FOTO: NEREA LLORENTE
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Cipriano Villoslada debería estar jubilado porque tiene 75 años pero él mismo reconoce que si para, se muere: “Tengo un amigo con cáncer, otro está muy mal…, a mí no me pasa y si me pasa que sea en marcha”. Como en el poema de Machado, su infancia…tiene imágenes de Segovia, de Fuente de Santa Cruz, en su juventud pasó a Navarra y su historia: “Algunos casos que recordar no quiere”.

Con solo 17 años cogió la maleta y se buscó la vida. Luchó para salir adelante, con constancia y con ilusión y recuerda con risas cómo los directores de los bancos le consideraban “un chaval” cuando empezaba y gestionaba “letras de 15 mil pesetas”. Los mismos directores de bancos con los que ahora toma café… Él mismo nos cuenta la historia.

— Presente su empresa, ¿cuándo y por qué comenzó su historia?
— Nací en el año 1943 en la localidad segoviana de Fuente de Santa Cruz, pueblo que está en la frontera con la provincia de Valladolid. Como no había trabajo, estaba todo tan mal y en el pueblo vivíamos pocos vecinos, sobre los 700 más o menos, la ilusión era ir a trabajar a Madrid, también la mía y, como alguno de mis vecinos recibía El Adelantado de Segovia, dos días más tarde se lo daba a mi padre y yo me leía los anuncios y me lié a escribir cartas a Madrid pero nadie me cogió y, entonces pensé irme a Pamplona.
Con 17 años, me fui allí para trabajar en “lo primero que encontrara” pero, entonces había problemas porque, para trabajar y tener Seguro Social, había que tener 21 años si no, eras aprendiz. Cuando llegué, dije que tenía 21 años aunque no los tenía y comencé a trabajar, con tan mala suerte que me corté estos tres dedos (señala los dedos medio, anular y meñique de la mano izquierda) y, hubo que pedir la partida de nacimiento al pueblo y…

— Se descubrió el pastel…
— Se descubrió el pastel pero yo no comprometí a mi jefe para nada, reconocí desde el principio que había mentido porque quería trabajar y, después de estar de baja 3 meses, el mismo empresario me siguió dando trabajo y, en aquella empresa, estuve otros cuatro meses. Al terminar ese periodo me fui a trabajar y a aprender un oficio que era lo que yo quería y, me fui entonces a trabajar de soldador. Era un tema duro porque tenía que trabajar muchas horas y encima, tenía que ir a dar clases de Artes y Oficios, que había en Pamplona, para aprender soldadura.
En aquel taller estuve trabajando como un año y medio hasta que dije: “Me voy a establecer” pero, ¿cómo te estableces partiendo de cero? Encontré un bajo o “bajera” de un edificio, de unos 100 metros cuadrados, con diversa maquinaria. En aquel lugar ya había existido un taller de cerrajería, pero lo había llevado un golfo y, como yo cogí el taller a plazos y con algún dinero que me había enviado mi padre y con lo que me dieron por el accidente de los dedos, cuando llevaba trabajando dos meses, haciendo balcones, puertas… Cosas metálicas… Llegó un notario y me dijo que todas las maquinas estaban embargadas. Yo, me quedé muy sorprendido porque no sabía qué era eso…

— ¿Qué pasó entonces?
— Entonces, el notario me contó que: “Mire usted, que esa máquina no es suya, esa tampoco y esa tampoco… Y voy a nombrar a un depositario…”, yo no sabía nada de todo aquello, pero, en ese mismo momento me encontré con mi primer problema empresarial. Lo tuve que luchar, le dije al notario que lo iría pagando poco a poco, que me dejase… Yo creo que le di pena y, entonces me dejó trabajar con las máquinas y lo fui pagando y fui saliendo, con mucha dificultad.
Después de estar en aquel pequeño local, compré un terreno en Añezcar, a 9 km de Pamplona, hice una pequeña nave, luego compré otro terreno, fui ampliando y fui creciendo.
Empezamos a hacer estructuras metálicas. Yo quería trabajar por toda España y lo conseguí aunque este tipo de negocio es muy local. El señor que hace estructuras metálicas en Toledo, por ejemplo, las hace allí y por los alrededores, pero nada más. Yo no tenía imagen de empresario en Navarra y tampoco venía de una familia conocida de allí y, por lo tanto, tenía que abrirme las puertas fuera porque no me conocía nadie. Empecé a viajar, llegué a hacerme 100 mil kilómetros al año por carreteras malas y con malos coches, buscando trabajo.
Abrí taller en la zona del País Vasco con un representante, después abrí en Galicia y luego fui a Madrid, que me costó mucho porque allí este tipo de construcciones no se conocían. Patenté un sistema con una estructura muy bonita y revolucionaria y, entonces comencé a trabajar más y más… Ya me extendí hacia el sur. Este desarrollo comenzó en el año 65 y 15 años después conseguí tener una cota de mercado importante y ser casi, la número 3 a nivel nacional.

