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Los niños disfrutan todos los años, y ya van 19, con los encierros infantiles que organiza ‘Peluja’ con carretones de fibra. / ROCÍO PARDOS
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Cuando esta noche suene el ‘pobre de mí, ya se acaban las fiestas de San Lorencín…” el barrio de San Lorenzo habrá vivido una de las ediciones más multitudinarias de los últimos años. Seis días, siete con el prólogo del lunes 6, el día “de las pintadas”, en el que las casi mil personas que integran las peñas, pero también centenares de visitantes “han invadido” sobre todo por las noches plaza y calles del barrio, como dice Jesús María Villoslada, presidente de la Comisión de Fiestas de la Asociación Cultural Peñas de San Lorenzo.

Cuenta este integrante de La Verde que está viviendo unas fiestas diferentes, casi no ha pisado la sede de la peña pero ha tenido más relación con vecinos del barrio y le han faltado horas y el don de la ubicuidad para estar en todos los sitios a la vez. Jesús asumió la presidencia de la Comisión por ser el más veterano y su candidatura fue aprobada por aclamación del resto de componentes. Pero no ha estado solo y destaca el buen trabajo de las peñas y la colaboración vecinal para que las fiestas se desarrollen con normalidad.

Con una amplia trayectoria de peñista, pues empezó a los 12 años, con Los Relámpagos primero y luego con La Verde, afirma que le gusta mucho el primer día, con el desfile y el pregón, así como la procesión del día 10 con la imagen de San Lorenzo. Por supuesto, también presume de peña y recalca que en la actualidad La Verde es la única que mantiene su propia charanga, tan animada como siempre “aunque cada año cuesta más”.

De charangas no puede quejarse San Lorenzo y en los últimos siete años una fija ha sido Jarra y Pedal, una formación joven y que “juega en casa”, asegura Carlos Ballesteros, que ejerce de portavoz y cuenta que varios de los componentes son peñistas de San Lorenzo. Ellos se encargan de poner música a los encierros y al ‘momentazo’ del aperitivo o vermut.

Dice Ballesteros que en San Lorenzo se sienten muy a gusto y lo disfrutan especialmente en el momento del encierro nocturno “porque la gente viene a darlo todo”, aunque por las noches se tienen que cortar un poco para estar frescos a las doce del mediodía del día siguiente. Por lo que cuenta este experto músico, este año en el Top 10 de las fiestas las canciones más solicitadas son una versión para charanga de ‘Lo Malo’, de las concursantes de Operación Triunfo Aitana y Ana, y el hit de ‘La sandía’ de la Charanga La Nota, esa de “era una sandía gorda, gorda, gorda, que quería ser la más bella del mundo…”.

Con sus propios músicos se dejó ver ayer por San Lorenzo un numeroso grupo de jóvenes cincuentones del 67, del barrio o relacionados con él, que el año pasado celebraron su aniversario a lo grande con una intensa jornada de actividades y se mantienen en contacto a través de un grupo de WhatsApp. Tasio, Rocío, Paula, Ana, Kike y otros más decidieron juntarse el sábado de las fiestas, con un recorrido por los bares que culminó con una comida de convivencia, ataviados todos ellos con una bonita camiseta conmemorativa en la que se lee: “Un brindis por l@s nacid@s en 1967. ¿Uno? o dos, o más”.

Y es que San Lorenzo en fiestas es punto de reencuentros, además de un barrio “donde nadie se siente de fuera, es algo que se ha dicho pero que es verdad”, comenta Agustín, de la peña Los Serenos, mientras acompaña a Carlos, de La Verde, en su labor de control para evitar que ningún vehículo llegue a la zona donde se desarrollaba ayer al mediodía el tercer encierro infantil de la ganadería de ‘Peluja’.

Ambos explican que San Lorenzo “en cierto modo es como un pueblo, todo el mundo se conoce y las relaciones, incluso entre gente de diferentes edades, son fáciles”.

Algo tendrá este barrio para que año tras año sus fiestas atraigan a gente de lugares como, por ejemplo, Sevilla, pues unas niñas sevillanas corrieron delante de los inofensivos astados en la calle Antonio Coronel. Entre los visitantes extranjeros destaca también un italiano que no hay agosto que no pise por San Lorenzo.

El encierro con las dos reses de ‘Peluja’, manejadas con maestría por José Antonio Herrero ‘Peluja’ y José Alberto Blanco Cano, cumplirá en 2019 veinte años y su promotor anuncia que “se hará algo especial”. Este año, como es habitual, han tenido un gran éxito de convocatoria, sobre todo el del martes y el de ayer sábado. Las expresiones de las caras de los pequeños corredores darían para todo un sesudo estudio de emociones, desde casi el pánico al alborozo desmesurado que se siente al correr como un Usain Bolt en formato mini. Lorenzo pegaba con fuerza a esa hora del mediodía y niños y grandes agradecieron el final del encierro con el agua de la refrescante manguera.

A la sombra y contemplando el encierro se encontraban tres amigas: Laura, de la peña Kalisay, con Miriam y Susana. Las tres destacan el “buen ambiente” del barrio y como madres agradecen la programación infantil de las fiestas, que incluso en algún caso se han solapado actividades. Las fiestas son para ellas encuentros con amigos, el momento de retomar vínculos. Con niños conciliar la vida familiar y festiva no es fácil, alguna de ellas confiesa que solo puede disfrutar de los momentos que comparte con sus hijos pero Laura replica que se puede salir de día y de noche. Bendita siesta, apuntan unos peñistas.

ALGÚN PERO

Carmen es una abuela que acompaña a sus nietas al encierro de ‘Peluja’. Lleva más de cuarenta años en el barrio y asegura estar orgullosa por la forma en la que las peñas sacan adelante las fiestas. Por poner algún pero considera que entre los más jóvenes debería campar más el respeto por los demás. Cuenta por ejemplo que todavía se ven cristales rotos en la Plaza de San Lorenzo —dice que este año ha sido un acierto hacer la fiesta de la espuma en el patio del colegio “porque está limpio de cristales”— y en otros puntos y ella misma ha propuesto que se pongan cubos para recoger estos envases. También hace un llamamiento a las peñas con local para que bajen el volumen de la música y así se pueda compatibilizar la fiesta con el descanso de los vecinos que ya se han retirado a sus casas.