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El vino, protagonista en las jornadas./Diego Gómez
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Un viernes más, en este caso el pasado 16 de noviembre, el Otoño Enológico organizado por la Fundación Caja Rural de Segovia invitaba a comenzar el fin de semana con sus divertidas apuestas de maridaje. San Antonio El Real y el Restaurante La Postal de Zamarramala protagonizaban la jornada con el habitual cartel de “no hay entradas” gracias a un público entregado y, a estas alturas, más que entendido.

Arrancaba la primera cita enológica en San Antonio el Real, una joya escondida junto al nacimiento del Acueducto, que guarda una colección única de artesonados mudéjares en sus techos centenarios. Garbanzos de Valseca guisados con boletus edulis; cecina de León sobre torrija de tomate y mango; y taquito crujiente de cordero asado a baja temperatura acompañado de su salsa afrutada, fueron las propuestas gastronómicas de mercado elaboradas por el jefe de los fogones, Diego Isabel Gallego, que maridaron con maestría con la propuesta de vinos de Soto Manrique, una bodega de la DOP Cebreros que pretende trasladar el paisaje, sus costumbres y sus gentes, a una copa de vino.

El sumiller Paco Plaza fue el conductor, junto al Chuchi Soto, responsable de la bodega, de un viaje gastronómico y sensorial que fusionó la Sierra de Gredos con la meseta castellana. ¡No me extraña que Enrique IV de Castilla costumbrara a disfrutar de este palacio! Un maridaje de reyes, con sabor a convento, a arte, a raíces…y a la vez a diseño y vanguardia.

No fue menos en el caso de La Postal, donde sus magníficas vistas son ya un aliciente a destacar por tratarse de uno de los lugares en los que supone un lujo observar la bella Segovia. Los vinos de Bodegas Valle de Botijas y las propuestas gastronómicas de La Postal hicieron de la noche otra de esas experiencias para no olvidar, algo ya también habitual en los eventos de este Otoño Enológico.

Si, además, abres y cierras el evento con vermú y cóctel, respectivamente, de Garciani, el vermú con personalidad segoviana elaborado con vino base de verdejo “del bueno”, del de la provincia, muy mal se tiene que dar para que el nivel de satisfacción no sea de un cien por cien.

Los de Valle de Botijas son vinos con carácter y con una personalidad que, como ellos mismos dicen, refleja el esfuerzo de esta bodega ubicada en el corazón de la Ribera del Duero y villa de grandes viticultores, Pesquera de Duero. Verdejo 100% y rosado, garnacha 100%, auténticos, puros, sinceros… elaborados con uvas procedentes de viñedos segovianos (Nava de la Asunción y Valtiendas, respectivamente) y tinto redondo y original fruto de un coupage de tempranillo, merlot, syrah y cabernet sauvignon hicieron las delicias de los allí presentes: Ángela 2016, Lorena 2016 y Valle de Botijas 2014, todos ellos, con la contraetiqueta de Vinos de la Tierra de Castilla y León.

Y es que no es necesario tener una contraetiqueta de una denominación de origen para elaborar grandes vinos y mucho menos si ésta lleva la firma, literalmente, de Juan M. Martín Cámara y Ramón M. Cobeña Aguilar, los “culpables” de que este bonito proyecto lleve casi 10 años en marcha. De la buena mesa, nada que objetar sino que ensalzar: Cigala plancha con mouse de queso, habitas, ibérico y miel de cítricos; Crema de puerro del carracillo con sardina ahumada y costrones de pan, Bacalao gratinado con alioli de ajo negro, tinta y crema de piquillos confitados; Carrillera de ternera estofada con parmentier de boniato y cardamomo, con tirabeques salteados y almendra rallada; y Brownie de chocolate, tierra de menta y pastas de mantequilla.

Exquisiteces de la mano del chef Joni Barroso que sirvieron para resaltar las lindezas de los vinos, vermú y cóctel presentados y “saciar el hambre de experiencias especiales” de los asistentes.

La nota de transparencia y el carisma musical estuvo a cargo de Silvia Sanjuán, una de esas artistas de dulzura aparente y magnetismo potente que completó una noche tan redonda como los vinos, vermú y gastronomía que se presentaron.