— ¿Y de crisis…?
— Me ha tocado pasar cuatro crisis contando la última, todas muy duras porque si no se compran máquinas y no se venden ladrillos, tampoco se hacen naves industriales. Siempre estuve en el filo de la navaja de la crisis, pero entonces empecé a abrir mercado por Francia, un mercado difícil porque nos consideran un país tercermundista y todo lo que hacemos es siempre malo para ellos. Hasta que conseguí demostrarles, y lo dijo un francés, que la empresa Añuri, que es la mía, trabajaba mejor que las francesas. A lo que le respondí, como te puedes imaginar: “¡Tomate un café!”
Superando esta última crisis, he conseguido que la empresa Añuri, sea la primera a nivel nacional. En Francia tenemos una cota de mercado importante, el 20% de nuestra producción va destinada a los franceses, algo que hemos conseguido pese a que a los españoles no nos pueden ni ver pero con sacrificio, humildad, respeto y cumplimiento, hemos encajado allí. También hemos trabajado para Gana, para Marruecos, para Perú pero, de forma esporádica.
Hace 40 años, además, monté una fábrica en Argentina, Añuri-Hispano Americana en Argentina. Esta fábrica ha pasado por todas las crisis: La Guerra de las Malvinas, el Corralito, Martínez de la Hoz… Pero desde hace 18 años todo está superado y la empresa da unos resultados satisfactorios. Además, tengo gente muy buena que no me roban nada pese a lo que se dice de ellos.

— Resumiendo…
— Sigue funcionando la empresa Hispano Americana, ahora me voy yo para allá. Sigue trabajando Añuri-Oicon en España, tengo tres hijos que son accionistas de estas empresas y están trabajando. De mis tres hijos, una es una mujer que está Licenciada en Dietética y Alimentación Humana, para adelgazar y que estés en forma…
Olvidaba que, llegó un momento en el que se planteó quien podía construir todo lo que se realizaba en estructura metálica, necesitaba una cimentación… Y se montó un departamento de construcción con el que podemos hacer la nave completa, hasta con llave en mano. Actualmente hemos empezado una en Sanchonuño, con 10 mil metros cuadrados, y un presupuesto de 3,8 millones de euros. Más cerca de la ciudad, en el polígono de Hontoria, hicimos una de las primeras a Pascual Hermanos hace más de 20 años y diversos polideportivos repartidos por la provincia así como varios concesionarios de coches.
Con el sistema que patenté hace 60 años, hay más de 18 millones de metros cuadrados hechos… Saliendo de un pueblo como Fuente de Santa Cruz, con 17 años, te puedes imaginar el sacrificio y la constancia que he tenido que tener en todo esto. Con el sacrificio de mi familia pues, yo dormía los fines de semana en mi casa, si podía, y el resto del tiempo, mi mujer se dedicó a criar y educar a mis hijos.

— Has hablado de “las crisis” ¿En España ha habido varias crisis o solo ha habido una pero muy larga?

— Yo diría que todas han sido parecidas, hubo una en los años 80 que fue muy mala, luego vino otra en el año 85 o algo así y, luego otra en los 90, por último, estamos viviendo la de ahora. Lo que pasa que unas te pillan mejor situado desde el punto de vista de la situación económica y de trabajo y en otras, no solo estas mal económicamente sino que estas mal de trabajo y no te pagan… El mayor zarpazo que he tenido en una crisis fue en Olmedo, donde nació mi madre, me dejaron sin pagar una fabrica… 2,5 millones de euros y, eso te hunde, sin olvidar que en esas circunstancias, tienes poco trabajo y los precios a los que trabajas, son muy baratos.

