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El aceite procedente del sector de la automoción supone más de la mitad del total consumido. / E. A.
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La provincia de Segovia genera al año al menos 549.867 kilos de aceite industrial usado, ya que esa es la cifra recogida por los operadores adscritos a Sigaus (el sistema de gestión integrado referente en España), según apunta esta entidad sin ánimo de lucro en su Observatorio del Aceite Industrial Usado.

En total son más de 640 las recogidas en el último año por los operadores en 367 puntos de producción de aceite industrial usado repartidos por toda la provincia, aunque las zonas de más producción se sitúan en el entorno de la capital, la comarca de Cuéllar, al norte de la provincia y el eje de la Sierra de Guadarrama entre el Real Sitio de San Ildefonso y el municipio de El Espinar.

La provincia no cuenta con instalaciones de gestión para este residuo industrial por lo que son operadores adscritos al sistema Sigaus quienes lo recogen y trasladan.
Son nueve los gestores autorizados para operar en la provincia, con sede en las provincias de Burgos, Palencia, León y Valladolid.

Antecedentes

Con la entrada de España en la Unión Europea y la liberalización del mercado de distribución de estos aceites industriales en 1986 —con un periodo transitorio de tres años para bases y lubricantes de automoción— comienzan a importarse de forma destacable estos productos hasta 1992 pero, sin embargo, se registran mínimos históricos de recogida y regeneración porque las empresas regeneradoras pasan a obtener su remuneración directamente del precio de venta de sus productos, perdiendo competitividad.

El aceite usado pasa a ser residuo peligroso (Ley de Residuos Tóxicos de 1986), lo que introduce limitaciones y obligaciones para los productores, que pasan de cobrar a pagar por la recogida. Eso motiva el cierre de empresas de regeneración y deja la recogida en mínimos históricos (10% en 1988).

En la década de los noventa se establece un régimen de subvenciones públicas para la gestión del aceite usado y, además, se autoriza primero, y se subvenciona después, la utilización de los aceites usados como combustible; e incluso desde 1995 se favorece fiscalmente. En 1998 se creó una subvención adicional a la producción de energía eléctrica con aceites usados y comunidades como Cataluña establecen la obligatoriedad de la recogida y destino a regeneración de este residuo.

La regeneración prácticamente desaparece, con el cierre de plantas históricas, y aparecen plantas de cogeneración con aceites usados. En 1995 se crea CATOR, concesionaria del servicio público en Cataluña, único regenerador de la época.

La Directiva europea 2000/76/CE sobre incineración de residuos, incorporada a la legislación española entre 2003 y 2005, establece límites de emisión más restrictivos a la combustión de aceites usados. Además en 2000 se elimina la subvención a la producción eléctrica con aceites usados y en 2007 la exención fiscal para el fuel óleo procedente de ellos.

Ese mismo año se introduce la responsabilidad del productor (fabricante) para la gestión del aceite usado. Apoyada en las subvenciones, vuelven a aparecer nuevas instalaciones de regeneración a partir del año 2000 y se reconvierten a plantas de regeneración las de cogeneración con aceites usados.

Es entonces cuando se constituye Sigaus (Sistema Integrado de Gestión de Aceites Usados) como entidad referente en España.

Esta entidad asegura que ha alcanzado el objetivo de recogida del 100%, y de regeneración por encima del 65% marcado por la ley, aunque advierte que en 2015 se produce un cambio de modelo energético que conlleva una normativa que limita aún más las emisiones contaminantes y se deja de primar la cogeneración.

En los últimos años la industria ha comenzado a apostar por energías más limpias y competitivas, como el gas natural.

En cuanto a los vehículos y aparatos eléctricos y electrónicos, los productores pasan a ser responsables del aceite industrial contenido.

El anterior Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente (MAGRAMA) elaboró un borrador para regular de forma más restrictiva la utilización de marpoles y aceites usados como combustible. Ahora la pelota está en el nuevo Ministerio para la Transición Ecológica pero productores y gestores de residuos tienen claro que habrá nuevas reglas del juego.

