de decisión, y Manu González sorprendía dando entrada a Conde por Calleja, y a Agus Alonso por el propio Gómez. Y no es porque los ingresados al campo no tuvieran calidad, sino porque su ritmo de partidos tras recuperarse de sus lesiones no hacía prever que fueran a cambiar el rumbo del juego. No lo hicieron, pero la realidad es que desde el banquillo se buscaron alternativas.

EL QUE LO SALVA, Y EL QUE LO METE (O CASI)

Los jugadores visitantes seguían cayendo como moscas en cada balón dividido, y no se cortaban un pelo a la hora de despejar el cuero con contundencia, o de encararse con los rivales delante de las narices del árbitro y su ‘modo Zen’. Así, los minutos pasaban rápidamente sin apenas nada que contar más que las amarillas que los burgaleses sumaban tratando de que el tiempo se escurriera entre los dedos a los azulgranas, hasta que pasado el minuto 90, un envío en largo hacia Dava provocó el enésimo error de Facundo en el partido, (que ya se sabe que los fallos de los porteros se notan más), que con su precipitada salida le dio la opción de marcar al delantero visitante, quien elevó el balón y casi comenzó a festejar el 1-2. Pero Javi Marcos demostró sus cualidades llegando a despejar el esférico de la misma raya de gol, y le dio la oportunidad al equipo de seguir respirando en el partido.

La jugada continuó con un balón en largo hacia Anel, que situado asombrosamente solo dentro del área cruzó ante la salida de Álex. Mika, que pasaba por allí, marcó el 2-1 ante el delirio de la parroquia local, la desesperación de los visitantes, que protestaron fuera de juego, y la sensación de que el fútbol había terminado premiando los (pocos) méritos de una Segoviana a la que castigó en otros partidos en los que mereció mejor fortuna. Porque ayer, si el Burgos Promesas hubiese querido ganar al equipo azulgrana jugando al fútbol y no a las artes marciales mixtas, posiblemente lo hubiera conseguido.