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El jurado, en la reunión mantenida esta semana para dilucidar los trabajos finalistas./ EL ADELANTADO
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La poesía regresa a la actualidad del Palacio Provincial con la resolución de la convocatoria del XXVIII Premio Jaime Gil de Biedma, que aunque todavía necesitará de unas semanas de debate para conocer a sus ganadores, ayer por la tarde escogía a sus nuevos finalistas a través de su jurado, presidido por la diputada del Área de Cultura y Juventud de la Diputación, Sara Dueñas, y formado por Carlos Cantero, Fermín Herrero, Mª Luz de Frutos, Mª Antonia de Isabel y Gonzalo Santonja, con Emilio Lázaro ejerciendo de secretario del mismo.

“El de este año va a ser un Premio excepcionalmente bueno; entre los catorce finalistas hay diez que podrían ser ganadores”, reconoce Gonzalo Santonja, para quien un año más el galardón “es un premio plural; no es un premio de escuela ni es un premio de tendencia, sino un mosaico muy equilibrado, de estilos, de edades y de modos”.

“Una de las grandes virtudes, que ha tenido siempre y se ha podido mantener, es su gran aceptación”, añade el veterano miembro del jurado; no en vano, en total se han presentado 1.511poemarios, una cifra que según Santonja “supone un récord absoluto de participación, no sólo en el Gil de Biedma, sino en cualquier certamen de poesía de España y probablemente del mundo entero”.

Este hecho ha vuelto a certificar el gran prestigio del que goza el galardón, no sólo en España, de donde proceden 812 obras, sino también en el resto del mundo y, de forma especial, en los países latinoamericanos.

Así se entiende que, por detrás de nuestro país, Argentina y México lideren las cifras de las nacionalidades de los autores presentados, o que entre éstos se encuentren también escritores que residen en Australia, Bélgica, Bolivia, Canadá Chile, Cuba, Colombia, Suiza e incluso Líbano, Israel, Irán o Ucrania; territorios menos habituales en el listado de procedencia de las obras que cada año aspiran a uno de los reconocimientos más importantes de la poesía a nivel internacional.

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“Cuando leí el número uno me asusté porque es un gran libro y de hecho está entre los finalistas; saber que este primero me había parecido muy bueno y saber que me quedaban más de mil quinientos por leer me asustó y me alegró al mismo tiempo”, asegura Gonzalo Santonja refiriéndose a ‘Índice de las cenizas’. Junto a éste, el jurado se tendrá que debatir entre los títulos ‘Extinción’, ‘Mudanza’, ‘Antología invisible’, ‘Los salmos desalmados’, ‘Posdata’, ‘Voz adentro’, ‘Nosotros tierra de nadie’, ‘Galería de rara antigüedad’, ‘Como del árbol caen los frutos secos’, ‘Trayecto’, ‘El entrenador de palomas’, ‘Zoocosis’ y ‘Viaje sin fin’, unos poemarios que en palabras del portavoz del jurado reúnen “poéticas de aquí y de todos los países del español; hay libros cautos, sosegados, muy medidos, muy cultos, pero también hay libros irónicos, irreverentes o desolados”.

“Hay libros incluso enfurecidos, de perdedores, nostálgicos y hay libros de las diásporas, y también hay libros contra los extravíos de nuestro tiempo”, asevera Gonzalo Santonja, quien no olvida reconocer la ardua labor de lectura y clasificación realizada por los trabajadores del Área de Cultura y Juventud.

Para su diputada, Sara Dueñas, el hecho de que cada año desde hace más de veinticinco la institución provincial convoque este Premio, que en 2017 le era concedido al granadino Antonio Praena, “y el hecho de haber llegado a esta vigésima octava edición con más de 1500 ejemplares procedentes de 42 países, supone una muestra más del prestigio que este Premio ha ganado”.

Gracias a él, cada doce meses las letras españolas descubren o a veces también redescubren a los discípulos de Gil de Biedma; esos que no tienen por qué asemejarse en su escritura al poeta catalán que encontró en Nava de la Asunción su hogar, pero que sí se le parecen a la hora de conseguir que las palabras se unan de forma misteriosa hasta constituir un verso detrás de otro que haga llorar, sonreír, reflexionar, soñar o crear el momento perfecto para que, como expresaba el propio Gil de Biedma, la poesía se convierta en “esa sensación de bienestar, de placer, de gozo que siente alguien cuando se lee, en voz alta, un poema”.

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