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Fotografía antigua de la ciudad.
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1. El origen de la Casa de pelota

Con el término “juego de pelota” etimológicamente nos podemos referir tanto a la acción lúdica del juego como al edificio o lugar en el que se ejercitaba que podía llegar a ser una plaza, una calle, el claustro de un convento o incluso un corredor de palacio.

El origen de la Casa o juego de pelota en Segovia se remonta al desarrollo mismo de la ciudad en el siglo XVI. En esa época la ciudad tenía un paisaje y una estructura urbana determinada, específica para sus nuevas funciones, que había evolucionado del castro defensivo rodeado por pequeñas aldeas al principio de la repoblación, a una ciudad dividida en dos, la parte interior de la muralla y los populosos arrabales en continua expansión; una ciudad que había adquirido gran renombre a nivel nacional e internacional gracias al negocio de las lanas y la fabricación de paños, en la que la nobleza no tenía ya un papel tan importante como en siglos anteriores.

Precisamente a los nobles de las ciudades y villas de la Corona iba dirigida la Real Cédula de 6 de septiembre de 1572. Felipe II quería que la nobleza y los caballeros estuviesen preparados en el ejercicio de las armas y celebrasen actos militares, como justas, torneos y juegos de cañas o incluso que fundasen alguna compañía o cofradía para realizar estos festejos. La ciudad de Segovia respondió afirmativamente a la creación de la cofradía, que tendría por nombre Nuestra Sra de la Asunción, pero “…esta ciudad es muy pobre de propios y lo ha menester para ayuda a los gastos…”; así que todo quedó en agua de borrajas; no se celebraron las fiestas y de la Compañía nunca más se supo.

Sin embargo, de este fracaso surgió la petición para edificar un juego de pelota que sirviese a los caballeros, los hidalgos, a la nobleza como sustitutivo o como entrenamiento para el arte de la guerra, tal y como se recogía en todos los tratados de educación para príncipes. De esta manera, Bernardino Aríndez de Oñate, como portavoz del estamento nobiliario, se dirigió al Ayuntamiento a principios del año 1573 solicitando licencia para hacer “…un juego de pelota gruesa en esta ciudad…”.

Y solicitó un solar que había visto cerca de la bajada del “rastro de las ovejas”, un portalón situado en el actual paseo del Salón donde se vendían artículos de desecho, desperdicios y despojos de los corderos que allí se desollaban; un solar abandonado con un viejo paredón que era un muladar, donde iban a parar los escombros, los desechos de los animales, la basura de las casas, “… a la mano izquierda de cómo se baja por el postigo de San Martín, enfrente de la huerta del Moro…”.

Los Regidores y justicias, reunidos en Ayuntamiento, leyeron la petición el 30 de enero de 1573 y nombraron comisarios y encargados del asunto a don Diego de Sandoval y a los señores Gonzalo de Tapia, Pedro Temporal y Sancho García del Espinar que reconocieron el lugar unos días después y señalaron los pies de ancho y largo que podían resultar útiles para la construcción del edificio del juego de pelota. El Ayuntamiento, reunido unos días después, el 13 de febrero, considerando que no se producía perjuicio para la ciudad, y sí beneficio para los vecinos, acordó dar licencia para levantar la casa de pelota con algunas condiciones: el solar media 13 varas de ancho por 61 varas de largo; se debía comenzar a realizar por parte de Bernardino Aríndez desde principios de abril de 1573; Aríndez, tenía un plazo de 18 meses para ejecutar la obra; el citado Bernardino debía hacer un censo perpetuo a la ciudad por importe de 100 maravedís al año, y había que hacer una escritura de él; sólo se podía utilizar dicho lugar como juego de pelota, y no para otra cosa y además del “juego” propiamente dicho, debía haber una casa, huerta o corral donde habitase el “casero pelotero”, la persona que “tenga cuidado de los reparos, limpieza y aderezo de la dicha casa juego de pelota”.

