El riesgo de intoxicación aumenta en verano, tanto en consumo doméstico como en establecimientos de restauración. / E. A.
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El Servicio Territorial de Sanidad recuerda a los establecimientos que pertenecen al sector de la restauración que durante el verano refuercen las buenas prácticas en la manipulación de alimentos para evitar las intoxicaciones, y presten especial atención a la prevención de salmonelosis y a los productos que llevan huevo.

Este sector tiene mucha importancia en la provincia de Segovia donde actualmente la Administración regional tiene registrados 856 bares, 471 restaurantes, además de 155 comedores colectivos, “124 de ellos de alto riesgo con elaboración de comidas”, informaba recientemente el jefe del servicio territorial César Montarelo. Dentro de este ámbito de salud pública, los equipos de Sanidad han realizado en el año 2018, — último balance cerrado—, 2.808 actuaciones de control en estos establecimientos de la provincia de Segovia.

Sanidad explica que casi la mitad de las toxiinfecciones alimentarias cuyo agente etiológico se identifica están causadas por bacterias del género ‘salmonella’, dando lugar a la denominada salmonelosis, enfermedad con sintomatología de tipo gastrointestinal y en algunos casos especialmente grave. Muchos alimentos, particularmente los de origen animal, son vehículo de trasmisión de este patógeno al hombre. Durante el verano es cuando se registra un mayor número de brotes de enfermedades de origen alimentario causadas por el consumo de alimentos aparentemente en buen estado pero contaminados por esta bacteria que en los meses de más calor encuentra las condiciones óptimas para su desarrollo.

Las recomendaciones sanitarias van dirigidas tanto a los establecimientos de restauración como al ámbito doméstico y a las actividades colectivas, como concursos de cocina o comidas populares que se prodigan en estas semanas de fiestas patronales por los pueblos de la provincia y los barrios de la capital. Así. Sanidad recuerda diez acciones preventivas: consumir siempre agua potable; utilizar materias primas acreditadas sanitariamente; mantener los alimentos fuera del alcance de insectos y roedores; separar los alimentos crudos de los cocinados; cuidar de la correcta higiene tanto de los manipuladores como de los utensilios a usar y las superficies; cocinar correctamente los alimentos; mantener las temperaturas adecuadas para cada alimento; calentar suficientemente los alimentos; consumirlos una vez cocinados o recalentados; y no consumir alimentos perecederos expuestos a temperaturas ambiente.