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A sus 75 años, Albert Boadella (Barcelona, 1943) se  ha labrado una larga y fructífera carrera como dramaturgo, director teatral y actos en la que ha conseguido equilibrar  el apoyo mayoritario del público casi en la misma medida con las críticas acerbas de sus más irreconciliables enemigos. Con un amplio bagaje de más de 50 años a pie de escena, Boadella vuelve a dar otra vuelta de tuerca con ‘El sermón del bufón’ en el que repasa su trayectoria profesional y humana mirándose en el espejo para desdoblar su personalidad y sacar a relucir virtudes y defectos.

Llega a Segovia con una obra catárquica donde el protagonista es usted mismo. ¿Qué es lo que pretende contar?

‘El sermón del bufón’ es una expresión de libertad absoluta en la que no hay ficción, todo es real a diferencia de las obras de teatro. Es la realidad en la que de una parte está una vida artística  y en la otra la personal,  en la que me desdoblo  en dos personajes, uno es el ‘Albert’ y otro es el ‘Boadella’, que no siempre están de acuerdo y que sintetizan las contradicciones que tengo y que todos tenemos. Es un repaso sincero, sin cortapisas, de mi vida, de cosas que pienso y veo a mi alrededor, y tiene un tono humorístico, ironico y sarcástico pero también un cierto fin didáctico para que la gente vea que hay personas  y artistas que han hecho de su vida un principio de libertad, y de hacer lo que les da la gana.

 

¿Cómo se plantea el ejercicio de hablar sobre si mismo sobre un escenario?

Siempre lo más complicado es interpretarse a uno mismo, porque el público en el fondo siempre interpreta  el personaje con el que le miran los demás más que su propio personaje,  que es lo más complicado. Jugar con dos personajes me facilita la labor de no hacerme un auto homenaje porque el otro personaje a veces me resitúa y me llama histriónico o descerebrado, que es algo que a veces pienso de mi mismo. Cuando uno llega a una cierta edad, como tiene menos que perder, puede emplear la franqueza y exhibirla en público. A los 30 años no lo hubiera hecho jamás  porque no tenía ni la carrera ni la experiencia que tengo,  pero ahora  no tengo nada que perder.

 

¿Qué precio ha tenido que pagar por su libertad creativa?.

Precios pocos, más bien una enorme felicidad poder  tratar con gente amable, leal y cariñosa, el balance seria enormemente positivo. No puede pretender uno hacer lo que piensa sin que existan contrapartidas, y en ciertos momentos han sido políticas, de censura, o dejar de trabajar en la tierra en la que nací por un boicot  ciudadano instigado por la política. Un dia también me enfrenté a un proceso y a la cárcel y después al exilio, Eso son contrapartidas, pero creo que han sido pocos los tributos en relación a lo que he disfrutado y a lo bien que me lo he pasado.

 

¿Se siente más cómodo en el halago o en la crítica?

Yo no soy masoquista y uno se siente más cómodo en el halago, pero lo que pasa es que hay críticas que a uno le hacen sentirse muy bien. En este sentido hay un tipo de crítica que a uno le honora según de donde venga, y hay halagos que uno piensa que son sinceros y no lo son, pero insisto, no soy masoquista

 

No es la primera vez que viene a Segovia, y de hecho aún se recuerda la polémica que generó en la ciudad la representación de ‘Teledeum’.

Aquellos episodios no fueron agradables porque a veces fueron rifirrafes hasta arriesgados, pero con una emoción extraordinaria, porque en aquel momento la gente se tomaba en serio lo que sucedía en un teatro, tanto los que estaban en contra como los que estaban a favor, y que el teatro tocara así a la sociedad nos hacía sentirnos muy orgullosos. Creo que en Segovia tuvo que dimitir la concejala de Cultura, lamento que tuviera que hacerlo por nuestra culpa, pero era muy importante para la libertad de expresión de aquella obra.

 

Y en el horizonte más cercano, Tabarnia como símbolo de la lucha contra el nacionalismo catalán. ¿Qué recorrido le queda a esta iniciativa?

El recorrido de Tabarnia es incierto porque hoy en dia las cosas se queman con mucha facilidad. Dependerá de lo que hagan los nacionalistas, si siguen con esa actitud completamente satirizable en todos los sentidos, tendrá mucho recorrido. Creo que hemos conseguido una audiencia muy importante porque no es una opción política, sino que engloba un conjunto de pensamientos que no están por el nacionalismo y si por evitar la separación con el resto de España, que están satisfechos con España porque es un país fantástico lleno de libertades, y eso tiene una fuerza apabullante. Es un movimiento cívico que tiene la ventaja de ser alegre y divertido después de años de pesadumbre, por la política triste y endogámica del nacionalismo, y por eso seguramente  tendrá más recorrido.

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