Sí a la literatura infantil

El escritor segoviano Ignacio Sanz defiende la vitalidad de un género donde cohabitan Lorca y De la Serna.

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El escritor segoviano Ignacio Sanz, recientemente galardonado con el XXI Premio de Literatura Infantil “Ala Delta”, defendió ayer la vitalidad de un género que vive un “momento de plenitud” y donde caben desde el absurdo de Ramón Gómez de la Serna hasta parte de la poesía de Federico García Lorca.

La literatura infantil “es un género con todas las consecuencias: con sus grandezas y las miserias derivadas de su consideración social, debido a su gran capacidad de sugestión y también a su bondad intrínseca”, explicó ayer por la mañana a la Agencia Efe Ignacio Sanz (Lastras de Cuéllar -Segovia-, 1953).

Sociólogo de formación, escritor vocacional con más de cuarenta títulos publicados y ceramista-artesano de profesión, este narrador ha observado también en los libros para niños “una cierta indefinición”, ya que indistintamente los pueden leer tanto la población adulta como la infantil.

Ese es el fielato o la prueba que, en opinión de este etnógrafo y narrador oral, debe superar una publicación infantil para no caer en lo que ha calificado como “libros infantiloides”, ya que un buen libro de ese tipo debe ser “ambivalente: tocan el corazón de las personas sensibles sean pequeños o mayores”.

Dentro de la literatura pensada para los niños, añadió Sanz, “se encuentra desde buena parte de las letras surrealistas, del mundo del absurdo, de todo lo que hacían escritores como Ramón Gómez de la Serna (1888-1963), hasta el mismo Federico García Lorca (1898-1936).

Lamentó, no obstante, cómo en un momento de la vida, las personas se olvidan de los cuentos tradicionales “con los que hemos crecido muchas generaciones”, justo cuando se pasan a la “literatura seria”.

Uno de sus últimos libros, titulado “Una vaca, dos niños y trescientos ruiseñores”, acaba de ganar el XXI Premio de Literatura Infantil “Ala Delta”, convocado por el grupo editorial Luis Vives, dotado con 12.100 euros y basado en una peripecia vital del poeta chileno Vicente Huidobro (1883-1948) que le refirió su amigo y poeta Juan Carlos Mestre.

Con un tono de acentuada oralidad y carácter escénico muy próximo a los cuentos tradicionales, según el jurado de ese prestigioso galardón, la obra premiada narra la verídica peripecia que Huidobro protagonizó a su regreso a Chile después de una fecunda estancia de varios años en España, donde junto a otros poetas creó el movimiento Creacionista.

El título hace referencia a la vaca que se trajo a España para que sus dos hijos no extrañasen la leche de su país de origen, así como a los trescientos ruiseñores que, a su regreso, quiso llevarse a Chile para repoblar América con el canto de esas avecillas que no resistieron el frío polar del viaje cuando el barco cruzó el Estrecho de Magallanes.

“Lógicamente, el libro no acaba bien. Ocurre algo así como con la verdad de la propia poesía: que persigue sin conseguirlo sueños como la justicia o el intento por la emancipación del mundo”, explicó Ignacio Sanz, que en su taller de la Judería Vieja de Segovia alumbra por igual la cerámica y la literatura tradicionales.