Tocino en San García 1925. / Foto cedida por J. GONZÁLEZ.
Publicidad

La música y la cultura tradicional que nos han transmitido nuestros antepasados nos han dejado una exuberante herencia de instrumentos musicales, saberes populares, anécdotas y otros muchos conocimientos, enriqueciendo nuestro folklore y acervo cultural. El vocablo “folklore” surge del inglés folk (pueblo) y lore (conocimientos, saber), en otros términos, refiriéndose a las costumbres y labores que caracterizan a la vida de un pueblo, de su artesanía, de sus danzas, de sus cuentos, de su música, etc.

En el siglo XX, los instrumentos que por excelencia predominaban en las fiestas de nuestros pueblos eran la gaita y el tamboril. Destacar que durante esta época los músicos que acudían a amenizar las fiestas de Marazoleja era una pareja de músicos, con la gaita, (así la llamaban en el Siglo XX, posteriormente el instrumento fue evolucionando, y actualmente se la conoce más como dulzaina entre la gente más joven) Paulino Gómez “Tocino” de Abades, Emerenciano de Marazuela, Agapito Marazuela de Valverde del Majano, José Bragado “Tío Gurrupito” de Laguna Rodrigo y Juan José Garcillán entre otros. Y con el tambor, Honorato “Tío Cagueta” de Marazuela, Mariano Llorente “Marianete” o “Jorobilla” de Valverde del Majano, el “Tío Pedro” e Isidro Sanz “Pelilón” de Marazoleja.

Fueron muchos de ellos los que tocaron en alguna ocasión en las festividades de Marazoleja como gaiteros y tamboriteros. A principios del Siglo XX, aproximadamente hacia 1915, la mayoría de las veces tocaban en las fiestas el “Tío Tocino” con la gaita y “Jorobilla” con el tambor; luego, años más adelante, empezó a ir con el tambor Honorato. Decían en el pueblo que “el Tío Tocino era el mejor tocando la gaita” y “Jorobilla”, “el mejor tocando el tambor”.

Un año en la festividad de San Juan vino a tocar a Marazoleja el “Tío Tocino”: su medio para desplazarse a los lugares era el caballo y se puede añadir como anécdota que “cuando llegó al pueblo, el caballo se escapó y dentro de las alforjas “Tocino” tenía la dulzaina; el caballo huyó dirección al “prao” redondo y hacia las viñas, la gente del pueblo fue a buscar al caballo y por la huellas que había en la nieve le encontraron al día siguiente de San Juan, siendo el Señor Moisés quien les indicó por donde tenían que ir a buscar al caballo”. Como “Tocino” iba a tocar el tambor con Honorato, fue a buscar al pueblo de Marazuela a Emerenciano (hermano de Honorato) que tocaba la gaita, para que se la dejara y así poder tocar el día de San Juan, la “revolá”, la procesión y el baile de por la noche. No obstante, al coger Tocino la dulzaina de Emerenciano, se encontró la dulzaina con algunos agujeros tapados con cera, y Tocino los tuvo que limpiar para poder tocar la gaita. Decían que Emerenciano tenía tapados los agujeros de la gaita porque solo sabía tocar con tres agujeros.

En la Pascua de Pentecostés, se celebraba las fiestas de las mozas, “la Rosca”, y el que solía tocar la gaita en esas fiestas era Emerenciano, ya que Tocino tenía que tocar en otros pueblos.

En el año de 1925 aproximadamente, en alguna fiesta llegó a tocar el “Tío Gurrupito” con la gaita y el “Tío Pedro” con el tambor, destacando además que al “Tío Pedro” se le conocía en ocasiones tocando dos cantos acompañando al tamboritero en las fiestas de Santa Catalina de Siena -que se celebra el 30 de abril y el 1 de mayo-.

El “Tío Gurrupito”, llamado José Bragado, era de Laguna Rodrigo, pero vivía en Marazoleja porque su mujer, llamada Cristina Herranz, era de allí. Además de tocar la gaita, trabajaba en la fragua como herrero y en invierno subía a los pinos a por piñas, tenía dos hijas llamadas Catalina y Laurentina, como dulzainero le llamaban “Gurrupito” y como herrero “Quemahierros”.

