Vencejos volando junto al Acueducto. / Juan Martín
Vencejos volando junto al Acueducto. / Juan Martín
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La ciudad de Segovia acogerá el VI Congreso Internacional sobre Vencejos en el año 2020, de acuerdo a la decisión adoptada por el comité organizador en la reciente reunión sobre esta especie celebrada en Tel Aviv. El VI Congreso Internacional sobre Vencejos contaba con dos candidaturas, la de Segovia y la de la ciudad italiana de Trieste. El representante de Segovia, Francisco Javier Sáez Frayssinet, llevó a Tel Aviv un vídeo grabado por la alcaldesa, Clara Luquero, invitando a los expertos en vencejos de todo el mundo a acudir a una ciudad que atrae cada año a una nube de estas aves.

The Biennial Internacional Swift Conference se ha celebrado, hasta la fecha, en cinco ocasiones: Berlín 2010, Berlín 2012, Cambridge (Inglaterra) 2014, Szczecin (Polonia) 2016 y Tel Aviv (Israel) 2018. En esta última edición han participado un total de 64 ponentes, procedentes de 20 países. Entre las ponencias figuró una, “La protección de los vencejos en Segovia” a cargo del presidente de Foro Geobiosfera, el propio Sáez Frayssinet.

Las fechas concretas del VI Congreso Internacional sobre Vencejos todavía se desconocen, pues los organizadores realizarán una encuesta entre los expertos para saber cuál es su época preferida.

En otro orden, la próxima semana llega la fecha en la que los vencejos se han presentado en la ciudad de Segovia en los últimos cuatro años: el 13 de abril. Una vez en la ciudad, buscan su nido, dado que el vencejo es una especie con tendencia a la filopatría, esto es, a regresar justo al lugar donde nacieron. El Acueducto da cobijo a un buen número de vencejos y, en menor medida, las iglesias y los monasterios de la capital. En cualquier caso, Frayssinet denuncia que cada vez tienen más problemas para utilizar su nido. La observación de los vencejos en Segovia ha permitido determinar que en la ciudad permanecen alrededor de cien días.

Y, a juicio de este naturalista, la desaparición de los vencejos de Segovia supondría, además de la pérdida de una de las dos especies más emblemáticas —la otra es la chova piquirroja—, un gravísimo deterioro de su medio ambiente.