“Somos productores de placer”

El que consuma productos de Dompal "tiene que sentir placer". Así de tajante se muestra Juan Carlos Tejero, director general de esta empresa cárnica que en esta campaña de Navidad no descansa para satisfacer todas las peticiones que tiene desde muchos puntos de España.

El 2017 Dompal acabará en positivo gracias al periodo navideño, que es clave para la empresa. ¿Qué esperan de estas Navidades? ¿Será una buena piedra de toque para ver cómo están logrando su reto? Por supuesto. La respuesta de los clientes en estas fechas tan importantes en nuestro negocio (y en cualquier otro relacionado con el consumo) será clave. Pensamos que estamos poniendo todo el esfuerzo y el talento que tenemos para que todo salga bien. Somos muy optimistas, reconociendo las enormes dificultades que pasamos para tratar de llegar a nuestros objetivos.
—Hablemos de cifras, ¿cuánta gente está envuelta en esta empresa? ¿Cuál es la producción anual de jamones?
—Entre las fábricas y la sede central del Grupo Dompal, somos alrededor de 50 personas. En cuanto a la cantidad de jamones que se curan anualmente entre cerdo blanco y cerdo ibérico, estaremos hablando de unas 500.000 piezas aproximadamente.
—¿Qué protagonismo en ventas tiene el jamón ibérico en sus cuentas frente a otros productos que también comercializan?
-El jamón es el gran protagonista, es el alma de la empresa. Yo siempre digo que mi corazón no tiene la forma tradicional, sino que tiene forma de pezuña. De esta forma, comunicamos lo que somos para que no confunda a nuestra diversificación de productos, en donde además del jamón, tenemos unos 500 productos más.
—El consumidor de a pie suele conocer los términos de “Jamón de Pata Negra”, “Jamón de Jabugo” aunque después no conoce las características de cada uno de ellos. ¿Cuál es de verdad el buen jamón?
—¿Cuál es el bueno, el más caro? El que se vende sin fraude y honestamente. Al margen de eso, yo creo que buenos son todos, dentro de los distintos segmentos que tiene el mundo del jamón. Tenemos cerdo ibérico y cerdo blanco. Dentro de los dos existen distintas variedades. Siempre que el producto se haga con honorabilidad, todos los jamones, dentro de sus segmentos y precios, son de calidad.
En una empresa como la nuestra, tenemos una línea infranqueable que no traspasaremos nunca ni por precio, ni por mercado. Tenemos una calidad media que es lo que aconsejamos a nuestros clientes. Independientemente de su situación económica, porque pensamos que un jamón malo es un mal producto. En ese sentido somos muy pragmáticos y muy transparentes con nuestros clientes.
—Es decir, ustedes piensan en jamón para todos los bolsillos…
—Sin duda. Cualquiera puede tener un jamón hoy en día. Es fácilmente demostrable que el jamón es un producto barato, en relación a todo lo que lleva consigo. El Corte Inglés, un cliente nuestro, está vendiendo un jamón nuestro de cerdo blanco a 70 euros, un producto que ha mermado un 40% y ha permanecido 15 meses en unas instalaciones con sus respectivos costes financieros. Es un ejemplo de lo barato que puede costar hoy un jamón. Además es que un jamón da mucho de sí para una familia. Por eso llegamos a la conclusión de que es un producto muy barato. La gente que piensa que es caro es porque no tiene conocimiento de todo el proceso
—Han sabido crear toda una serie de acompañamientos al jamón, con incluso aceites y vinos. Háblenos de la calidad de estos otros productos…
