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El fútbol, concebido primero como juego, después como deporte y por último como espectáculo, tiene una finalidad, que es la de meter el balón entre los tres palos de la portería contraria. Dicha esta obviedad, existen no pocas formas de conseguir el objetivo del gol, aunque hay partidos en los que uno no encuentra la manera de adivinar de qué forma pretende marcarlos uno de los dos equipos, o incluso ambos.

Vaya por delante que la Segoviana cumplió el pronóstico, y superó con claridad a un rival de menos calidad en sus jugadores, y acuciado por las numerosas bajas con las que afrontó el choque. Pero también es justo reseñar que durante más de una hora del partido que disputaron en el campo de La Albuera la Gimnástica y el Arlanzón Bupolsa, no hubo manera de entender cómo el equipo de casa quería marcar más de los dos tantos que ya había anotado sobre el marco burgalés, pretendiendo como pretendían los locales rizar el rizo en muchas de sus acciones dentro del área rival, ni evidentemente cómo iba a lograr el Bupolsa siquiera inquietar el marco de Cristian, que sustituyendo a Facundo tuvo bastante más trabajo que realizar con los pies que con las manos.

CON LA CABEZA EN EL JUEVES

El encuentro que el próximo jueves disputará la Segoviana frente a la Arandina condicionó el once inicial de Manu González, y lo que fue el partido en sí desde el minuto 21, cuando Asier remató a placer dentro del área un saque de esquina al que un defectuoso despeje había dejado el balón muerto dentro del área pequeña. Ese tanto, el segundo de la cuenta azulgrana, vino a decidir un partido que ya había encarrilado Mika, quien aprovechando otro balón suelto en el área, en el que la zaga del Bupolsa no fue ni mucho menos contundente, había rematado en escorzo a dos metros del guardameta Saúl, de largo el mejor de los suyos aunque cometiera errores de bulto tanto en sus envíos con el pie, como a la hora de imponerse en los balones aéreos.

Los de casa salieron a resolver el encuentro cuanto antes, como es menester en un equipo que quiere estar lo más alto posible de la tabla al finalizar la temporada regular. Rubén fue el primero en desatar las hostilidades sobre el marco de Saúl, con dos remates que fueron desviados por el portero del Bupolsa. Pero aunque el lateral izquierdo de la Segoviana era quien firmaba el cuadro, las mejores pinceladas se ofrecían por la banda derecha, donde Kike, Quino y Adri no dejaban de buscar y encontrar los espacios, con Mika imponiéndose a la pareja de centrales.

Sin embargo, con el 2-0 ya luciendo en el marcador, el número de ocasiones de gol de la Segoviana se fue espaciando cada vez más, con los azulgranas enredados en acciones cada vez más inverosímiles en el área burgalesa. Vaya en su descargo que el rival apenas lograba enlazar tres pases antes de ‘devolver’ la posesión a los de casa, y que la sensación era que llegar a tres cuartos de campo con el esférico controlado era casi coser y cantar, pero el descenso del rendimiento de los jugadores gimnásticos fue demasiado evidente. Desde el 2-0 sólo se pudieron contabilizar dos acciones de verdadero mérito en los locales, una vaselina de Quino que se marchó fuera por poco, y una jugada de tiralíneas del ataque azulgrana, con Mika regateando al portero visitante en el mano a mano… y dejándose el balón atrás cuando ya se cantaba el 3-0.

HASTA QUE LES DURÓ LA GASOLINA

Ya que la inferioridad técnica era evidente, el Bupolsa quiso dignificar su partido haciendo un encomiable derroche físico tras el descanso, intentando dificultar todo lo posible la creación del juego gimnástica, en busca de alguna contra, o algún balón parado que pudiera darle una opción de reducir las diferencias y poder meterse en el partido. De hecho la tuvo en botas de Martí ya en el tramo final del duelo, que remató desviado desde el área pequeña cuando el marcador aún señalaba el 2-0 para los locales.

Antes de esa acción, la Segoviana había bajado una marcha más en el partido, sabiendo que en cuanto apretara el acelerador iba a generar mucho peligro sobre la meta de Saúl. Así sucedió en el minuto 63, cuando en una triple ocasión gimnástica, Javi Marcos se encontró con el brazo de un defensor, y después con el palo; en la acción continuada Quino se topó con el meta de Bupolsa, y segundo más tarde un defensor sacó bajo los palos el remate de Ivi, que por entonces ya sumaba algún kilómetro buscando los desmarques después de haber sustituido a Mika, como poco antes lo había hecho Domingo con Manu.

Los goles de Mika y Asier aseguraron la victoria para un equipo azulgrana que pudo golear, pero que bajó demasiado el ritmo

Pero la realidad era que el partido se había convertido en un tedioso pasar de los minutos, con algún que otro sobresalto provocado por los errores gimnásticos en acciones sencillas de gestionar para jugadores con la calidad de los de Manu González, pero que no pasaban a mayores por la propia inocencia de los futbolistas del Bupolsa, que a un cuarto de hora para el final, tras el error de Martí en la acción más clara (y única) de los burgaleses, se vio con el depósito de gasolina en la reserva, recibiendo llegada tras llegada de sus rivales, que hubo un momento que ya no se sabía si no podían, o realmente no querían marcar, porque no había forma de que chutaran primero, y preguntaran después.

Quien no se lo pensó dos veces fue Elías, que aprovechó los veinte minutos que le dio Manu en el campo para marcar el 3-0, tras una gran combinación por la banda derecha, con un buen envío de Adri hacia el joven centrocampista azulgrana, que con la pierna izquierda colocó el esférico ajustado al palo, lejos del alcance de Saúl. A veces no hay nada como dejarse de tonterías en el área.

De esta manera la Segoviana certificó su victoria sobre el Bupolsa, a la espera de que la Arandina presente el próximo jueves (que lo hará) muchas más dificultades que el equipo de Jairo de la Riva. A la espera de la batalla del jueves, la Segoviana ganó un partido sin demasiado brillo.