Cobo recupera la memoria

Victoria en la etapa reina. Al igual que hiciera en Las Lagunas de Neila, el cántabro estrenó el palmarés del Fuji-Servetto en otra laguna, en la de Los Peces

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Ayer ganó el ciclismo por partida doble. Fue justo con Juan José Cobo. El corredor cántabro volvió a ganar -la última vez lo hizo en las Lagunas de Neila vestido de negro Scott- y dio la primera victoria al Fuji-Servetto, un equipo de nuevo cuño estigmatizado por su pasado y al que los grandes organizadores están ninguneando. Y, además, porque Contador demostró que este deporte tiene valores. El de Pinto hizo de gregario con trono y le quitó el aire a Leipheimer que ya es virtual ganador de la Vuelta a Castilla y León, si es que no lo era desde Palencia. Ser humano, enaltece y el poseedor de la triple corona (Giro, Tour y Vuelta) despejó dudas e hizo amigos.

La etapa tuvo mucho que contar. Incluso dos finales, como ya hemos apuntado. Algo que, por otra parte, es habitual en este deporte tan dado a repartir esfuerzos, aunque la mayoría de ellos sin premio. Es verdad que se asemejó mucho a la que ganó Valverde en San Isidro. De hecho, el pelotón salió de Santamaría del Páramo con prisa, como si llegara tarde a algún sitio. En esa situación Astana volvía a moverse con soltura o suficiencia, uno nunca sabe distinguir la frontera entre lo divino y lo natural. Dejó hacer a un grupo de diez unidades que se despegó del pelotón mediado el kilómetro 47. Entre los afortunados, porque muchas veces ‘pillar’ la buena es como que te toque el Euromillón, estaba Juanma Gárate (Rabobank) que hizo encender las alarmas al conjunto del líder. ¿Por qué? Pues no se sabe muy bien si el irundarra podía estar ahí por casualidad o por estrategia. Para evitar lo segundo (Menchov era quinto a 55 segundos), el Astana puso un ritmo ‘cuartelero’ en El Peñón que acabó asfixiando por arriba y por abajo. A la cima de este puerto, un descubrimiento para el campo profesional (en amateur es un habitual de la Vuelta a Zamora), llegaron una decena de hombres, con Contador y Leipheimer como compañeros inseparables.

En la bajada se plantearon dos guerras. La de la etapa y la de la agonía. A la primera jugaron cinco corredores: Tondo (Andalucía), Fran Pérez (Caisse D’Epargne), Bernabéu (Barbot), Sevilla (Rock Racing) y Azanza (Euskaltel). En la segunda entraron todos aquellos a los que El Peñón les había dejado casi sin aire, el vencedor de la etapa entre ellos. La escapada hizo camino por delante, aunque Astana, que volvió a replegarse, la controló en todo momento.

La carrera entraba en su fase decisiva y Tondo arriesgó. Iba un punto por encima de sus compañeros de viaje. Durante casi toda la subida mantuvo un bonito duelo con Astana en general y con Contador en particular. Zabriskie fue el único de los que estaban involucrados en la lucha por la general que lo probó, pero el madrileño no se puso nervioso y a su ritmo acabó cogiendo al corredor del Garmin que por lo menos tuvo la valentía de intentarlo.

Alberto Contador no quiso hacer enemigos y levantó un poco el pie. Javi Moreno (tiene un futuro impresionante el andaluz) buscó la rueda del discípulo de Matxin, pero sus piernas no le respondieron. Menchov probó y ahí si salió el de Pinto que parecía que ayer iba en tandem como Leipheimer soldado a su rueda.

Pero ya era demasiado tarde. Juan José Cobo ya soñaba en la línea de meta… con un ciclismo sin rencor.