Up in the air, de Jason Reitman

Las gentes del cine suelen utilizar estas fechas de principios de año para hacer balance y recuento de la temporada. Es el momento de adjudicar recompensas y menciones de méritos, de entregar los premios que reconocen, en su particular parecer, lo mejor del pasado año. No deja de ser, por otra parte, una hábil operación autopropagandística y de índole comercial para tratar de redondear los beneficios de taquilla.

Pero para el buen aficionado es el momento oportuno de ver un cine de mayor calidad, por cuanto es ahora cuando se acostumbra a estrenar esas películas merecedoras de las nominaciones a los premios más importantes de la industria cinematográfica. Es ahora cuando las producciones más comerciales ceden algo de sitio en la cartelera a películas más complejas e interesantes, las que van destinadas a un público adulto o más formado, las que rehuyen el espectáculo para indagar en temas más serios.

Y así es ahora cuando se estrena “Up in the air”, tratando de rentabilizar esas seis nominaciones a los Globos de Oro, de las que ha salido con un único premio, el de mejor guión adaptado. De cualquier modo, es suficiente para abrirle las puertas a los inminentes Oscar. La carrera continúa.

“Up in the air” no decubre a su realizador, Jason Reitman, por cuanto ya tuvo su primera dosis de reconocimiento en su debut, “Gracias por fumar” (2006), y posteriormente con “Juno” (2007), que compitió hasta última hora por estos mismos premios hace dos años, siendo una pequeña producción peleando contra los gigantes de esta industria.

Afortunadamente, esta vez Reitman contaba con una figura de lujo, George Clooney, un protagonista con tirón mediático que le garantizaba un lanzamiento digno al mercado. El problema es que encarna un personaje objetivamente odioso, que debería ser el malo de la función, pero que, gracias a su personal encanto, supera todas las contrariedades de su desagradable profesión: se pasa la vida volando de aeropuerto en aeropuerto, allí donde le lleva el cumplimiento de su misión de despedir a la gente de sus empleos.

El tema, evidentemente, no parece muy atractivo ¿a quién le apetece ver en pantalla ese tipo de penalidades? Sin embargo, Jason Reitman vuelve a entregarnos una buena película, de carácter tragicómico, porque, como sucede en la vida real, entre pena y pena siempre hay momentos para la alegría y el bienestar y en esta película, de apariencia tan triste, también hay momentos para la comedia.

Y es que el punto fuerte de “Up in the air” es el excelente guión, con un ritmo endiablado en su primera hora, con un buen control de situaciones delicadas, con unos personajes sólidamente construidos y, especialmente, con unos diálogos soberbios, sutiles e incisivos, de los que a menudo hacen las delicias del buen entendedor. Lástima que, al final, la historia se desvirtúe un poco, que se ablande buscando quizás un desenlace capaz de atraer a un público más amplio y acomodaticio, más políticamente correcto.

En fin, “Up in the air” es una película aconsejable, bastante más llevadera de lo que su sinopsis indica. Reitman sigue madurando como cineasta y su sentido crítico es aún más agudo, por eso su cine contrasta tanto con las habituales producciones americanas. Él todavía apela a la inteligencia de sus espectadores e incluso acierta a proporcionarles algunas secuencias capaces de conmoverlos por dentro, mientras por fuera les hace reír. Eso, indudablemente, tiene su mérito.

FuenteAndrés P. Llorente 
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