dep1_1-entrevista
Cristina Maestro, en el homenaje a su padre Quintín. / AMADOR MARUGÁN
Publicidad

Cristina Maestro es una de las ‘rara avis’ del deporte de élite. La deportista de Nava de la Asunción, hija del ex-presidente del Balonmano Nava, Quintín Maestro, puso el punto y final a su carrera deportiva después de 14 años jugando en la élite, tiempo en el que obtuvo la licenciatura en Matemáticas. Un año después, y tras haber aprobado una oposición, reconoce que la crisis ha hecho reflexionar a las jugadoras, “y ahora hay mucha más gente estudiando que antes”.

– ¿Cómo empieza su relación con el balonmano?
– Comenzó porque lo tenía mamado de casa. Era difícil apuntarse a otra cosa que no fuera balonmano teniendo a mi padre tan involucrado con este deporte. Pero, además, también nació porque todas las chicas de nuestra generación jugábamos a lo mismo, hicimos un buen grupo, y pudimos disfrutar muchos años juntas, desde benjamines hasta juveniles.

– La importancia de que los amigos vayan en sintonía…
– Y más en un pueblo, en el que a una generación le gusta un deporte, y todos se apuntan para probar. A la mayoría de las amigas nos gustó el balonmano, y pasados los años seguimos juntas. Muchos de los recuerdos que más valoro del balonmano los tengo de aquellos años con mis amigas.

– ¿En qué momento vio claro que podía aspirar al balonmano profesional?
– No fue hasta que me llamó la Selección Española cuando pensé que quizá podía dar más, y mejorar de verdad. Cuando me llamaron del primer equipo de División de Honor me di cuenta de que ni siquiera me había planteado llegar tan arriba, pero era el momento y había que aprovechar la oportunidad. Era un tren al que había que subirse.

– Fue el momento de decírselo a los padres. ¿Qué le respondieron?
– Que mientras hubiera Matemáticas, todo iba a ir bien. Y lo llevé tan a rajatabla que, a la hora de moverme por los distintos equipos, tenía claro que debía continuar con la carrera de Matemáticas, y que en el club al que fuera, la ciudad debía tener una universidad para que pudiera seguir estudiando. He tenido la posibilidad de irme a otros equipos, pero cuando veía que no iba a tener la opción de seguir estudiando, ni me lo planteaba.

– Es de suponer que su caso no será de los habituales.
– Pues de un tiempo a esta parte, esto ha cambiado. Con la crisis, las jugadoras se han dado cuenta de que la profesionalidad ya no es la misma a la hora de la remuneración económica, y te tienes que buscar más la vida. Hay ahora mucha más gente estudiando que antes. Es cierto que hace algunos años, cuando en el alto nivel jugabas Liga y Champions, sí era ‘la rara’ del vestuario, porque creo que no había nadie que compaginara el balonmano de élite y la universidad más que yo. Pero como era lo que yo quería hacer, lo veía como algo normal. Cada una toma sus propias decisiones.

– ¿En qué temporada ha disfrutado más del balonmano?
– Jugando, en el conjunto del Atlético Guardés disfruté mucho. Dicen que un portero llega a su madurez deportiva a una edad más avanzada que el resto de jugadores. Así que, cuando ves que tus números son estables, que no paras un día mucho y otro día poco, sino que eres regular, disfrutas más. La Guarda me recordaba mucho a Nava de la Asunción, un pueblo pequeño, el pabellón lleno, la gente coreando tu nombre… pero también disfruté el año que ganamos la Liga en Elda, aunque no jugaba tanto como quería. El poder competir al lado de jugadoras buenísimas te hace ser mejor.

– Dicen que para ser portero hay que estar un poco loco, y en balonmano más, pero fuera de las pistas la mayoría no suele dar esa sensación.
– Lo último que me han dicho es que los porteros son los más listos de un equipo. Es cierto que debes tener un cierto punto de locura, pero también tienes que estudiar muchas cosas, porque no es sólo ponerte bajo el larguero, sino analizar al rival, ver cómo actúa… porque al más alto nivel ya no vale sólo con ser intuitivo. Hay mucha parte de estudio de lanzamiento detrás de cada portero, porque al final, los jugadores siempre tienden a hacer lo mismo en situaciones críticas, y eso es de lo que te puedes aprovechar. Si tú ves que un jugador repite mucho un tipo de lanzamiento, puedes anticiparte y ganarle la partida.

– ¿Cuándo decide dejar el balonmano de élite?
– En el último año jugando, trato de compaginar el seguir compitiendo con prepararme la oposición, pero veo que no lo consigo, porque para una sacar una oposición debes concentrarte mucho, pero cuando eres un profesional del balonmano te debes a quien te paga. Así que, cuando físicamente veo que mi cuerpo no me responde igual, que los entrenamientos no se corresponden a lo que yo puedo necesitar, tomo la decisión de poner un… punto y aparte, que creo que decir eso duele menos, en mi relación con el balonmano profesional.

– ¿Se echa de menos?
– Creía que no, porque el primer año me lo pasé estudiando la oposición, y cuando estás tan centrada en una cosa, no hay nada más. Pero ahora pienso que quizá, si pudiera arreglarme el hombro, podría volver a jugar. En realidad lo que echo de menos es competir, y quizá si lo hiciera en otro deporte podría calmar ese gusanillo igual.

– ¿Cómo lleva ser la hija del precursor del balonmano en Nava?
– Estoy segura de que si mi padre se hubiera dedicado a otro deporte, lo habría hecho con el mismo cariño con el que se ha dedicado al balonmano. Una de las cualidades que tiene es que, si hace algo, se implica con todo. Es evidente que ha tenido la ayuda de muchísima gente, pero también hay que estar ahí, aguantando muchas cosas. Ahora todo está bien, pero ha habido momentos en el que Quintín, y tantos otros, tenían que ir puerta por puerta pidiendo dinero para el club. Además, ha predicado siempre los valores del deporte, y la humildad, que para mí es lo más importante. Respetar siempre al que está jugando contigo, aunque seas muy superior. ¿Por qué vas a hacer flys si vas ganando de diez, cuando no los has hecho cuando ganabas de uno? Esas son las cosas que me hacen sentir orgullosa de mi padre.

– ¿Tiene alguna jugadora como referencia?
– Me he medido a jugadoras buenísimas y no podría quedarme con ninguna. He jugado ante noruegas que directamente no veías el balón, partidos de Copa de Europa que te daban en un lanzamiento y el balón se te quedaba pegado de la fuerza que llevaba y el ‘pega’ que traía… pero creo que a las jugadoras que más admiro es a aquellas con las que he tenido la suerte de entrenar, porque muchas veces no te das cuenta de la calidad que tienen algunas hasta que no bajas a la cancha, y ves lo que son capaces de hacer. En lo referente a porteras, al lado de Maru Sánchez he aprendido muchísimo, tanto como compañera como entrenadora.