Jesús Casado, en su última visita a Segovia en estas navidades. /M.G.
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Los sobrinos de Jesús Casado Benito cuentan con indisimulado orgullo que su tío fue uno de los primeros sacerdotes en emplear las nuevas tecnologías para la gestión de sus variados cometidos en la diócesis de Cádiz y Ceuta.

En su despacho de la parroquia de La Palma, a principios de los años 90,  un ordenador y una impresora, y sobre la mesa uno de los primeros y voluminosos teléfonos móviles señalaban la voluntad de emplear todos los recursos necesarios para desarrollar su tarea pastoral en Algeciras, ciudad a la que llegó a mediados de la década de los 70 del pasado siglo, y a la que entregó la mayor parte de su vida como presbítero.

Pero el tiempo pasa, y llega la hora de la jubilación para un sacerdote que –al igual que el resto de sus hermanos en el ministerio- ha entregado su vida al servicio de los demás, en su caso con la especial dificultad de llegar a una zona especialmente complicada por su carácter fronterizo y multicultural.

Casado reconoce que su llegada al sur fue fruto de su tiempo, ya que en el Seminario encontró compañeros  de Algeciras que le comentaron la escasez de curas en aquella diócesis, mientras que por entonces en Segovia “había muchos sacerdotes”.

Tras recibir la dispensa episcopal, el sacerdote llegó a una diócesis completamente desconocida, pero que aprendió a amar a base de trabajo y entrega en las distintas parroquias en las que trabajó, hasta llegar a La Palma, en la que permaneció hasta su bien ganada jubilación.

A su tarea pastoral, Casado añadió el trabajo en Cáritas diocesana, de la que llegó a ser delegado diocesano e integrante de la comisión nacional. La atención a inmigrantes, marginados y familias con escasos recursos centró buena parte de una tarea que asegura fue “dura y difícil, pero muy gratificante a nivel espiritual”.

También dedicó gran parte de su trabajo a la docencia como profesor en un instituto de enseñanza secundaria, labor que le reportó también muchas satisfacciones y que define como un complemento más a su tarea de evangelización.

El trabajo desarrollado y su implicación en la vida de la ciudad le valió el pasado mes de septiembre el reconocimiento de Algeciras, cuyo alcalde le impuso la insignia de la ciudad en prueba del afecto que este humilde sacerdote segoviano ha cosechado.

En el acto de entrega de la insignia, Casado se definió como “un segoviano algecireño”, y de hecho ha radicado su residencia en Algeciras, pero no olvida Segovia y sigue ejerciendo como segoviano al sur de España.

“Creo que Segovia está ahora estupendamente –asegura- y cuando vengo a visitar a mi familia descubro cosas nuevas que muestran la preocupación por el medio ambiente y el patrimonio. Esta vez me ha sorprendido el nuevo museo bajo claustro de la Catedral, que le da un valor inmenso al monumento y los preciosos entornos naturales de las Hoces del Duratón”.