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Es una palabra que no aparece en ningún diccionario, pero los niños de Segovia —¡y de muchos otros sitios!— conocen a la perfección su significado. Cuando ‘Tirotateiro’ llega a un lugar empieza la fiesta. Música, gigantones y cabezudos, encierros infantiles… En la cara de los más pequeños se dibuja una sonrisa en cuanto arranca el espectáculo. Se crea un ambiente de alegría, envolvente, del que nadie —ni siquiera los adultos— escapa. Tirotateiro es, en definitiva, la quintaesencia de la fiesta.

Martín López fue su creador. Él, dulzainero, buscaba hacer “algo diferente”, pues llegó un momento en que proliferó la competencia y cada vez conseguía menos toques. “Se me ocurrió —recuerda— llevar algún cabezudo conmigo, mientras yo iba tocando”. Ni corto ni perezoso, se fue a Valencia a comprar a un artista fallero. La idea fue un éxito rotundo en las fiestas de San Marcos de 2000. Y él decidió aprender cómo se elaboraba uno. Jorge Otero le inició en ese arte. Los dos primeros gigantones con su firma salieron del taller en 2003. De boca en boca corrió la belleza de su espectáculo y cada vez más ayuntamientos se animaron a llamar a Tirotateiro para sus fiestas. En 2007, López dejó la empresa de su familia para dedicarse, de modo exclusivo, a “lo que me gusta”.

Hoy, en vísperas de cumplir 18 años y con cerca de un millar de actuaciones a sus espaldas, Tirotateiro ofrece un número donde ha sabido unir a la música tradicional la diversión que generan ocho gigantones y ocho cabezudos y, de remate, ocho carretones, para que los críos aprendan a correr un encierro infantil.
Su número empieza con un pasacalles, en el que López toca la dulzaina acompañado por algún tamborilero. A continuación, los encierros, para los que previamente se señaliza el recorrido. “Las astas están emboladas, para que los peques no tengan ningún peligro”, advierte. Tras los cánticos al patrón —imitando a los de San Fermín— los carretones salen a gran velocidad, para delirio de los más pequeños congregados, que corren en estampida. Con la intención de dar mayor realismo a la escena, no faltan ni toriles ni burladeros. Habitualmente, Tirotateiro ejecuta tres encierros seguidos, alternando sus reses, y después, un cuarto, con todos sus toros, en lo que es la apoteosis final. Una gran traca final de confeti cierra la actuación.

Con ese programa, Tirotateiro ha recorrido España entera. Valencia, Cuenca, Guadalajara, Madrid, Santander… “Hacemos unas 50 actuaciones al año”, estima López, quien señala que en los últimos años la mayoría de las contrataciones son en Castilla y León. “Hay muchos pueblos en los que llevamos yendo 15 años seguidos”, agrega.
Tirotateiro es mucho más que su creador. “Se puede decir que somos una familia”, recalca López. Y no se refiere exclusivamente a su esposa, Diana, y a su hija, Mireia, que se dedican en cuerpo y alma a Tirotateiro, sino al resto de componentes (“unas ocho personas”, dice), que a base de años y kilómetros en común han forjado una amistad inquebrantable.

En esta época del año, cuando no hay actuaciones, López se retira a su cuartel de invierno, para centrarse en su otro oficio, fabricante de dulzainas, pero sin dejar de pensar en alguna novedad para Tirotateiro. Si en 2017 fue poner a los carretones pelo natural de toro, ¿qué será en 2018?. López guarda el secreto, pero seguro que sorprenderá.