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Parra cantó algunas canciones tras recibir el premio./NEREA LLORENTE
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En un aula de San Quirce — sede de la Real Academia de Historia y Arte de San Quirce de Segovia — abarrotado de locales deseos de disfrutar de la música y, sobre todo, de la prodigiosa voz de quien recogía ayer el XXIII Premio Europeo de Folclore Agapito Marazuela, el vallisoletano Eliseo Parra, surgió la magia.

La gala, presentada en su mayoría por Ángel Román, miembro de la Asociación Cultural Ronda Segoviana, organizadora del evento, contó con la presencia de la alcaldesa de Segovia, Clara Luquero; la diputada del Área de Cultura, Sara Dueñas; el vicedirector de la Real Academia de San Quirce, Carlos Muñoz de Pablos; el presidente de la Ronda Segoviana, Carmelo Gozalo Prieto y la gran intervención del consejero del Instituto de la Cultura Tradicional Segoviana ‘Manuel González Herrero’, Joaquín González-Herrero González.

Este último se ocupó de poner en antecedentes y de señalar los méritos y virtudes que posee el folclorista pucelano a quienes, según sus palabras, “son los verdaderos protagonistas de la noche y de la vida de Eliseo Parra”, el público que, llegado el momento, se deshizo en aplausos, muy prolongados en el tiempo, para el ganador de esta edición del 23 premio Agapito Marazuela.

Para este, únicamente halagos. “Es uno de los grandes del folclore y de la canción”, dijo Román. González-Herrero, por su parte, definió a Parra como “un músico ante todo, con el esqueleto hecho de ritmo, con la capacidad de tocar todos los instrumentos de percusión y con una voz privilegiada que nos transporta al pasado”. El consejero de San Quirce, terminó su disertación advirtiendo que, desde ahora, “Parra queda unido, que ya lo estaba, de una manera más oficial a la figura del gran Agapito Marazuela”.

La estatuilla de bronce propia del premio que acontecía, un pergamino que lo acredita y una insignia de plata de la Ronda Segoviana que ratifica al músico vallisoletano como miembro de honor de la misma, fueron los obsequios que recibió un emocionado Eliseo Parra. Una vez terminada la entrega de premios, el aula de San Quirce hizo las veces de escenario para la dulzaina y el grupo de danzas de La Esteva que deleitó a los espectadores con la entradilla típica de Agapito Marazuela. “Yo quiero bailar”, espetó Parra ante los artistas.

“No creí que emocionara pero sí que emociona, sí. Tenía razón Agapito cuando decía que emocionaba esto de la entradilla”, comentó el galardonado entre lágrimas. Una vez recuperó el aliento, agradeció recibir un premio de este calibre y no dudó en dedicárselo a todos aquellos que “mantienen la música tradicional”. “Dicho esto, canto un par de temas y quedo mejor”, bromeó el músico, quien se enfundó su guitarra y comenzó a hacer magia, inundando el aula de música, de voz y de folclore ante un público maravillado con sus dotes.