Ciclismo contra tiempo… y abejas

La contrarreloj de Valverde dio inicio a la segunda prueba de la Copa del Mundo

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Un cronómetro es, posiblemente, el mejor instrumento para parar el tiempo; o al menos es el único capaz de lograrlo de una manera alejada de las películas de ciencia ficción. Sin embargo, en tardes como la de ayer en Valverde del Majano, ni siquiera los relojes por doquier, marcando un tiempo y otro y otro de hasta 330 ciclistas, pueden con el paso de los segundos. Y mucho menos de los años.

Y es que en menos de un lustro, la transformación que ha experimentado un campeonato en el que sólo corrían tándems para ciegos, ha sido espectacular. Y la palabra es esa, porque pasarse por Valverde en la tarde de ayer y ver cómo lucía la plaza, era un espectáculo. Tal es así, que Rafael Casado, alcalde de la localidad, no dudó un segundo en ocupar su asiento entre las sillas dispuestas frente al podio y se sentó a observar cómo los ciclistas de las diferentes categorías aguardaban su turno frente al cajón de salida, dispuestos a convertirse en campeones del mundo de ciclismo paralímpico.

Copa del Mundo; con todas las letras. Y por segundo año consecutivo. En eso se ha visto traducida la ambición de los miembros de la Unión Ciclista Cantimpalos, cuya cara visible es José Aurelio Sánchez, quien ayer se paseaba por toda la infraestructura del campeonato procurando que a nadie le faltase de nada. Y no sólo él, también las decenas de personas y voluntarios de la Organización que se distribuían el trabajo.

Entre tanto, los 330 ciclistas de 35 países diferentes ocupaban su espera al reloj de diferentes maneras; en los ‘boxes’, unos probaban pedales, otros ruedas sobre bicicletas estáticas, y otros recibían masajes de los fisioterapeutas. Fuera de Valverde, algunos hacían rodar las bicicletas en los alrededores.

En la sombra, un acompañante leía a Marc Levy, ‘El primer día’; inmejorable título para la primera jornada de la segunda prueba de esta Copa del Mundo que se está celebrando en Segovia, y mientras tanto, en otro extremo, el hermano de un ciclista español se interesaba por su posición en la contrarreloj. En alemán, una mujer deseaba a otro familiar sobre una bicicleta de manos un “machts gut!” (¡Que te salga bien!) que sonaba hasta dulce con el poderío de Vicente Arzo delante, y varios ciclistas británicos comentaban la prueba ya realizada. Un acento italiano se acercaba a la carpa española y preguntaba, “¿Dónde está el campeón?”.

Y el campeón, o los campeones, estaban repartidos. Los hubo de todos los países; unos esperados como los catalanes David Blanco y Jaume Morales en tándem masculino, y otros menos. Entre los españoles, destacó también la victoria de Roberto Alcaide en C4.

Aunque ayer, si alguien se llevó un buen premio, ese fue el murciano Antonio Hernández, dorsal 150 en C5. Eran las 15:30 y el ciclista acababa de pasar la línea de meta cuando, casi volando sobre la bicicleta, chocó contra las vallas en la primera curva. “Se me ha metido una abeja entre el ojo y el casco, y como estaba llegando al final, he procurado no tocarme mucho, pero una vez que he pasado, me la he intentado quitar y no he visto la curva”, contaba, mientras el médico le observaba y curaba las heridas “con un remedio indio”; no había sido nada… o lo había sido todo habiendo visto y, sobre todo, escuchado el golpe. El suyo sí que había sido un pulso a la parada del tiempo.