—La gran causa de que Dompal empiece a diversificar es el afán de servicio que tenemos para con nuestros clientes. Creemos que somos una empresa de producción y que nuestra gran responsabilidad reside en seleccionar la mejor materia prima, el dotar a nuestros establecimientos de producción de los mejores medios, siempre naturales. En otros sitios hay otro criterio y se apuesta por lo artificial. Nosotros, dentro de nuestros dogmas de diferenciación, destacamos por ser naturales, ya que creemos que es una apuesta inteligente desde el punto de vista empresarial. El dar una cosa diferente significa preparar nuestras instalaciones con las últimas tecnologías que han llegado a nuestras manos, sin que afecten al proceso de curación natural. Natural quiere decir sin ser forzado mecánicamente. Una cosa es la carne de cerdo salada y luego curada, y otra cosa es el jamón. De alguna manera, nosotros somos productores de placer. Nuestros clientes tienen que sentir placer cuando comen nuestros productos, no sólo alimentarse.
—Al ser su tío, Francisco Martín, el fundador de Dompal ¿Este tipo de negocio es como el vinícola que suele pertenecer a generaciones de familias?
—Sin ninguna duda. Ha habido varios intentos de multinacionales, sobre todo en el sector del cerdo ibérico, de entrar en distintos grupos empresariales. Sin embargo, las multinacionales no acaban de entender que se deje tanto tiempo aguantando el peso financiero y el riesgo cíclico que pueda tener un producto como el jamón. Viendo esto, ellos piensan que no es negocio, porque no ven una recuperación rápida de la inversión. En nuestro campo, por muy avanzados que sean los procesos tecnológicos, siempre hay unos factores de riesgo que son muy difíciles de medir. Es un negocio de mucha vocación y de pasión, que normalmente tienen las empresas de tipo familiar.
—Qué tipo de cliente tiene Dompal? ¿Hacia quién se dirige?
—Como es tan larga la vida de Dompal tenemos muchos clientes de pequeño comercio especializado. Otro segmento es la gran distribución, capitaneada por El Corte Inglés, aunque también estamos con el Grupo Carrefour, Alcampo… Por otro lado, tenemos el segmento de restauración.
—Además de los dos puntos de distribución que tienen en Portugal, ¿exportan sus productos a otros países?
—Tenemos un departamento de exportación. Estamos desarrollando conexiones principalmente con Portugal, Francia y Alemania. De algún modo u otro, estamos abocados a la internacionalización.
—¿Es consciente de que su producto es uno de los más exportables dada la buena imagen que tiene por el mundo?
—Sin duda, también soy consciente de que los españoles no nos damos cuenta del privilegio que tenemos por tener este producto en casa. Lo tenemos muy asimilado y por eso no lo valoramos lo suficiente. Pero eso pasa con muchas otras cosas en la vida.
—No obstante, ustedes no sólo producen, sino que también compran a sus proveedores otros productos para su venta…
—Lo más importante de esto es la responsabilidad que tenemos cuando tenemos un producto más en nuestro catálogo. Si nos equivocáramos con un nuevo pro- ducto, eso afectaría a nuestro principal activo que tanto hemos cuidado durante tantos años, que es el jamón.
—¿El hecho de vender placer y calidad de vida les hace pulir más sus estrategias de marketing e hilar más fino si cabe?
— Vendemos placer pero luego somos pragmáticos. Tenemos que aconsejar lo mejor a nuestro cliente. Nosotros elaboramos un jamón de bellota único, pero si un año esos jamones no fueran de la calidad prevista no saldrían al mercado con la identificación de “LUXUS”. Ese es el pico de la pirámide. Más allá de eso hay muchos otros productos y jamones como el procedente del cerdo blanco que también tiene un grandísimo nivel. Es decir, podemos ser elitistas, pero también somos muy pragmáticos en cuanto a saber dirigirnos a la clase media para que pueda comprar cualquier tipo de jamón.
—Perspectivas de negocio y el secreto del éxito.
—Estos años pasados crearon una situación que no ha sido buena para nosotros ni para nuestros competidores. Un situación llena de incertidumbre y todos los datos que teníamos encima de la mesa nos llevaban a un análisis poco positivo. Lo importante es que sabíamos y fuimos capaces de reaccionar. El secreto es poder ofrecer a los clientes productos de primera calidad para que estos a su vez puedan cubrir las necesidades de los suyos.

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