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Los jardines en la actualidad, los nuevos jardines, deberían revisar tanto sus diseños y objetivos—funcionalidad— como sus elementos—modelos—” para afrontar soluciones a los retos del clima, a la perdida de biodiversidad, a la optimización de los recursos naturales—agua, plásticos, maderas, etc—. El jardín puede ser un ejemplo de entendimiento y convivencia entre los hombres, las plantas y la fauna que genera.

El jardín es la esencia del hombre civilizado. Desde el jardín retornamos a nuestros inicios y vínculos con la Naturaleza y apreciamos nuestra existencia en el planeta.

Los jardines del siglo XXI reclaman poner en escena la mayor diversidad botánica, más cercana o próxima, intentando componer las más bellas escenas animadas de flora y fauna.

Muy adelantado a este tiempo, diseñó y compuso jardines el paisajista afincado en Segovia, Leandro Silva. Es buena prueba de ello El Romeral de San Marcos.

Es obvio que todo jardín que quiera lograr su arraigo y persistencia debe combinar parámetros de belleza, funcionalidad y sostenibilidad. Belleza en garantía de admiración permanente; funcionalidad justificando su utilidad: anímica, espacial, etc.; y sostenibilidad que permita conservarlo en justa proporción a los anteriores.

El Romeral de San Marcos es uno de los mejores ejemplos de jardín sostenible, bello y funcional. De belleza calculada en estructura y botánica, pero muy improvisada en su desarrollo. Su funcionalidad radica en la cuidada composición botánica, logrando el arraigo y desarrollo de las especies que la compone, cohabitando entre sí. Sostenible porque precisa de muy poco cuidado, en cuanto a medios mecánicos, siendo el cuidado esencialmente el control del biotopo constituido, que da prueba del logrado asentamiento del jardín.

El Romeral de San Marcos es un jardín privado, cuya conservación está a cargo de su propietaria Julia Casaravilla, viuda del artista-paisajista y jardinero Leandro Silva. Su dedicación plena al jardín en perfecta consonancia y correlación con su autor da lugar a un jardín que ha crecido sin interrupción desde sus inicios en la década de los años setenta del siglo XX. Más de cuarenta años para pinos, tilos, arces, cipreses, ailantos, carpes, parrotias, y palmeras, que forman una cúpula verde suficiente para manchar completamente de verde el solar a vista de pájaro. Esta cúpula conserva y reduce el gradiente térmico a una colección, que aún hoy resulta original, de variedades de rosas antiguas y modernas, la mayoría no hibridadas; colección de viburnum entre las que destacan variedades perennifolias de intenso follaje verde frente a variedades de intensas fragancias, hoy día, difícil de obtener. Y una colección de bambúes entre los que destacan variedades muy bajas o rastreras.

La madurez del jardín, está directamente relacionada con el desarrollo de una botánica, a día de hoy, esencialmente leñosa. Las leñosas son garantía de futuro para los jardines, al igual que ocurre en el medio natural las leñosas aseguran con sus estructuras su presencia y permanencia, frente a herbáceas que rápidamente migran en busca de exposiciones abiertas y soleadas. Las leñosas suelen ser por lo general más longevas y resistentes, creando un sistema radicular capaz de desarrollar un sustrato a la medida. La presencia de leñosas, de medio y gran crecimiento —arbustivas y árboles— han relegado la presencia de herbáceas, perennes y vivaces, que suelen dar mayor colorido en floraciones. Una de las más bonitas y originales era la colección de lirios —iris germánica— que ha quedado muy reducida.

La sombra ha traído un nuevo interés al jardín, sustituyendo casi por completo al color de las flores: el claroscuro, la luz y sus reflejos. El Romeral es un jardín de claroscuros. Lejos del tenebrismo pictórico barroco, El Romeral, sin quererlo o no, nos deleita con un juego continuo de sombras, zonas de clara iluminación, espacios de penumbra continua, luz proyectada y reflejos del sol. Este juego lumínico es continuo desde que se inicia el día hasta el anochecer, sumándose las noches de luna llena, cuando uno la ve aparecer y desaparecer la luna entre la espesura de sus árboles y arbustos.

Si un jardín es una carrera de obstáculos, en la que cada etapa de su desarrollo supone un interrogante cada vez más difícil para el jardinero, alcanzar la etapa de sombra y pretender un alto nivel de floraciones y cromatismo, es el más difícil de los retos. El Romeral de San Marcos, logra un buen nivel de floraciones en la cada vez más densa y abundante presencia de bulbosas: narcisos, muscaris, crocus, tulipanes. Además de cuidar la presencia de leñosas cuyas floraciones tienen lugar a finales de invierno y comienzos de primavera —frutales ornamentales, viburnum y otros—, cuando las cúpulas desnudas de los caducifolios permiten entrar rayos de sol a todos los espacios del jardín. Es un jardín de esplendor primaveral.

Las leñosas caducifolias son un reloj perfecto de las estaciones, se transforman en apariencia con cada una: brotación primaveral, vigor veraniego, decoloración otoñal y desnudez invernal. Un reloj anímico que no ha dejado de marcar las estaciones en El Romeral desde hace más de 40 años. Son especialmente llamativas en otoño las variedades de arces, lagerstroemias, carpes, frutales de flor, tilos pero el clímax del otoño es sin duda sentarse bajo el colorido rosáceo-amarillento de las parrotias. También estamos en un jardín de otoño que cada noviembre celebra, entre estrofas y versos dedicados a los árboles, la memoria de Leandro Silva.

El jardín tuvo césped, Leandro aprovechó los inicios soleados del jardín para crear algunos espacios encespedados, pero las exigencias de este elemento de jardín no permitieron su conservación transformando el espacio en un recinto de estancias refrescadas por el follaje y la presencia de los estanques, y las sombras.

