Néstor F. Marqués, junto a la réplica de plástico de la Virgen del Acueducto. / E. A.
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Hacer una réplica de la Virgen del Acueducto es posible gracias a unos treinta millones pero no de euros sino de pequeños polígonos; de hecho, la tecnología aplicada en este caso por el arqueólogo segoviano Néstor F. Marqués ha permitido que el coste de la copia exacta de la imagen que hasta marzo y durante cinco siglos ha presidido la plaza del Azoguejo desde su hornacina del monumento romano, a más de veinte metros de altura, es relativamente barato comparado con las alternativas existentes hasta hace apenas pocos años.

La escultura original de la Virgen del Acueducto, con más de 1.000 kilos de peso y 1,60 metros de altura, se encuentra todavía en el taller de Graziano Panzieri, de la empresa RestauroGrama Hispania, S.A., con sede también en Segovia, aunque prácticamente se pueden dar por finalizados los trabajos de limpieza y consolidación que precisaba.

La talla fue descendida con una grúa de gran tonelaje el pasado mes de marzo, tras una operación calificada de “compleja y delicada” por los responsables municipales, ya que la iniciativa ha partido del Ayuntamiento de Segovia —el Acueducto es propiedad de la ciudad—, aunque la Real Casa de Moneda y Timbre de Madrid corre a cargo con los gastos de restauración y de elaboración de la réplica de la Virgen.

Además, esa operación coincidió exactamente con el 499º aniversario de su instalación en un nicho u hornacina preexistente del monumento romano.

En este sentido, el historiador Diego de Colmenares, en su ‘Historia de la insigne Ciudad de Segovia y compendio de las historias de Castilla’, informa de que “por esos mismo días, el 21 de marzo (de 1520), fiesta de San Benito, un devoto ciudadano nuestro, nombrado Antonio de la Jardina, ensayador de la casa de la moneda, puso a su costa la imagen de piedra de Nuestra Señora, en el hueco o nicho de la puente que mira al mediodía; y la de San Sebastián en el nicho que mira al norte: acción religiosa que merece esta memoria. Desto se prueba que ya faltaban de allí las estatuas para que se hicieron los nichos; o fuesen de Hércules, como dicen memorias antiguas, o de otros».

Fotogrametría

Marqués es uno de los principales expertos españoles, e incluso internacionales, en la aplicación de tecnologías de fotogrametría y 3D (tres dimensiones) al patrimonio cultural. En marzo se subió al andamio que se instaló junto al Acueducto para llevar a cabo trabajos de fotogrametría de la imagen en su posición inicial dentro de la hornacina pero también del espacio vacío, para dejar constancia documental, fundamental tanto para investigaciones sobre ese punto del monumento, como para hacer la réplica que se colocará en ese mismo lugar.

Explica que hasta hace ocho años estas técnicas eran relativamente desconocidas pero que en los últimos tres o cuatro años su desarrollo ha sido tal que ya puede considerarse una tecnología madura que está sustituyendo, y además con mejores resultados en cuanto a la precisión, a otras mucho más costosas como las aplicaciones con escáner láser de gran precisión para intervenciones patrimoniales.

La fotogrametría permite definir con gran precisión la forma, dimensiones y posición en el espacio de un objeto. Cuenta Marqués que en este caso se ha partido de entre 200 y 250 fotografías de la imagen original realizadas desde todos los ángulos posibles para generar campos geométricos en 3D que posteriormente se triangulan en un ordenador. Este arqueólogo lo compara “con un nube de puntos espaciales para generar la superficie del objeto, en este caso la talla de la Virgen, a través de un proceso por el que se mallan polígonos muy pequeños, con una resolución por debajo del milímetro.

De esta manera, con treinta millones de diminutos polígonos se ha conseguido una réplica virtual “perfecta”, un modelo en tres dimensiones que en la pantalla del ordenador puede observarse al detalle, teniendo en cuenta que reproduce las texturas y los colores de la pieza original tal y como estaba en marzo de 2019, antes de los trabajos de limpieza y consolidación.

Comenta el experto que se trata de técnicas “heredadas” del videojuego, de la realidad virtual, “adaptadas para los que trabajamos en patrimonio”.

Réplica de plástico

El segundo proceso ha sido fabricar una réplica de plástico, de apenas unos seis kilos de peso, “con toda precisión”, para lo cual ha sido necesario imprimirla por piezas, 50 en total, en diez impresoras 3D, lo que ha permitido acelerar el proceso. Aun así Marqués calcula que han sido más de mil horas de impresión, necesarias “para no perder calidad”.

Se trata de impresión 3D con inyección de polímeros o plástico a través de un filamento y una boquilla caliente, en torno a los 200 grados centígrados, de manera que funde el plástico construyendo con él capas muy finas sobrepuestas para recrear la pieza. Aunque técnicamente la definición no es del todo correcta, es como un robot que va construye objetos.

Al final, las cincuenta piezas se han ensamblado dando como resultado una Virgen del Acueducto muy ligera que no puede utilizarse para ocupar la hornacina donde estaba la original pero sí puede tener aplicaciones en el ámbito de la divulgación cultural y el turismo y especialmente para acercar el patrimonio a las personas ciegas, ya que pueden tocarla y conocer su forma, pliegues, detalles…

Marqués desconoce qué destino dará el Gobierno municipal a esta réplica de plástico pero considera que “sería muy buena idea que esté a disposición de los ciudadanos en el Centro de Recepción de Visitantes o en un futuro Centro de Interpretación del Acueducto”.

Su utilidad más inmediata ha sido la de hacer un molde de silicona preservando así la imagen original, que podría sufrir daños con el uso de desmoldeantes, etc.

El molde está ya en manos de Graziano Panzieri quien, además de procurar los tratamientos necesarios a la imagen original de la Virgen del Acueducto, es quien elabora la réplica que la sustituirá en el monumento y que con un peso sensiblemente inferior —se estima que entre 60 y 80 kilos— estará hecha básicamente de resinas epoxídicas (que permiten su combinación con muchos otros materiales) de alta resistencia mezcladas con áridos para la capa externa, la más visible, que tendrá entre cinco y seis centímetros de espesor. La talla del siglo XVI formará parte del museo de la Casa de la Moneda.