Vaquero Palacios, el artista de los mil paisajes

“Domingos de Patrimonio” permite visitar la casa que el pintor, arquitecto y escultor, utilizó como estudio y exposición de su obra

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Dicen quienes conocieron a Joaquín Vaquero Palacios (Oviedo, 1900- Madrid, 1998) que su capacidad de trabajo era infinita. En su habitación, junto a su cama, siempre tenía sus pinceles y un ‘caballete’. Solo de esta manera pudo pintar aquellos tres cuadros en una misma noche. Una fuerte tormenta le habia empujado al insomnio. Su imaginación fue espoleada por el estímulo acústico de los truenos; y por la mañana, tres cuadros reflejaron sus visiones sobre los campos de Segovia asediados por una tormenta infernal.

Vaquero Palacios era lo que hoy se entiende como un hombre del Renacimiento. Era arquitecto, pintor y escultor y a estas disciplinas se dedicó con entusiasmo. Su carácter sobrio y tranquilo, escondía una mente inquieta, que le llevó a no abandonar los pinceles hasta poco antes de su fallecimiento, a la edad de 98 años. Como prueba, la fotografía del artista, trabajando en una obra, con 89 años, en la que fue su estudio de trabajo, también de su hijo, Joaquín Vaquero Turcios (Madrid, 1933-Santander, 2010—, en su casa de la calle Velarde.

Por impulso de la empresa municipal de Turismo y en el marco de su actividad “Domingos de Patrimonio”, la familia Vaquero, de la mano del historiador del arte y profesor de la Universidad de Valladolid (UVa), Francisco Egaña Casariego, profundo conocedor de la vida y obra de Vaquero Palacios, abrió ayer las puertas a una visita guiada a la Casa-Museo de la estirpe de artistas. Y en ella participó, en calidad de anfitrión, Juan Vaquero, nieto del artista e hijo de Vaquero Turcios, quien, con humildad, admitía ante sus invitados la magnífica obra pictórica de la estirpe de los Vaquero y la belleza del edificio de la calle Velarde, con trazas del siglo XII, enmarcado en el antiguo barrio de las Canonjías, con unas vistas del valle del Eresma que son, simplemente, espectaculares.

La familia abre al público en contadas ocasiones el inmueble de la calle Velarde, que restauró el propio Vaquero Palacios. En la casa se custodian obras pictóricas de todas las etapas del artista, que estuvo vinculado más de tres cuartos de siglo con la ciudad y su paisaje, con los que se sentía profundamente identificado, pese a sus profundas raíces asturianas. No en vano, Egaña, autor de un libro sobre la obra de Vaquero Palacios, recordó ayer que el artista llegó a declarar, en más de una ocasión, que después de recorrer medio mundo, había llegado al convencimiento de que el paisaje castellano era el que más le llegaba al alma. Por citar un ejemplo, en el Broklyn Museum se expone un cuadro de Vaquero Palacios.

Desde principios de la década de los años 20, Vaquero Palacios frecuenta la ciudad de Segovia. Su hermano era alumno de la Academia de Artillería y el estudia arquitectura en Madrid, aunque ya tiene una profunda vocación pictórica, según explica Egaña. Segovia era lugar apropiado para escaparse los fines de semana, estar con su hermano y pintar una ciudad con unos paisajes extraordinarios. Y, entre ellos, la vista desdel paraje del Pinarillo, con la torre de la Catedral amarilla, dominando el caserío multicolor de la Judería. También fueron motivo de sus obras los campos dorados de los alrededores de la ciudad y, en alguna ocasión, el colosal Acueducto.

En 1928, Vaquero Palacios contrae matrimonio con Rosa Turcios Darío, sobrina carnal del poeta Ruben Darío, que conduce en buena medida su vida hacia América. En los años 40 el artista alterna el continente americano y España y su pintura plasma desde los paisajes volcánicos de Centroamérica hasta las selvas y tierras secas de Castilla. Es en esos momentos cuando pasa muchos veranos en Segovia por su amistad con el Marqués de Lozoya.

Y es entonces cuando Vaquero Palacios deja su impronta en Segovia, iniciando su intervención sobre el patrimonio artístico y monumental de la ciudad. En 1949 dirige la restauración del Palacio del Marqués de Quintanar, una actuación que tenía como destino albergar los Cursos de Verano para Extranjeros y la Residencia de Pintores Pensionados.

También acometerá otra serie de obras de restauración arquitectónica, como la del Torreón de Lozoya, conviertiéndolo en residencia de ilustres invitados y adaptándolo a sala de exposiciones de Caja Segovia.