IPCE. Archivo Otto Wunderlich. Acueducto desde abajo. 1926. WUN-06963.
IPCE. Archivo Otto Wunderlich. Acueducto desde abajo. 1926. WUN-06963.
Publicidad

En estos días en los que, por desgracia, el Acueducto está sufriendo tristes acontecimientos consideraba importante el tratamiento de un aspecto sobre vocabulario segoviano que indisolublemente está ligado a él.

Situado en el lado occidental del Acueducto, mellizo de la plaza dedicada a la Artillería, el Azoguejo es la zona emblemática del arrabal de la Segovia extramuros. Lugar de encuentro perfilado desde el tiempo de los romanos… este sitio ha sido desde punto de mercado hasta puerta principal de las visitas turísticas por la ciudad vieja en tiempo reciente.

Su nombre posiblemente surja como diminutivo de “azogue”. Esta palabra, proveniente del árabe, significa “plaza de algún pueblo, donde se tiene el trato y comercio público”. Azoguejo, su diminutivo. Hasta aquí aparentemente todo concuerda. Ahora bien; cuando llevas algunas horas habladas con colaboradores/informantes de distintos pueblos de la provincia, se comentan distintas anécdotas o acontecimientos. Algunas de ellas tuvieron lugar en el “Arzobejo”. A priori, se puede pensar que es fruto de una incorrección lingüística local. Pero la verdad es que el uso bastante extendido de la palabra a lo largo de la historia va más allá de convencionalismos y de un presunto mal uso. De ahí, este breve homenaje a todos aquellos que siguen utilizando entre sus palabras esta para denominar a ese lugar físico y de la memoria social donde Segovia (tanto la capitalina como la rural) se ve así misma con mayúsculas.

Comienzo esta breve aportación en el siglo XVI. Santa Teresa de Ávila, durante su estancia en Segovia en 1574, escribe una carta en la que menciona la posibilidad de compra de una casa para establecer su comunidad en las cercanías del “Azovejo”. El dramaturgo novohispano Juan Ruíz de Alarcón (1580 ó 1581-1639) sitúa en el “Alzobejo” la pequeña industria artesana de Pedro Alonso el Viejo, protagonista de su obra El Tejedor de Segovia.

El padre Pedro José García Balboa (1965-1772), fray Martín Sarmiento, dirige una carta al duque de Medina Sidonia una carta sobre la voz “Azovejo” de Segovia con fecha 16 de junio de 1768. Las Actas y Memorias de la Real Sociedad Económica de Amigos del País, recogidas en el año 1785, utilizan la palabra “Azobejo” para referirse a la misma zona. El economista y viajero natural de Zaragoza Eugenio Larruga (1747-1803), en sus Memorias Políticas y Económicas sobre la provincia de Segovia, de 1791, describe el “Arzobejo”. Junto con la Plaza Mayor y la plazuela de Santa Eulalia, la plaza del acueducto es el tercer lugar señalado para alojar el mercado de abastos de la ciudad. Años después, el Diccionario Geográfico de Antonio Vegas (1795) nombra al lugar como “Azobejo”, destacando que en ese punto el Acueducto adquiere su máxima altura (según las mediciones de la época, 102 pies). Distintas enciclopedias británicas posiblemente tomaron como fuente a Vegas y dan una dimensión internacional a la presunta incorrección.

Un viajante escribe a principios del siglo XIX en el Diario de Madrid que en el “Azobejo” segoviano encontró velones de mechero construidos por Louis Proust, el que fuera catedrático de Química en la Academia de Artillería. En 1813, la memoria patriótica El héroe y las heroínas de Montellano sitúa una de las viviendas en las que se desarrolla la trama en el “azovejo” de Segovia. Un maestro de primeras letras, Pedro Martín, estableció en 1833 una escuela gratuita para ambos sexos en el “Arzovejo”. Manuel de Cuendías y Víctor de Féreal (pseudónimo de Madame de Suberwick) recogen en su diario de viaje L’Espagne pittoresque, artistique et monumentale: moeurs, usages et costumes (1847) la fama de los “mesones del Azobejo de Segovia”. En 1867, el dramaturgo Leandro Fernández de Moratín señala que las mozas del “Azovejo” cristianizan a un Hércules haciéndole pasar por San Sebastián.

En el siglo XX, el uso queda acreditado no solo en la tradición oral. En 1928, la revista costumbrista Estampa dedica un artículo en el que toma la parte por el todo para denominar a Segovia como la “ciudad del Azoguejo”. El texto, firmado por Ignacio Carral, recoge el uso de la palabra “Arzobejo” por las gentes sencillas que acudían a comprar géneros o a vender sus mercaderías. El escritor segoviano también lo establece como lugar propio de la picaresca, de igual modo que lo hiciera Cervantes en el capítulo tercero de la primera parte del Quijote. Por último, una noticia publicada en el diario ABC con fecha 24 de enero de 1940 indica que en la exposición del pintor Carlos Lezcano había un cuadro en el que estaba plasmado “el otoño al pie del Arzobejo segoviano”.

Toda esta concatenación parcial de datos demuestra un uso secular de la palabra que llega a la actualidad gracias a la memoria popular. También invita a tomar con precaución juicios de valor sobre una utilización que, al menos desde el Siglo de Oro, se puede documentar científicamente. Además, esta justificación sirve de respaldo a las denominaciones tan asentadas entre el pueblo segoviano nada merecedoras de escarnio, mofa… e incluso de una corrección excesiva. Arzobejo, Alzobejo… o Azoguejo sirven para denominar al centro neurálgico de Segovia con la misma significación y similar valía.


(*) Etnomusicólogo y Becado por el IGH en el 2015.