El jardín cuenta con manantiales propios, suficientes para su irrigación todo el año, y el uso decorativo en los estanques comunicados por un regato (canalillo) que nos recuerda los orígenes del jardín y la agricultura en el medio oriente, tal y como se distribuía en los paradeisos persas. A este elemento evocador del jardín persa, origen del jardín mediterráneo, transferido por romanos y árabes, se suman otros detalles, como las composiciones de bambúes y árboles péndula evocando el jardín oriental, o las escalinatas y terrazas propias del jardín italiano renacentista. El centro del jardín está organizado a partir del estanque principal, de proporciones perfectas, a la medida exacta del hombre. El estanque y la estructura espacial del recinto están inspiradas en el jardín hispanomusulmán, modificando su estructura típica en otra propia del autor. Hay también un ejemplo de jardín secreto medieval y espacios que recuerdan a los jardines arts and crafts ingleses del XIX, tanto por su forma como por el pavimento y el uso de materiales y técnicas tradicionales. El Romeral es un jardín ecléctico, característica inherente a su propósito experimental y al carácter de jardín privado de autor.

Segovia es uno de los mejores lugares de España para construir jardines, seguro. Cuenta con una ubicación casi intermedia para aglutinar botánica resistente de todos los climas templados —mediterráneo, continental y oceánico— sumando el clima de alta montaña. Su situación y meteorología, permite jardines capaces de albergar flora procedente de todos los climas templados y alta montaña. Esta circunstancia no es posible en otras zonas, lo que reduce comparativamente la lista de especies ornamentales a usar. Leandro Silva disfrutó de su favorable situación permitiendo que El Romeral de San Marcos pudiera reunir una especial diversidad botánica. Hoy día Segovia alberga en diferentes zonas de la provincia algunos de los jardines privados más bonitos de España, que están siendo conocidos y visitados por viajeros y entusiastas del jardín procedentes de Europa y Estados Unidos, que suman estos jardines a los jardines de las bodegas de la Ribera del Duero. Jardines a los que se suman las cualidades del paisaje de la provincia de Segovia. Jardines entre encinares, entre casas de piedra, pinares y fresnedas. Está cada vez más cerca la importancia de los jardines de Segovia y su interés.

En Segovia es posible unir sin dificultad edafoclimática ni fitopatológica la adelfa, la rosa, la lavanda, la hortensia y la jara. Una procedente del más extremo clima mediterráneo, otra del más húmedo clima oceánico, y otras propias del clima continental. Ni en Alicante pueden tener hortensias, ni rosas tan sanas, ni en La Coruña adelfas sanas o rosas libres de enfermedades. Esta cualidad sumada a las ventajas de un clima con marcada presencia de las estaciones, favorecen jardines llenos de movimiento, donde la primavera se convierte en un verdadero despertar del invierno, recuperando y favoreciendo el mermado ánimo del invierno. Donde el verano es tan esperado y suave que aún es posible una nueva tanda de floraciones, aun con más color y viveza que las primaverales. Otoños agostados, que resurgen de color con la abundancia de caducifolios y herbáceas que se tornan rojizas, amarillentas y ocres por la llegada de noches más largas, hasta que el jardín cae de nuevo en el inhóspito invierno.

Como un oasis en la terrible estepa castellana son los jardines: recintos de vegetación donde calmar y guarecerse del rigor del territorio. Pero son también recintos de vida, de abundante y diversa vida, frente a las grandes extensiones de tierras ocupadas por los monocultivos agrícolas, donde podemos incluir pinares, encinares y fresnedas que no dejan de ser espacios de baja diversidad y en numerosas ocasiones un monocultivo de árboles. Con la diversidad vegetal del jardín, que posteriormente atrae a una fauna necesaria, si se consigue afianzar como un biotopo habremos logrado, como aquel dios del Génesis, los méritos del Paraíso.

El secreto para lograr el jardín óptimo, bello y fácil de mantener, está en la botánica, en su configuración botánica, aumentado cuanto más la biodiversidad —clave para la salud del jardín y la reducción de cuidados— y reduciendo cuanto más los espacios libres o abiertos —los que más mantenimiento precisan—.

Si dividimos un jardín en partes obtenemos las siguientes: espacios solados o de suelo artificial —no vegetados—, espacios transitables naturales —de grava, áridos, etc.—, praderas de hierba y césped, y propiamente jardines o espacios vegetados. A mayor superficie destinada a espacios no vegetados, mayor coste y necesidad de mantenimiento y cuidados; a mayor territorio vegetado menor coste y necesidad de mantenimiento. El Romeral de San Marcos es un jardín cuyo coste mantenimiento es menor que el que precisa un jardín de 5.000 metros cuadrados de césped, bien cuidado, al destinar tres cuartas partes de su territorio a vegetación. El mayor coste de mantenimiento en jardinería lo tienen, por este orden, césped y praderas, estancias y caminos de árido, estancias y caminos solados y en menor cuantía y trabajo las plantas ornamentales.

Los jardines “naturalistas” o la renaturalización del jardín, hoy día pretenden ser la “tendencia” más afín a las necesidades y deseos coherentes a los problemas del clima y el justo uso de los recursos. No obstante, no podemos tener jardines naturales dado que esto es en sí contradictorio, por la propia razón de ser del jardín; sí podemos pretender objetivos que permitan un jardín cuanto más natural en apariencia y existencia, que requieran cada vez de menos recursos en su conservación, sin menguar sus funciones y su belleza. Así es El Romeral de San Marcos, motivo por el cual es uno de los jardines más admirados de Europa, referente para paisajistas y entusiastas del jardín.
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(*) Jardinero-paisajista, conservador del Romeral de San Marcos, Segovia.