Una mirada hacia el pasado

La obra del fotógrafo y cineasta Carlos Saura reúne a una quincena de niños para realizar un taller de fotografía sobre los años 50

La antigua Cárcel de Segovia acoge la serie fotográfica de Carlos Saura ‘Pueblos y gentes’ de los años 50, una de las 94 exposiciones que PHotoEspaña exhibe en el conocido edificio segoviano, todas ellas centradas en la fotografía europea. Con motivo de la obra de Saura, la Concejalía de Cultura convocó un Laboratorio de Creatividad Ciudadana para niños que no pasaban los 12 años de edad.

La ocasión perfecta para que padres que dejaran a sus hijos en una sala llena de sillas y objetos antiguos, con el único propósito de que no revoloteen por casa. O quizá preocupados por la propia diversión de los niños durante el verano. La verdad era que sólo una de las quince sillas que ocupaban la sala estaba vacía.

Ninguno de los niños se conocía entre sí. Se miraban extrañados y apenas sabían qué hacer ahí ni por qué. Todos ellos vestidos como si de la España de los años 50 se tratase, a petición de la organización. No hay nada mejor que recrear la época para sentirla de lleno.

Cuando la organizadora paseaba entre los objetos de la sala, todos dirigían sus ojos a cada pieza, intentando adivinar qué era cada cosa. Un reloj de bolsillo, una tabla de madera para lavar la ropa o una tornadera… eran cosas que no habían visto en su vida.

Algunos más intrépidos que otros parecían tener ganas de demostrar sus conocimientos, y es que algo que no se tiene en cuenta es que los niños son más listos de lo que se piensa, y adivinaron cada vez más objetos. Pero sin duda, muchos de los objetos sacaban a relucir la inocencia en sus ojos. Ansiosos, tocaban los objetos, los sostenían entre sus manos para intentar calcular su peso, teniendo un primer contacto con el pasado.

Se empezaban a dar cuenta de que niños y niñas, hombres y mujeres tenían diferentes funciones en el pasado: rezar, trabajar, coser, hacer la comida o ir a recoger agua, y el sexismo comenzó a tomar forma eventualmente durante la sesión.

Tras conocer todos los objetos, se dispusieron a entrar en la cárcel propiamente dicha, un lugar desconocido e inhóspito para todos. Entre barrotes y celdas descubrieron las fotos de Saura con sus gentes y sus pueblos.

Para acabar se pusieron el traje de modelos y fotógrafos para representar las escenas que habían visto momentos antes.

Pudieron sentirse Carlos Saura por un día, pero hicieron algo mucho más importante: echaron la vista atrás, hacia un pasado completamente desconocido para ellos. Una bonita iniciativa para que las nuevas generaciones se sientan identificados con la historia, con su historia.

FuenteEsther García 
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