La casa y juego de pelota parece que no tuvo mucho arraigo entre los segovianos, a pesar de las apuestas o “traviesas” (a veces se apostaba por el número de juegos, de tantos o incluso por las alpargatas que se utilizaban) y de las cuchilladas y pleitos en que terminaba el juego. Esto fue lo que sucedió en Segovia a finales del año 1589 cuando en un juego de pelota, el partido, el tanteo y las apuestas pasaron de las manos de los jugadores a las del corregidor. Según el pleito que tuvo lugar en la Real Audiencia y Chancillería de Valladolid, hubo sentencia de prisión a petición de Juan Cascales y su hijo Alonso de Cascales, vecinos de Segovia, contra Jerónimo del Campo, Jerónimo de Virués, Pedro López Vázquez y consortes. El asunto fue grave, aunque lo despachan simplemente con la frase “… cierto ruido y cuchilladas acontecidas por el juego de pelota…”. Lo curioso del caso es que todos eran personajes de buena situación económica, ya que en todos los casos, según los datos recabados en el Vecindario de la Ciudad de Segovia del año 1586, se decía de ellos “… que come de su renta…”, y además vivían en zonas nobles de la ciudad.

Sin embargo, estos y otros juegos se practicaban en otros lugares públicos, calles y plazas, mientras el trinquete de pago al que nos referimos, (un local cubierto que consta de cancha o suelo de losas, también conocido como frontón cerrado, sin contracancha y con doble pared lateral), fue abandonándose, tanto por el “casero pelotero” como por el Ayuntamiento, a quien volvió la propiedad del edificio. La ciudad, como siempre y a lo largo de los siglos, tenía las arcas vacías, no tenían dinero para obras, ni para maestros, y menos para mantener una casa de pelota que les resultaba onerosa y deficitaria. Y es que el Juego de Pelota de la bajada del Rastro no estaba en condiciones de poder utilizarse. Numerosas y costosas fueron las reparaciones a lo largo de los años, en las que se iban poniendo parches a un edificio que estaba mal situado, recibía muchas filtraciones de agua procedentes de la zona de la cárcel y también numerosos escombros que se echaban al paseo del Salón, el rastro de las ovejas, y que poco a poco terminaban cayendo sobre los muros del trinquete de pelota.

El Ayuntamiento quiso tenerlo siempre en arrendamiento. A veces era imposible; unas veces se usaba para la instrucción de soldados, otras sirvió como alojamiento para las tropas francesas, con vigilantes incluidos para que no desapareciesen las puertas y ventanas de madera como había sucedido en otros edificios de la ciudad. Incluso se recogían las llaves a los arrendatarios cuando no cumplían las ordenanzas municipales, cuando gente extraña se saltaba las tapias para jugar a la pelota, y es que hay que recordar que el trinquete de pelota estaba destinado a la nobleza, y además era de pago.

2. La transformación de la ciudad

La ciudad se empezó a transformar especialmente desde mediados del siglo XIX, haciendo desaparecer las callejas estrechas y tortuosas, ese caserío destartalado que propiciaba condiciones higiénicas insalubres no acordes con esos tiempos, construyendo en su lugar trazados regulares, calles anchas y rectas que facilitasen el tránsito de vehículos, también para el desarrollo del ferrocarril y que al mismo tiempo diesen cobijo a las casas de la burguesía.

Sin embargo, existía en Segovia un lugar que los distintos regidores y ayuntamientos tuvieron el firme propósito de mantener en las mejores condiciones para la población. Este lugar estaba comprendido entre las puertas del Sol y de la Luna, y era conocido como el Rastro, el Paseo del Rastro, el actual Paseo del Salón. En palabras de Antonio Ruiz: “Se empezaba a cuidar lo que, con el correr de los tiempos, había de transformarse en el Paseo del Salón, uno de los sitios de esparcimiento más frecuentado por los segovianos, por ser lugar recogido y soleado”.

