Alrededor de una treintena de personas se atavió recordando a los personajes que una vez poblaron los andenes de dicha terminal.
Alrededor de una treintena de personas se atavió recordando a los personajes que una vez poblaron los andenes de dicha terminal. / L. M.
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El Tren de las Emociones arribó a la antigua estación ferroviaria de Segovia ayer a las 12.15 horas, según lo previsto y sin ni un solo minuto de retraso. Con esta ya van diez las ediciones de este evento que, organizado desde la asociación Plaza Mayor, evoca todos aquellos momentos vividos en andenes, vagones, vías y cantinas de las estaciones de tren, cada vez más en desuso e, incluso, en abandono.

La jornada comenzó a las 10.00 horas en la antigua estación de Renfe de la capital, con el pregón a cargo del periodista Alfredo Matesanz que acompañó a la expedición. “Son dos horas de camino hasta Madrid capital, qué romántico es el viaje que nos permite pensar, leer cruzando los túneles, charlar y hasta descansar. Fuera discurre el paisaje de flor, de encina y retama y hasta Machado describe los olores que notaba cuando viajaba a Segovia para abrazar a su amada”, declamó el pregonero.

A las 10.42 partía el tren con destino a El Espinar en el que se adentraron alrededor de 30 personas — niños y mayores — todos ellos ataviados como si de la década de los 60 se tratase. No faltaron varios efectivos de la Guardia Civil, el revisor, el cartero y un hombre que, haciendo las veces de vendedor ambulante, cargaba bajo el brazo una gallina.

Al llegar a la estación espinariega fueron recibidos por la alcaldesa, Alicia Palomo. Se procedió, también, al homenaje de Antonio Yagüe, pastelero del municipio y a una posterior actuación de la Escuela de dulzainas de San Rafael. Tras todo el ajetreo, la caravana regresó a la capital, de nuevo en tren.

Este año, se conmemoraron los 130 años de la inauguración de la línea Villalba-Segovia. “Que este tren es compatible con la alta velocidad porque el encanto que tiene no se puede despreciar”, dijo Matesanz.