La doctora segoviana, Angélica Muñoz.
La doctora segoviana, Angélica Muñoz. / EL ADELANTADO
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La doctora Angélica Muñoz, natural del municipio segoviano de Chañe, lleva cerca de catorce años en el Complejo Hospitalario de Segovia, donde realizó la residencia de Geriatría tras titularse en Medicina en la Universidad de Valladolid y obtener el doctorado por la Universidad Complutense de Madrid. Junto a un equipo de otras veinte personas, es coautora del primer registro multricéntrico autonómico de fracturas de cadera en Castilla y León, por cuyo artículo científico será premiada por el Ilustre Colegio de Médicos de Segovia.

Angélica Muñoz, junto a médicos de otras provincias, sacó adelante el primer registro multicéntrico autonómico de fracturas de cadera en Castilla y León. ¿Cómo es posible que, siendo un problema tan común, no existiese antes en España un documento así?
—Bueno, sí que hay muchas bases de datos y yo creo que cada hospital tiene la suya porque es algo que hemos podido comprobar cuando nos hemos puesto en marcha; hay que tener en cuenta que la Ortogeriatría lleva existiendo muchos años. En Castilla y León cerca de 15. Cuando nos hemos puesto en contacto con otros hospitales, cada uno estaba registrando esta información en su base de datos pero sin darla a conocer. Sí que existen publicaciones a título individual, pero de forma más coordinada, con toda la Comunidad, no existía nada. Este registro ha sido muy importante porque ha sido el impulsor y la antesala del registro nacional. En otros países como Inglaterra, Escocia, Australia o Nueva Zelanda ya se estaba haciendo, pero en España hasta este momento no. Desde hace dos años se está llevando a cabo un registro nacional de forma continua.

—Además cuando lo empezaron ustedes en Castilla y León no era continuado, ¿es cierto?
—Así es; el primer año, en 2014, correspondió a un único mes y en 2015 a dos meses, octubre y noviembre. Ahora el registro nacional es continuo; desde inicio de año hasta el final, con seguimiento al mes del alta hospitalaria. No obstante, trabajamos todos en equipo; tanto traumatólogos, anestesistas, geriatras como rehabilitadores. Es un trabajo de todos, porque Enfermería también aporta muchísimo al paciente ortogeriátrico. Auxiliares, celadores, la trabajadora social, aquellos que contribuyen, tanto en el prequirúrgico como en el postoperatorio, movilización precoz, preparación del alta hospitalaria, etc. hacen que el paciente y sus familiares tengan mejor calidad de vida ante un evento incapacitante.

—¿Qué es exactamente lo que se recoge en el estudio?
—Fundamentalmente son variables clínicas. No se recogen datos personales; ni el número de historia, ni apellidos. Se le asigna un número al paciente y se guardan datos clínicos, funcionales, sociales, cognitivos. Hay otros datos que también nos importan, como los referentes a la fecha de hospitalización, fecha de intervención quirúrgica, la fecha de alta, si se les inicia o continúan con tratamiento osteoprotector al alta. Fundamentalmente se trata de datos de funcionalidad para saber cómo caminaban, cómo se van caminando y cómo caminan al mes.

—¿Cómo surge la idea o la necesidad de recoger y analizar estas variables y qué busca con ello?
—Cada uno tenía su registro en el hospital, pero a partir del año 2014 y a raíz de las jornadas que hacemos junto a Traumatología, se decidió crear el grupo de trabajo de Ortogeriatría que está adscrito a la sociedad SCLECARTO; sociedad castellano-leonesa, cántabra y riojana. Este grupo de trabajo empezó a reunirse para configurar la hoja de recogida de datos a través de la bibliografía publicada, de las vías clínicas, de artículos, etcétera. Se consensuó la hoja de datos y a partir de ahí se fue difundiendo por todos los hospitales de la comunidad de Castilla y León y empezamos a recogerla a partir del Congreso de Castilla y León que tuvo lugar aquí, en Segovia. La doctora Pilar Sáez, impulsora de la Ortogeriatría en Castilla y León, me ofreció ser coordinadora en nuestra Comunidad y fuimos coordinando todo y presentándolo en los diferentes congresos y jornadas. También se lo presentamos a la Gerencia Regional de Castilla y León y decidimos publicarlo porque era algo que no se había hecho con anterioridad en España y se tenía que dar a conocer. A raíz de ahí, surgió otro grupo de trabajo nacional con la doctora Pilar Sáez como coordinadora a nivel nacional y comenzó nuevamente la difusión por los distintos hospitales.