— ¿Cual considera que ha sido la peor época para vivir el mundo de la empresa, la de sus inicios o la de ahora?

— Yo creo que la que se está viviendo ahora es muy dura porque hay muy poco trabajo y hay que pagar muchos impuestos, porque antes se pagaban menos y te defendías mejor. Hoy te exigen mucho. A nivel financiero, si tienes un problema, con la informatización que hay, el futuro cliente que podías tener se entera y ya tiene dudas. Sí se acuerdan de nosotros para “meternos” impuestos pero, vas a pedir una subvención, te dicen que sí, que sí… pero luego tardan lo que les da la gana. Esa es mi opinión sobre las crisis.
Y eso que yo creo que esta última crisis ha sido “revotada” de las ventajas que hemos tenido por la entrada de dinero de Europa, nos hemos acostumbrado a vivir muy bien porque Europa nos daba lo que tenía que dar cuando entraba un país en la Unión Europea y cuando esta crisis empezó, se terminaba el dinero de Europa, lo que provocó crisis en los Bancos, crisis en la industria y en todos los sitios. De nuestro sector de estructuras metálicas, el 96% ha desaparecido.

— ¿Ahora como están las cosas? ¿La gente tiene menor capacidad de sacrificio?
— Entre todos hemos creado una sociedad… La que tenemos. Nuestros hijos, que no pasen lo que hemos pasado los padres. Que estudien, el que no estudia que siga haciendo esfuerzo para estudiar y, como todos sabemos, hay muchos que con 30 años, no han trabajado todavía.
El sacrificio que nosotros hemos tenido en los años 50 o 60, un sacrificio tremendo para encontrar trabajo, para ganar muy poco, para comprar un piso… Ese sacrificio no lo tienen ahora. Además, ha subido todo tanto que esa misma juventud se pregunta: “¿Cuantos años tengo que trabajar para comprarme un piso?”. Tenemos que aprender a que hay que tener ganas de trabajar, sacrificio y saber que las cosas no vienen fáciles.
Si no hay ilusión, no hay sacrificio y no hay constancia y, encima tienes a unos padres que te ayudan a nivel económico… Menos te acuerdas de trabajar. Esto no lo teníamos antes.

— ¿Esto ocurre en todos los países en los que su empresa se mueve o solo en España?
— El empresario francés paga un poquito más en impuestos pero, también gana más. Navarra, por ejemplo, era una provincia muy atractiva porque se pagaban menos impuestos pero hoy, es la peor de todas. Es donde pagamos más impuestos y estamos peor atendidos porque tenemos un gobierno malísimo. Tanto en la Diputación, como en el Ayuntamiento… Tenemos a los más radicales gobernando… Yo soy optimista. Creo que esto tiene que reventar.

— ¿Cómo ves a Segovia desde tu atalaya en Pamplona?
— La gente se ha ido de los pueblos, todos a la capital. Está atrayendo alguna fábrica como la que estamos haciendo pero debería atraer más aunque, también la mano de obra se ha marchado a Madrid. En Segovia no se ha tenido a la gente muy contenta, no se ha dado a la gente muchas facilidades. Hace unos años quise comprar un terreno de 2 millones de metros para hacer un polígono porque llegaba el AVE. Estuve por la zona de la salida hacia Soria y por un terreno de secano, me pedían en aquellos tiempos, ¡a 10 euros el metro cuadrado! ¡una burrada!, no se han dado facilidades, se ha especulado mucho con el terreno en Segovia.
Ya en el final de nuestra conversación Cipriano Villoslada me cuenta que, cuando comenzaba, fue al Banco Popular con una letra de 15 mil pesetas y el director del banco, un tal Las Heras, le tuvo esperando como dos horas y cuando por fin entró y dijo que venía a abrir una cuenta y, al ver que no era de las grandes familias navarras… le despachó.

— ¿Ha vuelto a ver al señor de las Heras?
— Sí. Pero ya entonces me decía “¡hombre Cipriano! vamos a tomar un café…” ¡Así es la vida!