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Intervención sobre filigranas ofrecida por Marino Ayala y seguida por Isabel Álvarez, en primera fila, y otros asistentes. / NEREA LLORENTE
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La historiadora Isabel Álvarez, ayudante de Archivo en el Archivo Municipal de Segovia, y el ingeniero Marino Ayala, director de Filigranes, revista del Centre d´Estudis del Museu Valencià del Paper, sostienen que Segovia debería tener un centro dedicado a los molinos papeleros, así como mostrar su valor didáctico entre los escolares.

La propuesta ha sido lanzada en la sesión inicial de las III Jornadas de Turismo y Patrimonio Industrial, una iniciativa del Ayuntamiento de Segovia que se celebra los días 6 y 7 de noviembre en el espacio IEU Creativity Center de la Casa de la Moneda.
La concejala de Patrimonio Histórico y Turismo, Claudia de Santos, se ha mostrado receptiva a la solicitud y ha declarado que “hay posibilidades” para su desarrollo. También ha acogido gustosa la invitación Marino Ayala a participar en el próximo congreso de la Asociación Hispánica de Historiadores del Papel e incluso Claudia de Santos se anima a acoger en Segovia alguna de las próximas citas bianuales de esta entidad cultural.

La alcaldesa de Segovia Clara Luquero ha inaugurado las jornadas en las que participan representantes de instituciones y empresas relacionadas con el uso turístico de los recursos de patrimonio industrial. La primera sesión ha sido ‘El papel, las filigranas y los molinos papeleros segovianos’, ofrecida por Marino Ayala Campinún e Isabel Álvarez.

La historiadora que este curso ha sido nombrada académica correspondiente de la Real Academia de Historia y Arte de San Quirce recordó que la ciudad de Segovia ha contado con dos molinos papeleros, uno estuvo en lo que después fue Casa de la Moneda y el otro en la conocida como Fábrica de Borra. El primero era de la familia San Millán. Se dedicaba a la producción de papel y de harina. “Antonio de San Millán lo vende en 1582 al rey Felipe II para fundar el Real Ingenio y toda la maquinaria la mandan al Monasterio del Escorial”, expuso la investigadora. El otro era un molino papelero denominado de La Solana desde 1527 y ha pasado por un montón de avatares hasta que en el siglo XVIII aparece Bernardo Casaban, uno de los fabricantes más importantes de España. Isabel Álvarez explicó que en el siglo XIX se hace cargo de la factoría la familia Riber que estuvo fabricando papel normal y para libritos de fumar, hasta que a principios del siglo XX se reconvierte en fábrica de borra con la misma materia prima, los trapos, pero para hacer los regenarados para colchones y derivados de la borra. En 1986 el edificio es adquirido por el Ayuntamiento de Segovia y ha acogido varias escuelas taller.
La investigadora cree que el Ayuntamiento podría crear en cualquiera de los dos edificios, tanto la Casa de la Moneda como la Fábrica de Borra que son suyos, un centro dedicado al pasado “papelero” de la ciudad y de ahí desarrollar un programa didáctico que llegue las escuelas. La historia de la industria del papel es un buen recurso didáctico que pueda inculcar en los niños el valor de la sostenibilidad y del reciclaje, según Isabel Álvarez que no ve impedimento a que de ahí también se desarrolle un uso turístico ya que puede contribuir a mantener vivo este patrimonio. Esta filosofía de trabajo también es compartida por la concejala de Patrimonio Histórico y Turismo.

“Turismo y cultura son la misma moneda; otra cosa —declaró Claudia de Santos — es la ‘turistificación’ que degrada los recursos, pero si actividades de este tipo sirven para sacar a la luz el patrimonio de la ciudad, su historia y mirar al futuro desde el prisma de la conservación y la sostenibilidad y, además, trae gente, bendito sea”.

En el intenso programa de las jornadas también está presente la fábrica de chocolate de la familia Herranz, de Migueláñez, y la vieja estación de ferrocarril de la capital segoviana. Además se exponen dos ejemplos de buenas prácticas en actuaciones sobre el patrimonio industrial: el Museo de la Siderurgia y la Minería de Castilla y León, situado en la Ferrería de San Blas de Sabero (León), y El Caminito del Rey, paso construido en las paredes del desfiladero de los Gaitanes, entre los términos municipales de Ardales, Álora y Antequera, en la provincia de Málaga. É