Una estadística del Marqués de la Ensenada, en el Archivo Histórico

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El Archivo Histórico de la Junta de Castilla y León en Segovia expone hasta el 9 de abril una parte de este documento que valoraba la riqueza que afectaba a todas las clases sociales de la época. Este fragmento permitió que se hicieran estudios estadísticos que se configuraron como el primer intento en España de sistematizar los datos obtenidos mediante encuestas entre la población.

El primer intento en España de sistematización de datos se proclama este mes como el ‘Tesoro oculto’ del Archivo Histórico Provincial de Segovia. El centro dependiente de la Junta de Castilla y León ha seleccionado los estudios estadísticos elaborados a partir del Catastro del Marqués de la Ensenada, un documento -o mapas, como lo denominan en la época- del siglo XVIII que pretendían hacer una valoración de la riqueza que afectaba a todas las clases sociales de la época.

El Marqués de la Ensenada presentó el proyecto del Catastro al Rey Fernando VI en 1748, y a partir de ese momento intendentes provinciales de Hacienda y escribanos comenzaron a recoger datos relativos a la riqueza de cada ciudad, villa, pueblo, lugar aldea… elaborando censos de población, descripciones de cada término y un libro con las relaciones de vecinos laicos, sus bienes y beneficios obtenidos de los mismos. Además, también se elaboró un segundo libro con la relación de instituciones y eclesiásticos, el libro del clero, con la descripción de todos los bienes y medios de producción con los que contaba la Iglesia.

Aunque la labor fue ingente nunca sirvió para establecer un nuevo sistema fiscal castellano, pero sí permitió la elaboración de estudios estadísticos que se configuraron como el primer intento en España de sistematizar datos obtenidos mediante encuestas a la población. El resultado; los llamados ‘mapas de estado’ que recogen los datos relativos a cada pueblo y a cada intendencia.

Los mapas de estado se conservan en el Archivo General de Simancas en la Dirección General de Rentas para casi toda la Corona de Castilla. En el caso segoviano, existe un ejemplar conservado en el Archivo Histórico Provincial que ingresaron en 1985 procedente de la Delegación Provincial de Hacienda.

Estos documentos poseen un gran valor histórico, ya que reflejan una imagen de la sociedad de la provincia de Segovia, en general, y de cada uno de sus pueblos, en particular, hace dos siglos y medio y que, además, sirvió para valorar la riqueza hasta el siglo XIX.
Los mapas o estadísticas del Catastro se llevaron a cabo en dos fases. La primera de ellas recogía una estadística en cada pueblo, y este documento aparecía al principio de las libros de vecinos, del libro eclesiástico y del censo de Ensenada a modo de resumen y siempre siguiendo el mismo patrón. En la segunda fase, ya en la Intendencia Provincial, se realizaron cuadros generales elaborando datos para toda la provincia y se informa de la situación general de un territorio concreto mucho más amplio.

Por otro lado, la ordenación de los datos describe la organización territorial de la provincia de Segovia en 1752, y cada mapa sigue el orden de los 32 sexmos, partidos y ochavos en los que estaba dividida. Estas divisiones establecían categorías en las que los más importantes eran los partidos y los sexmos, por delante de los ochavos, que eran más pequeños. Además, se da cuenta de que la provincia histórica de Segovia ocupaba parte de Burgos, Soria, Madrid, Ávila, Guadalajara y Valladolid, hasta la llegada de Javier de Burgos, que la reduciría hasta los límites actuales.

Este documento está dividido en cinco grupos, señalado por letras, que significan; D: ‘medidas de tierra’; E: ‘valor de los restantes bienes reales’; F: ‘valor de utilidades industriales, comercio y oficios’; G: ‘población activa sujeta al impuesto de las personas’ y H: ‘valor de los bienes semovientes o cabeza de ganado’. Además, las letras aparecen repetidas en dos grupos diferentes, uno dedicado a los bienes del clero y la segunda a los bienes del común de vecinos, menos en el caso de la ‘G’, que no afecta a los eclesiásticos.

En el caso de la tabla ‘G’, el documento ofrece un catálogo de oficios que se ejercían en la provincia a mediados del siglo XVIII, algunos que aún se llevan a cabo y otros que han desaparecido, como los pelaires o los cedaceros.

Asimismo, otro dato era el referido a la ganadería, y en los documentos también se aportaba una visión sobre las especies que se explotaban en la época en la provincia, así como el resto de bienes que poseían las personas en ese momento.

Las desamortizaciones y los cambios de propiedades que se produjeron en la época reescribieron el panorama económico del territorio cambiándolo por completo.