Panorama general

En España hay cerca de 35.000 talleres y más de 8.000 industrias de todo tipo que generan aceite industrial usado, y que están obligados a cumplir con una serie de normas en cuanto al almacenamiento de este residuo, incluyendo su entrega a un gestor autorizado.

El aceite procedente del sector de la automoción supone un 55% del total consumido, generado a base de escasos volúmenes de residuo. Por su parte, el aceite que procede de la industria supone un 45% del total consumido y se concentra en grandes volúmenes de sectores muy diversos como el eléctrico, la metalurgia o la construcción, entre otros.

Sigaus garantiza la recogida del aceite industrial usado sin coste alguno para el productor del residuo en todo el territorio nacional, sin importar su ubicación geográfica ni el volumen del residuo a retirar. Este servicio universal se efectúa gracias a los acuerdos y contratos suscritos con una amplia red de gestores autorizados de aceites usados, que incluye más de 150 empresas con las que ha firmado contratos y acuerdos para la realización de las diferentes operaciones con financiación de la entidad.

La legislación considera la regeneración del aceite industrial usado como vía como la más favorable para el medio ambiente y exige un 65% de regeneración sobre el aceite recogido que sea regenerable. Consiste en obtener un aceite base que se convierte en un nuevo lubricante, cerrando un ciclo de vida que se puede repetir indefinidamente.

El aceite industrial usado que no puede ser regenerado puede transformarse en un combustible similar al fuel óleo, destinado para usarse en centrales térmicas de generación eléctrica, en cementeras, equipos marinos o en otros procesos industriales.

Los aceites usados también pueden ser tratados para la obtención de otros materiales como betún asfáltico (destinado a pavimento de carreteras o calles), pinturas, fertilizantes o arcillas expandidas. Sigaus sostiene que se consigue valorizar la totalidad del residuo recogido.

Medio ambiente

El objetivo ambiental de Sigaus cobra mayor importancia en la recogida del aceite usado en los entornos más alejados y despoblados, aquellos que tienen los mayores valores naturales y, al mismo tiempo, donde hay un importante riesgo de no gestión del residuo, lo que exige un importante esfuerzo logístico y económico para su correcta recuperación. En este sentido, en Segovia 371.000 kilos son recogidos al año en municipios rurales (menos de 20.000 habitantes), 247.000 en municipios desfavorecidos de montaña, 37.000 en espacios protegidos y 209.000 en zonas con recursos hídricos.

La gestión del aceite usado es especialmente importante en la recogida de puntos de producción situados junto a espacios protegidos o a recursos hídricos, de ahí que se financie para evitar un elevado riesgo de impacto ambiental. Sigaus llama la atención sobre los kilómetros recorridos para recoger y transportar el residuo en estos puntos de baja producción.

Residuo muy contaminante

El aceite industrial es un producto esencial para el funcionamiento de motores de todo tipo de vehículos, maquinaria industrial, así como de electrodomésticos, pequeña herramienta y ferretería. Cuando el lubricante cumple su vida útil se convierte en un residuo muy contaminante y poco biodegradable. Por ello, la normativa obliga a los fabricantes a organizar y financiar su recogida y correcta gestión, a lo que el consumidor contribuye abonando 6 céntimos de euro por cada kilo de nuevo lubricante adquirido.

Como ejemplos del alto poder contaminante del aceite industrial usado Sigaus indica que dos litros pueden contaminar tanta agua como la contenida en una piscina olímpica, que cinco litros de este residuo quemados en una estufa contaminarían un millón de metros cúbicos de aire, la cantidad que respira una persona durante tres años, o que un litro de aceite de motor vertido puede llegar a formar una mancha de 4.000 metros cúbicos sobre el agua (equivalente a un campo de fútbol).

Su peligrosidad hizo que fuera el primer residuo cuya gestión fue legislada en Europa, en el año 1975.

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