Una historia familiar con final agridulce

Los empeños de una segoviana y una alicantina logran reunir a hermanos después de unos 40 años sin contacto y separados

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El apellido López es uno de los más frecuentes en las sociedad española. Lo llevan más de 800.00 personas en todo el país. Pero pocas familias tienen la historia de Dolores López Pérez, quien, a sus 75 años, ha conseguido reunirse con sus hermanos, de los que se separó cuando tenía diez años.

Para lograr este reencuentro han intervenido la nuera de Dolores, la segoviana Brigi Herrero, y una mujer alicantina, Berta Carrillo, que escuchó a la primera y luchó por ayudarla para alcanzar juntas su objetivo.

Dolores López nació en Pilar de la Horadada en tiempos de la República. A los cinco meses se quedó huérfana de madre, con lo que comenzó ya la pérdida de sus seres queridos más próximos. Su padre contrajo nuevas nupcias y nacieron sus dos hermanastros: Eleuterio y José López Martínez. Era una familia tan humilde que los pequeños no pudieron aprender a leer ni a escribir. Tras pasar por una casa de acogida, Lola se marchó a trabajar a Madrid como sirvienta con una familia que tenía una finca en la provincia de Segovia, en Duratón, donde llegó luego para trabajar en este pequeño pueblo del Nordeste segoviano. Aquí conoció a su marido, Pablo del Barrio. Ambos tuvieron dos hijos: Pablo y Miguel.

A Brigi, la nuera segoviana de la ya anciana Dolores, le conmovió tanto el hecho de que su suegra no supiera nada de sus hermanastros, que se empeñó en rehacer su historia y tratar de juntarlos. Y no resultó fácil. Tuvo que hacer muchos esfuerzos y dedicr mucho tiempo para telefonear a viviendas de desconocidos, a ayuntamientos, enfrentarse a la incomprensión, a la incredulidad y a la insensibilidad de vecinos… hasta que en un pueblo situado a más de 40 kilómetros de donde habían nacido Dolores y sus hermanos, alguien la escuchó. “Nunca agradeceré lo que me ayudó Berta Carrillo, que se tomó la molestia en atenderme, cuando todo el mundo pasaba de mí”, recuerda Brigi Herrero.

Entre ambas, la mujer alicantina, y Brigi, la nuera de la anciana y huérfana Dolores, prepararon una visita al pueblo natal de Dolores, para que ésta pudiera conocer a sus hermanos, y sin que ella lo supera. El encuentro fue una auténtica sorpresa, pues la esperaban sus familiares, incluidos sus sobrinos. A la recepción se sumaron numerosos vecinos que se habían enterado del hallazgo; también los allegados a la mujer alicantina que se brindó a ayudar a la familia López; y otras gentes de la comarca. “Fue emocionante”, recuerdan.

Tan sólo había una ausencia: el mayor de los dos hermanos de Dolores, Eleuterio, había fallecido nueve meses antes, y también su hijo.

De haberse producido este encuentro familiar con más antelación posiblemente habría estado completa la unidad familiar que existió, brevemente, hace décadas. Aún así la alegría fue inmensa. Y a todos les habría gustado compartirla en familia estas navidades, pero no resultó posible.

Y es que la vida es un camino tan tortuoso que sólo debe retrocederse en él para tomar el impulso que ayude a continuar avanzando.