Tango, música y baile

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El tango, música y baile, tiene muchos adeptos entre el público y de hecho se notó mayor entrada de público en este concierto.

Hay una música clásica, u otra música más ligera y que los anglosajones conocen como soft-music que durante años ha mantenido un nivel de aceptación cada vez mayor. Nosotros creemos que hace bien la Filarmónica en programar este tipo de recitales, ¡ya está bien de la seriedad sufrida durante todo el invierno!

El conjunto que presentaba en esta ocasión Joaquín Palomares desde su violín era un elenco de calidad, con un bandoneón de prestigio y una cuerda excelente.

El programa estaba formado por composiciones de Astor Piazzolla, como Las Cuatro Estaciones, que ya escuchamos hace algún tiempo, alternadas con las de Antón Vivaldi, por un conjunto ruso de cuerda llamado Victoria, que nos volvió a visitar a principios de mes con otro programa, y en el caso que nos ocupa, los tangos de Piazzolla alternaban con otros tangos más tradicionales de Carlos Gardel, Mores, Villoldo, Castillo-Piana-Canaro y Colángelo.

El tango, y más si se cuenta con una pareja de tanguistas, como Matías y Magda con sus ilustraciones de baile para acompañar al concierto (¿quién acompaña a quién?), es una ocasión para darse cuenta del ambiente trasgresor de este baile, su armonía arrastrada de arrabal, su exageración y su carácter de amaneramiento de gran urbe de principios de siglo XX, como lo fueron el fado en Lisboa y el chotis en Madrid, también la canción napolitana, aunque ésta fue más tradicional.

Lo mejor del concierto fue sin duda la parte aportada por Astor Piazzolla, Las Cuatro Estaciones Porteñas y la Milonga del Ángel, que marcó un cenit junto con el Verano Porteño, esa pieza que refleja como ninguna la mezcla de humedad de la urbe entremezclada con el bullicio de la ciudad y el sudor de todo un día a la vuelta al hogar y no poder dormir, a la mañana siguiente toda una aventura, por más vivida nunca más odiada.

Estos deseos se mezclan con unos acordes de locura, armónica y vital, que reflejan el agotamiento de no dormir y no comprender la vida de los jóvenes que nos machacan todos los jueves a los que nos tenemos que levantar a la madrugada.

En fin, estas armonías dislocadas y nunca comprendidas en otro lugar, se mezclaron con los tangos tradicionales de letras mucho más dislocadas y que muchos de nosotros recordábamos como, el “Uno” de Mores o el “Volver”, y qué decir del “Por una cabeza” de Gardel. ¿Es mejor o peor que el panorama que nos presentan los actuales telediarios?