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Desde el año 1940, una placa de losetas de cerámica realizada por Ignacio Zuloaga recuerda en la fachada del edificio de la plaza de San Facundo que se sustenta sobre lo que fuera  la iglesia que da nombre a la plaza el ‘desagravio’ que la parroquia de La Trinidad realizó en honor al Santísimo Sacramento en la celebración de la Catorcena de ese año.

Fue precisamente en la ya desaparecida iglesia donde la tradición popular sitúa el hecho que motivó la celebración de esta fiesta en honor a la Eucaristía, fruto del hecho sacrílego perpetrado por un médico hebreo que compró de modo fraudulento una forma consagrada por oscuros motivos, que finalmente no pudo llevar a cabo por la milagrosa transfiguración de la Sagrada Forma.

La placa de cerámica es en la actualidad el único elemento urbano realizado por el insigne artista radicado en Segovia que permanece visible en la calle, por lo que el Ayuntamiento decidió emprender su retirada  con el doble motivo de poder llevar a cabo su restauración y conservarla para su exposición en el Museo de Segovia o en el Archivo Provincial.

Los operarios municipales emprendieron en la mañana del martes la instalación del andamio para proceder a su retirada,  ante el asombro y la estupefacción de algunos vecinos de la zona, que no dudaron en avisar a la Policía Nacional ante lo que consideraban un “atropello”.  Tras varios minutos de dudas, desde la Concejalía de Patrimonio se decidió paralizar la operación e iniciar consultas y conversaciones con los responsables de la Unidad Parroquial Centro (a la que pertenece la parroquia de La Trinidad) y el Obispado para buscar una solución que pueda combinar la protección de este elemento con su valor sentimental para los feligreses y vecinos de la zona.

Claudia de Santos, concejala responsable de Patrimonio, reconoció ayer que la frustrada operación de retirada de la placa se hizo “con la mejor intención y la peor praxis del mundo”, y señaló que ha pedido disculpas a los responsables parroquiales y lo hará al obispado por llevarla a cabo sin previo aviso. “Nuestra intención no es otra que la de intentar preservar el único Zuloaga que queda visible en la ciudad, porque ya está sensiblemente dañado –explicó -, y así se lo hicimos saber a la Junta, porque queremos conservar la placa y de hecho ya hemos hablado con el restaurador Graziano Panzieri para que asuma este proyecto, al que queremos dar la máxima relevancia”.

La concejala señaló que “no es voluntad de la concejalía generar conflictos, sino preservar el patrimonio”, y precisó que lo más sensato será buscar “una solución de consenso, que puede pasar incluso por no tocar la placa si nos encontramos con una oposición frontal de los vecinos”. “No voy a invocar la ley de Patrimonio para esto, porque estamos hablando de una propiedad privada, y no haremos nada a golpe y marea, pero entendemos que nuestro deber es conservar este elemento teniendo en cuenta el valor que tiene y poder exponerlo en un lugar  acorde a su importancia”.

Si finalmente se retira la placa, De Santos expresó su voluntad de que el edificio mantenga algún tipo de placa conmemorativa que recuerde la catorcena, pero precisó que sería necesario que desapareciera el término “judío”, que en modo peyorativo se emplea para describir el episodio sacrílego. Sobre este aspecto, la concejala manifestó que mantener este concepto “no sólo puede provocar algún tipo de acto vandálico, sino que desde la caridad cristiana no podemos sostener estos términos en pleno siglo 21, sobre todo cuando estamos hablando de un hecho que históricamente está  más en el plano de la leyenda”.

Asimismo, señaló que la decisión de retirar la placa “no tiene que ver con el ánimo de eliminar símbolos religiosos de las calles ni de aplicar la Ley de la Memoria Histórica, como se nos ha llegado a asegurar”. “Buscar oscuros motivos para esta decisión se aleja totalmente de la realidad  -aseguró- y queremos que cualquier decisión que se tome sea con el diálogo y el acuerdo”.

608 años de historia

La tradición popular sitúa el origen de la Catorcena en un hecho ocurrido en 1410, cuando un sacristán de la Iglesia de San Facundo, molestado por una deuda que tenía que pagar a plazo fijo a un Cristiano viejo, bajo pena de excomunión, fué a pedir la cantidad a un judío médico, llamdo Domair. Acedió el judío a darle la cantidad sin necesidad de devolución, si en prenda de la entrega, le daba una Sagrada Forma de la Iglesia donde prestaba sus servicios. Gozoso el judío con la adquisición, llamó a sus secuaces y convinieron secretamente lo que habia de hacerse con la Hostia, y que fué tomando con las manos sucias, el Cuerpo de Cristo lo llevaron a la Sinagoga, para echarle en una gran caldera de agua hirviendo, y aún de resina que tenían puesta a gran fuego. Pero al ir a arrojar la Hostia, volando por el aire, sin poderla coger los judíos, empezó a temblar la Sinagoga con un formidable estallido, abriéndose la fábrica del edificio de arriba a abajo. Por allí salió mágicamente el Cuerpo de Cristo y sobrevoló toda la ciudad para ir a refugiarse al Monasterio de Santa Cruz. Enterado el Obispo de Segovia de aquel suceso, quiso averiguar la causa del mismo y se iniciaron las investigaciones. El sacristán confesó inmediatamente su culpa y el médico fue apresado y condenado a muerte. El Rey, Juan II, confiscó la Sinagoga, entregándola al Obispo, quien la consagró inmediatamente al culto Cristiano, y llamándola, en memoria de lo que allí sucedió, Iglesia del Corpus Christi, cediéndola a la comunidad religiosa de las Hermanas Clarisas que hoy día continúan allí. Como desagravio, las 14 Parroquias que existían en aquellos años en la ciudad de Segovia, decidieron celebrar anualmente y de forma rotatoria esta Fiestas, tradición que se ha venido celebrando de forma ininterrumpida hasta la actualidad.