El Rastro, el Salón, fue una zona en continuas obras y reparaciones que generaban muchos escombros. Estos acababan dispersos por la zona y casi siempre se tiraban por la ladera que se acercaba al arroyo Clamores en uno de cuyos extremos, el más cercano a la puerta de la Luna, estaba situado el edificio del Juego de Pelota. En el siglo XIX se continuaba mejorando el aspecto de “…la solana del invierno…” y la conexión que este paseo tenía con el barrio de San Millán a través de la bajada que había hacia la calle denominada del Juego de Pelota actual calle de San Millán.

En 1861 el Ayuntamiento consideró oportuno y necesario reparar esta bajada desde el Salón hasta la calle del Juego de Pelota, ya que estaba en muy mal estado, “… empedrada por partes y por otras sin defensa alguna, su pavimento desigual y lleno de baches y arenas por el estancamiento que en ella sufren las aguas y por los sobrantes de las casas inmediatas…”. Todo esto daba al solar que era entonces el antiguo Juego de Pelota.

Cuando don Joaquín Odriozola se hizo cargo del puesto de arquitecto municipal encontró en este Paseo un lugar donde llevar a la práctica sus planes de alineación, si se puede denominar así el proyecto de ensanche y arreglo del Paseo del Salón, proyectado en una primera ocasión en enero de 1880 y en otra posterior en enero de 1886 basándose en las ideas que había plasmado en papel en 1864 el anterior arquitecto municipal don José Asensio y que no se habían realizado.

Odriozola pretendía continuar la construcción del muro que sostiene, todavía hoy, el talud con todos los escombros que se habían depositado al realizar las obras del Salón y también todos los que los vecinos tiraban a causa de sus obras particulares, los desperdicios que se habían acumulado con el paso de los siglos porque, no hay que olvidar que ese lugar había sido el matadero, el Rastro de las ovejas.
Para que se mantuviese en las mejores condiciones y no fuese destruido por las aguas, Odriozola proponía la plantación de setos de acacias, álamos negros o cualquier otra planta que sirviese no solo para embellecer el terreno, sino sobre todo, para asegurar con sus raíces el terraplén y evitar de ese modo el corrimiento del terreno por efecto de las aguas. El presupuesto que presentaba ascendía a 38.820 pesetas.

Al Ayuntamiento no le pareció mal la propuesta, solucionaba los problemas que había en la zona, un mayor espacio para el paseo y la posible comodidad en las subidas y bajadas desde Sancti Spíritus y la Ciudad, aunque la comisión de obras lamentaba tener que arrancar el arbolado existente y sobre todo, volvía a recordar que estaba prohibido echar más escombros en la zona, “…pues según se manifiesta por el proyecto referido con los existentes y los que produzcan el desmonte hay suficiente para la reforma y ensanche indicados”. Sin embargo, el proyecto se quedó en la mesa. No se acordó su ejecución.

Dos años después, el 15 de febrero de 1888 se acordó el comienzo de las obras “…contando antes con los propietarios de las casas sitas en el paseo del Salón, arreglándose también la bajada al barrio de San Millán, haciéndose una escalinata de piedra con sus ramblas”, que es la que conocemos en la actualidad.

3. Conclusiones

El edificio del Juego de Pelota, el trinquete promovido por el estamento nobiliario de la ciudad de Segovia en el siglo XVI no tuvo la importancia que en otras ciudades. Quizá los nobles segovianos no fuesen muy aficionados a la pelota, quizá fue construido en un lugar inadecuado, una zona cercana a una escombrera y con continuas filtraciones que maltrataba las paredes y las maderas con que se construyó. Por eso, siempre necesitaba continuas reparaciones, cada vez más numerosas y constantes, cada vez más caras, hasta terminar por estar en completa ruina. En vez de ganar dinero, el Ayuntamiento lo perdía.

A finales del siglo XIX, el arquitecto Odriozola, predestinado a modernizar la ciudad y a introducirla en el siglo XX con sus planes de alineación, eliminó los restos del edificio del Juego de Pelota y creó una escalinata que todavía hoy conecta el Paseo del Salón con el barrio de San Millán.
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(*) Ldo. Geografía e Historia. Doctor en Pedagogía.