Ya en la década de 1930 asistían a tocar a las fiestas de San Juan Evangelista -el 27 de diciembre- y de Santa Catalina, el “Tío Tocino” y el “Tío Honorato”. Comento a continuación anécdotas que se oían en Marazoleja:

Se decía en el pueblo que Agapito Marazuela tenía un ojo de cristal y el otro le iba a perder en la danza popular. También contaba la gente del pueblo que durante la Guerra Civil, Agapito Marazuela llevó a Tocino y “Marianete” a Francia para actuar con los danzantes de Abades en la Exposición Internacional de las Artes y de las Técnicas de París en 1937.

La Guerra Civil terminó el 1 de abril del año 1939… y el día 30 de abril y 1 de mayo se celebraba la festividad de Santa Catalina: ese año vinieron a tocar el Tío Tocino y Honorato; al terminar la procesión y llegar a la ermita el Tío Tocino interpretó el Himno Nacional Español y la gente alzó el brazo en alto. Al ver el gesto, Tocino dejó de tocar y dijo: “señores, en los templos no se levanta la mano, porque es más Dios que nadie en el mundo”.

En los años de 1950, la única vez que tocó Agapito Marazuela en Marazoleja, fue en la festividad de San Isidro labrador, ya que la mayoría de las veces iba Tocino, y le acompañó en esta ocasión con el tambor Isidro Sanz “Pelilón”. Tocaron el día de San Isidro en la procesión, porque se compró el Santo de San Isidro, siendo jefe de hermandad Eladio Esteban.

En estos años, cuando Tocino ya se iba haciendo mayor, Juan José Garcillán e Isidro “Pelilón” fueron los músicos que habitualmente tocaban en las fiestas del pueblo. Posteriormente, alrededor de 1960, venían a tocar orquestas de 5 o 6 miembros a las dianas, a las procesiones y a los bailes. La primera orquesta que vino a tocar a las fiestas de Santa Catalina, fue la orquesta de “Los Hospicio” (Residencia de niños que se encontraba en Segovia); en los años venideros, los músicos de la Academia de Artillería y una orquesta de Valverde del Majano que se llamaban “Los Librados” que eran zapateros.

Con toda esta información recopilada y adquirida he de pensar o al menos es mi deseo, que se transmitan anécdotas, sabiduría y conocimiento a nuestros hijos y nietos dentro del amplio campo de la cultura popular que hoy en día podemos presumir, con el propósito de que pasen a generaciones venideras sin que se produzca el riesgo de que se quede en el olvido.

Para finalizar el artículo, dejo una frase del folklorista Joaquín Díaz: “Los jóvenes conozcan, no solo la música denominada Pop sino las fórmulas más elementales de su propia cultura” (Joaquín Díaz, 1997).

Las Orquestas de antaño en los pueblos
A principios del siglo pasado, lo que predominaba en los bailes de los pueblos era la gaita y el tamboril y los días de fiesta y los domingos por la tarde se reunía la gente joven entorno al salón del pueblo.

En los años 1950-1960 los gustos cambiaron y se impusieron otras músicas y otros instrumentos. La dulzaina se consideraba arcaica, estridente y pobre, por tanto, muchos músicos que tocaban la dulzaina tuvieron que adaptarse a los nuevos tiempos y cambiaron la dulzaina y tamboril por el saxo, trompeta, acordeón, batería, trombón, etc. El baile de salón de antaño, era “agarrao” y los estilos musicales que se pusieron de moda fueron el vals, polkas, fox-trot, pasodobles, habaneras, jotas, entre otros, y las orquestas empezaron a tener presencia en las fiestas.

Ya hacia los años 80, las orquestas estaban mucho más consolidadas con equipo de sonido y donde predominaba otros tipos de instrumentos como la guitarra y el bajo eléctrico. En la provincia de Segovia destacar alguna de ellas como “Los Peques”, “Los Diamantes”, “Montecarlo”, etc.

——
(*) Javier González Sacristán es docente y tamborilero.