—En su artículo queda constancia de que la falta de disponibilidad de quirófano suele retrasar la intervención quirúrgica, ¿es el aspecto en el que es más preciso mejorar la atención a pacientes de este tipo?
—En este artículo hay trece hospitales que han mandado datos y en cada hospital se trabaja de una manera. Los números también son diferentes; las estancias prequirúrgicas y las estancias medias son distintas y aunque no varían mucho, en estos pacientes uno o dos días sí que importan. Que la intervención quirúrgica en un paciente de cadera se demore más de 72 horas es importante. Queríamos plasmar el reflejo de lo que se estaba haciendo e intentar que todos trabajásemos por el mismo objetivo; mejorar la calidad de vida a estos pacientes ortogeriátricos, disminuir el número de complicaciones y que la funcionalidad sea igual o parecida a la que tenían cuando se rompieron la cadera. Lo que sí intentamos, sobre todo en el registro nacional, es buscar el equilibrio, igualar todo y que la intervención quirúrgica sea lo más precoz posible porque se está viendo que cuanto más lo sea, menos complicaciones y mayor movilidad va a tener el paciente; no sólo en el momento del alta, sino también pasado un mes del mismo. Sobre todo queríamos hacer hincapié en que cuanto más precoz sea la intervención, más le aportaremos al paciente. Tampoco se trataba de una auditoría, simplemente queríamos mostrar el reflejo de cómo se estaba trabajando en Castilla y León y destacar que si no tenemos un registro y no sabemos cómo hacemos las cosas, no podremos mejorar nuestro trabajo.

—Porque, aunque no se trata de alarmar a la población, hay un porcentaje importante de pacientes entre determinadas edades a quienes una fractura de cadera puede provocar complicaciones.
—Está claro; una fractura de cadera aumenta la morbilidad y la mortalidad del paciente enormemente. No sólo en el proceso agudo, ya que realmente la mortalidad es muy bajita, pero en los meses posteriores a la fractura de cadera, hasta incluso el año y los dos años, aumenta la mortalidad con respecto a otro paciente que no haya tenido una fractura de cadera. Es una patología muy frecuente que ocasiona una morbimortalidad importantísima en el paciente geriátrico y que le deteriora a nivel funcional de forma considerable. Y además, no sólo le deteriora a nivel funcional, sino que si el paciente está inmovilizado y no se le ha operado, está anémico o le aumentamos el riesgo de infecciones respiratorias, probablemente llegue a estar más confuso a nivel cognitivo. La verdad es que para la familia muchas veces es una catástrofe.

—¿Se puede concluir a partir de sus resultados que exista un perfil de persona propensa a sufrir fractura de cadera?
—Todos los pacientes mayores de setenta y cinco años a los que se detecta fragilidad, que comienzan con caídas —ya que éstas son síntomas propios de fragilidad— pueden tener una fractura de cadera, evidentemente. Luego es importantísima la prevención primaria de la osteoporosis. Muchos de los pacientes de nuestro artículo no tenían tratamiento antiosteporótico en el momento del ingreso; es decir, que no se les estaba haciendo prevención primaria cuando tenían osteoporosis y esto es, sobre todo, en lo que se tiene que hacer especial hincapié desde Atención Primaria. ¿Y el perfil? Pues mayor de 75 años, pluripatológico, frágil; si tienen deterioro cognitivo y tienen caídas, tienen mucha probabilidad de que vayan a tener una fractura de cadera.

—¿Y existe alguna manera de tomar medidas a una edad más temprana, a modo de prevención para no padecer estos problemas al llegar a la tercera edad?
—La osteoporosis hay que prevenirla y esto no sólo se hace con fármacos; hay muchas medidas como tomar el sol, hacer ejercicio, tomar alimentos ricos en calcio, evitar el tabaco, por ejemplo. Todo eso es esencial. Luego, en función de los antecedentes familiares y personales del paciente (analíticos, radiológicos, etc.) se deberá hacer una hacer prevención con medicamentos si lo precisan, realizando así una intervención más anticipada y más precoz.

—El premio que van a recibir no es económicamente muy alto, pero ¿qué tienen pensado hacer con él?
—Seguramente vaya destinado a continuar con la investigación o a las publicaciones. De cualquier manera, lo importante es sentirnos orgullosos en Castilla y León de haber dado el impulso al actual registro nacional. Desde el registro nacional se obtendrá más información que era necesaria porque en otros países se estaba haciendo y aquí aún no habíamos comenzado. Ha sido un gran trabajo en equipo que, sin la colaboración de los pacientes, de los familiares y del resto del personal de todos los hospitales, no habría sido posible. Y por supuesto, quiero agradecer al Colegio de Médicos de Segovia, no sólo el premio, también el apoyo estadístico que nos ha prestado para publicar este artículo.