Don Eulogio Moreno Pascual.
Don Eulogio Moreno Pascual.
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Aunque el tiempo inexorable borra muchas cosas, muchos acontecimientos e incluso el recuerdo de muchas personas, creemos que algunas de ellas merecen ser recordadas para que no caigan en el olvido.

Lo que queremos recordar estos días es el paso por este mundo de un personaje especial, digno de ser recordado por los que, sin haberle conocido personalmente, por imperativos del tiempo, hemos oído hablar de él en repetidas ocasiones por los que nos han precedido en la historia local de nuestro querido Arcones, y que ya hace años que han fallecido, a través del siglo transcurrido desde la fecha de su muerte, acaecida el 19 de enero de 1919.

Como advertirá el lector, me estoy refiriendo al sacerdote que fue párroco de nuestra Iglesia de San Miguel Arcángel durante los últimos años de su vida, don Eulogio Moreno Pascual, conocido como el poeta de la Sierra segoviana.

Como es natural, a él le han sucedido muchos hermanos en el sacerdocio (cien años dan mucho de sí) que, vaya por delante, nadie duda de su vocación religiosa y de su dedicación como titulares de la parroquia, y que habrán continuado su obra evangelizadora. Pero, de ello estoy seguro, ninguno como él ha dejado una huella tan profunda, para ser recordado hasta la fecha, con cariño, con admiración y con gratitud. Yo mismo, por mi edad, oí hablar de él por los que le conocieron y trataron, en infinidad de ocasiones, entre ellos mi padre, coetáneo suyo, y siempre para ensalzar su figura, su bonhomía, su sencillez, su cercanía hasta el más humilde de sus feligreses, en su mayoría pastores, que por su oficio sacrificado no podían asistir a los actos litúrgicos por él presididos. Ni a las eucaristías dominicales ni a las celebradas en los días de precepto.

Este inconveniente, insalvable por parte de sus feligreses, lo resolvía él salvando la distancia que separa la iglesia de la sierra, acercándoles el calor de su presencia y su palabra y, en alguna ocasión, según su propio testimonio, llevándole el viático a algún pastor moribundo. Huelga recordar que, en aquel tiempo, principios del siglo XX, no existía el número 112 para las urgencias y mucho menos el helicóptero que pudiera evacuar a los enfermos o a los heridos en el campo. Tampoco tenemos constancia de que, en esos casos, recibiera la visita del médico de turno. Eso estaba reservado, exclusivamente, a don Eulogio.

Por todo ello, otro poeta(1) nacido en Arcones e hijo de un maestro destinado en su escuela rural, escribió refiriéndose a don Eulogio las siguientes estrofas: “Yo recibí el bautismo con el agua/ que cristalina brota entre las peñas, con la dicha de haber sido el primero/ que bautizara aquel cura poeta./ El Pastor de pastores que, en estrofas,/ a la sierra y al cielo les uniera,/para después,/ solícito y amante,/ atender y cuidar de sus ovejas”.

En esos inspirados versos creo que queda resumida y reflejada la obra, la humanidad y la vocación del querido don Eulogio.

Mientras esas cosas se vivían en Arcones, la diócesis de Segovia estaba regida por don Remigio Gandásegui, el obispo que coronó canónicamente a la Virgen de la Fuencisla en el año 1916, y en el ámbito internacional se diría que el destino permitió a nuestro buen pastor vivir el desarrollo y final de la I Gran Guerra, aquella locura colectiva, aquella horrible herida que, por ser cerrada en falso, dio lugar a la Segunda. Ojalá aquí falle el refrán de que “no hay dos sin tres” porque, caso de acertar, sería algo monstruoso para el mundo.

Pero no nos apartemos del tema que nos ocupa. Decía don Antonio Machado que “nosotros nos conocemos mal y sabemos tan poco de nosotros, que tal vez lo mejor es lo que sepan y digan los otros”.
Pues teniendo en cuenta la filosofía de ese pensamiento, yo deseo traer a colación unos breves extractos de lo que pensaron y escribieron sobre don Eulogio algunos segovianos ilustres que le trataron personalmente y gozaron de su amistad.

