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José Carlos Martín de la Hoz Vicepostulador de la Causa de Canonización de Guadalupe Ortiz de Landáruzi, visitó Segovia el pasado sábado, donde mantuvo una charla-coloquio a la que asistieron más de 100 personas, en el salón de actos de la Residencia Juvenil Emperador Teodosio.  En su charla, expuso la vida y la obra de esta madrileña nacida el 12 de diciembre de 1916, y que vivió sus primeros años en Segovia, donde su padre estaba destinado en la Academia de Artillería.

En 1933 se matriculó en la carrera de Ciencias Químicas en la Universidad Central, siendo una de las cinco mujeres de una clase de setenta.  Durante la Guerra Civil Española, su padre fue hecho prisionero y, finalmente, condenado a ser fusilado. Guadalupe, que tenía entonces 20 años, pudo despedirse de él horas antes de su muerte y darle serenidad en esos duros momentos.

A principios de 1944 conoció al Fundador del Opus Dei. Ese encuentro fue el descubrimiento de la llamada de Jesucristo a amarlo sobre todas las cosas a través del trabajo profesional y de la vida ordinaria: ese era el mensaje que Dios quería recordar a los hombres sirviéndose del Opus Dei.

En 1950, por invitación de san Josemaría Escrivá, fue a México para llevar el mensaje del Opus Dei a esas tierras. Allí puso en marcha una residencia universitaria. Fomentaba en las residentes que tomaran en serio su estudio y abría horizontes de servicio a la Iglesia y a la sociedad. Durante los años que estuvo en México fue una de las impulsoras de Montefalco, una ex hacienda colonial que entonces estaba en ruinas y que hoy es sede de un centro de convenciones y de dos instituciones educativas: el Colegio Montefalco y la escuela rural El Peñón.

En 1956 se trasladó a Roma para colaborar más directamente con san Josemaría en el gobierno del Opus Dei. En ese año se desatan los primeros síntomas de una afección cardíaca y debe ser operada en Madrid. A pesar de la buena recuperación, su cardiopatía se hace más grave y debe regresar definitivamente a España. Retoma la actividad académica y empieza una investigación sobre refractarios aislantes en el CSIC, trabajo con el que ganó el premio Juan de la Cierva y concluyó en una tesis doctoral.

A partir de 1968 participa en la planificación y puesta en marcha del Centro de Estudios e Investigación de Ciencias Domésticas (CEICID), del que será subdirectora y profesora de Química de textiles. Quienes coincidieron con ella recuerdan que era más comprensiva que exigente con las personas. Tenía muchas amistades, a las que dedicaba tiempo y sus mejores energías.

A pesar de su enfermedad cardíaca, Guadalupe no se quejaba y procuraba que no se notase el cansancio que le producía caminar, subir escaleras, etc. Se esforzaba por escuchar con interés a los demás y quería pasar inadvertida, buscando centrar la conversación en los otros.