Deseo hacer constar que lo que cito a continuación está tomado del archivo particular de otro poeta segoviano, Luis Mínguez “Orejanilla”, que me honró con su amistad “hasta que la muerte nos separó” y que fue publicado extensamente en EL ADELANTADO DE SEGOVIA en el suplemento del jueves 15 de noviembre de 1984, pero que yo estimo conveniente repetir, aunque sea resumido, para conocimiento de las actuales y futuras generaciones.

a) Empecemos por recordar lo escrito en su día por don Juan de Contreras y López de Ayala, el ilustre 9º Marqués de Lozoya (1893 – 1978), que le contó entre sus íntimos amigos, en los tiempos en que Pedraza y Arcones estaban unidos por un “sendero pedregoso”. Téngase en cuenta que la carretera comarcal que los une actualmente fue construida allá por los años 48-50 del siglo pasado:
[“Al mediar agosto del año pasado gozaba yo en Pedraza de la amplia hospitalidad del arcipreste, cuando determiné dejar el regalo de su casa y mesa para hacer mi anual visita al cura de Arcones.

Tomé el caballejo, y al atardecer de un día de mercado franqueé las puertas de la muralla y subí la cuesta de Las Rades. Anochecía cuando gané el sendero pedregoso que conduce, entre álamos y fresnos al lugar de Arcones. De noche cerrada me detuve ante un corral y golpeé la puerta; poco después, a la luz de un farol, vi relumbrar los ojos vivos del poeta serrano. A continuación y charlando animadamente en la soledad de su balcón, cara a las cumbres de la sierra, bien pronto pude notar que se habían operado grandes cambios, físicos y morales, en mi amigo carísimo. Su rostro tan fino e inteligente de campesino castellano había perdido su animación y su encendido color. ¡Sabe Dios qué enfermedad del cuerpo o del alma minaba su recia constitución! 2 Me dijo que hacía ya muchos meses que no subía a la sierra y, por animarle, quise que emprendiéramos un día la marcha, ya no a pie, como antes, sino caballeros ambos de rocines de seguro y sosegado paso. En la cima de “La Berrocosa” me confesó cuánto hubiera querido vivir para siempre en aquellos riscos, a solas con Dios.]

Quizás él sabía que gozaba por última vez de aquella su amada paz de las cumbres, donde las aguas y la nieve, el aire y la luz son puros y santos.”

b) —Don José Rincón Lazcano, en su trabajo titulado “Una limosna de amor” decía entre otras cosas lo siguiente:

[“¡Ha muerto uno de nuestros poetas! Un sincero y galán poeta, humilde y comprensivo, dulce y generoso que, como el santo de Asís, sabía platicar amorosamente con el hermano lobo. Su caridad fue inagotable; su fe, arraigada y poderosa; su amor a la tierra que le vio nacer, inextinguible y fuerte. Huyó de vanidades y exhibiciones mundanas; fue modesto y piadoso, sencillo y cristiano. Y era tan dadivoso de su propio bien, que apenas dejó una brizna para su provecho y amparo. Pastor de sus pastores de Arcones, que no ansiaba alabanzas, encomios, honores ni riquezas…¡Así vivía y así murió en aquella casa blanca, frontera de la cumbre excelsa de la “Berrocosa!

Segovianos: ¡Ha muerto un poeta nuestro! Un cantor enamorado y devoto de nuestras grandezas, de nuestra fe y de las costumbres y tradiciones patriarcales de la sierra Carpetana. Es un deber en todos nosotros honrar y enaltecer su memoria. Por eso me descubro y tiendo mi mano ante los segovianos de buena voluntad y les pido como limosna de amor, que se asocien y atiendan al coste de una lápida conmemorativa que, colocada en la fachada de la iglesia de Arcones, recuerde que en aquel rinconcito serrano vivió y murió un ministro del Señor, sencillo y prudente, que fue poeta y pastor de los pastores.” ]

c) —El insigne escultor don Aniceto Marinas, se dirigía a su buen amigo don José Rodao, en los siguientes términos:

[“Querido Pepe: No cumpliría con el mandato imperioso de mi alma si en el acto no respondiera con mi ofrecimiento material y artístico al noble y sentido llamamiento que Pepe Rincón Lazcano dirige a los segovianos en demanda una “limosna de amor” para honrar y enaltecer la memoria del virtuoso sacerdote don Eulogio Moreno, del poeta campesino que, como Gabriel y Galán, supo poner su corazón y su pluma al servicio de los más altos y puros ideales del arte y del bien.”]

d) —Por su parte, el doctor don Segundo Gila, se expresaba así, refiriéndose al cuerpo y al alma de nuestro poeta:

“Seco de rostro, sarmentoso en los trazos de su cuerpo, de mirar agudo y sonreír ingenuo, don Eulogio Moreno parecía el tronco añoso de un roble, con aspecto entre vegetal y roca.

Nadie como él acertó a cantar la grandeza de las sierras, las intensas emociones de la vida compartida entre el amor de Dios y el amor a la tierra. El pueblo de Arcones queda engrandecido, porque allí se guarda la tumba venerada del recio poeta de la sierra y de la fe.”

e) —Don José Rodao Hernández, el conocido periodista, escritor y poeta, (Cantalejo 1865 – Segovia 1927) director en su tiempo de la página literaria de EL ADELANTADO, escribió lo siguiente, con motivo del fallecimiento de su caro amigo:

“Murió silenciosamente, como había vivido y como quería morir. Como los enebros de Arcones que, combatidos por los vendavales en la falda de la sierra, se inclinan hasta besar el suelo, pero no se tronchan; mas nunca creíamos que tan rápidamente iba a derrumbarse su vida de hombre noble, bueno, generoso y santo”.

Tal era aquel hombre, justo y creyente, sufrido y resignado, enjuto de carnes y mirada penetrante, que subía a la sierra para escribir sus poemas y para orar.

En su amistad, en su cariño, en su bondad, en su sencillez, en su fortaleza de hombre creyente, me refugié yo en momentos angustiosos de mi vida, en horas de desolación y de tristeza.

No fumaba, pero siempre llevaba cigarrillos para repartir entre sus pastores. Y ellos agradecían el pequeño agasajo que el señor cura les llevaba hasta los mismos riscos de la sierra.

f) —Abundando en el tema, don Aurelio del Pino, con motivo de la muerte de nuestro poeta, escribió lo siguiente:

“Con don Eulogio Moreno desaparece el inimitable cantor de nuestra brava y pintoresca cordillera, la más bella porción del solar segoviano, cuyos encantos y embelesos él sintió con intensidad y pureza no igualables”.

E igualmente don Gonzalo España, otro de sus entrañables amigos, tuvo a bien escribir:

“Nos sobra con el monumento indestructible, de la cadena de abruptos peñascales donde vivió y murió, y sobre los cuales, cada vez que levantemos la frente para mirarlos, nos parecerá que se alza por encima del más erguido de sus picachos, mostrándonos el camino del cielo, el escultórico perfil del bondadoso cura párroco de Arcones”.

g) —Para completar este fiel testimonio relativo a nuestro querido don Eulogio, quiero hacerlo con dos ejemplos dignos de mención:

1º —El ofrecido por D. Mariano Quintanilla en su poemario “Poemas de ayer”:

“Abandonaste, pastor, tu rebaño/para embarcar en la muerta laguna, / cuyas riberas -arcano perpetuo- ponen temor, con disfraz de esperanza,/ en el vivir limitado del hombre”.

Y 2º y por último, el bello soneto que en su día, aunque muy posterior a su muerte, le dedicó la excelente poetisa Lucía Calle de Casado (Pedraza 1886 – Segovia 1969), con el título “Don Eulogio Moreno, Pastor y poeta”:

“Era un alma sencilla, buena y pura,/que en un rincón humilde se ocultaba,/ prodigando a su grey que le adoraba/ el inmenso raudal de su ternura.

Espíritu escogido que a la altura/ los ojos de la fe siempre elevaba,/ de su acendrada fe que derramaba/ en estrofas de célica dulzura.

Mas no era su mansión el bajo suelo/ y el hombre bondadoso y admirable/ vate que hizo una cumbre su Parnaso/ un día de la tierra emprendió el vuelo,/dejando, cual recuerdo perdurable,/ la estela luminosa de su paso”.

Y para terminar esta recopilación de testimonios escritos, rebosantes de admiración, cariño y respeto hacia nuestro siempre recordado Pastor y poeta, sería pretencioso por mi parte añadir nada más. Sólo quiero expresar un ferviente y sincero deseo: descansa en paz, nuestro querido don Eulogio, que el Señor te tenga entre sus elegidos y que no te olvides de rogar por nosotros.

——

1. José Domingo Salcedo, en su poemario “ESPINAS DE UN ROSAL”.

2. Según los doctores que le atendieron, padeció una anemia perniciosa que en poco tiempo acabó con su vida.