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Honorio M. Velasco en el centro. Presentación de una de las I Becas de Investigación IGH 2013. / E. Maganto. Sep. 2015
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Patrimonio Cultural Inmaterial es la categoría que instituyó la UNESCO para designar y salvaguardar al Folklore y la cultura tradicional de la amenaza homogeneizadora de la globalización. En realidad, la amenaza era y sigue siendo múltiple. El despoblamiento de las áreas rurales es un factor relevante y sus consecuencias devastadoras, los cambios en los modos de vida instalados también en esas áreas convierten en descontextualizadas a muchas prácticas de la cultura tradicional, incluso la elevada regulación y control administrativo tanto de actividades laborales, productivas, comerciales, sanitarias como recreativas y de orden público han impuesto numerosas exigencias y difíciles de cumplir, de forma que prácticas de la cultura tradicional que antes se ejecutaban contando con el consenso común y la tolerancia implícita de autoridades comprensivas ya no caben en este mundo moderno de susceptibilidades y sensibilidades plurales. Las condiciones básicas de la protección del patrimonio cultural inmaterial son por supuesto el respeto a los derechos humanos y a las normas elementales de la convivencia.

La Revista Digital enraiza2 es ante todo lo que la UNESCO calificaría como una medida de protección del Patrimonio Inmaterial en Segovia. Hasta ahora ha desempeñado -y ha de seguir haciéndolo- un papel destacado. Es sin duda un medio de comunicación y de difusión, pero también de mediación entre generaciones, entre poblaciones, entre los que se quedaron y los que se fueron, entre los que eran portadores de patrimonio (y no lo sabían) y los revitalizadores venidos de la modernidad, entre los de toda la vida y los neo-tradicionales, entre la ciudadanía y la administración, entre los digitalizadores y los digitalizados. Una buena serie de los artículos publicados representan una recarga de significado y de valor a las manifestaciones. La información proporcionada permite una mejor comprensión de prácticas a las que a menudo se las ha menospreciado por rutinarias (en ese sentido que a veces se le da a la tradición de enésima y ciega reproducción de lo que se hacía antes). A veces es posible comprobar que la práctica hoy es fiel repetición de lo que se hacía, pero también es frecuente comprobar cuántos cambios se han realizado y no solo en los últimos tiempos. E incluso es posible que en algún caso no se confirme la antigüedad que se le suponía. La recarga de significado no significa necesariamente recuperar los orígenes, -esos supuestos orígenes remotos que en la mayoría de las ocasiones no están documentados o lo están muy fragmentariamente-, sino más bien constatar sus vicisitudes, tiempos álgidos y tiempos de decadencia, abandonos y recuperaciones (los estudios sobre paloteos, sobre alcaldesas, sobre gabarras, por ejemplo, ofrecidos en la revista son muy ilustrativos al respecto). La patrimonialización es precisamente una recarga de significado cuando se aprecia que las manifestaciones de la cultura tradicional se han sumado a la memoria colectiva de los pueblos y éstos se reconocen en ellas y las incorporan como signos de identidad. Se hace necesario subrayar que se trata de “patrimonio vivo” y los sentidos que hoy adquieren no son estrictamente los mismos que los que tuvieron en tiempos pasados y su conocimiento no deja de ser un reconocimiento a las generaciones anteriores, pero a la vez un acto de afirmación comunitaria en el presente. Es en buena medida una “segunda vida” (los estudios sobre Sierra vieja, por ejemplo, o sobre las semillas, también ofrecidos en la revista muestran literalmente revitalizaciones) y tiene mucho de sorprendente si se tiene en cuenta que lo que era una concepción predominante de desarrollo había destinado la cultura tradicional a la desaparición, pero la visión crítica que logró redimensionar el desarrollo bajo el criterio de la sostenibilidad, redescubrió la cultura tradicional como conjunto de conocimientos y prácticas que se regían por ésta. Es obvio que el patrimonio inmaterial vincula a las generaciones actuales con las que les precedieron, pero tendría que ser igualmente obvio que proporcione sostenibilidad y además refugio y gozo ante los tecnicismos y la artificiosidad de la globalización (aunque inevitablemente esté contaminada por ellos).

La revista se ha hecho eco de las manifestaciones tradicionales declaradas de Interés Cultural Provincial como los Cirios, el Diablillo en Sepúlveda, o la Octava del Corpus en Fuentepelayo. Esta medida de protección sigue los pasos de la Convención de la UNESCO de Patrimonio Inmaterial de 2003 (y en el ordenamiento jurídico español se anticipó a lo establecido en la ley española de Patrimonio Inmaterial de 2015). La difusión de esas declaraciones es un compromiso de la revista, si bien puede ser un paso para un objetivo más ambicioso. La UNESCO toma como requisito indispensable para incluir un elemento en su lista representativa declaraciones como esta. Y habría de entenderse todo este proceso no tanto como una competencia entre poblaciones que a veces parece que se hubiera estimulado, sino en el sentido originario que la propia UNESCO promovió: un ofrecimiento, una contribución de diversidad cultural para una comprensión de la Humanidad como un todo, pues es la condición humana la que hermana a todos los pueblos. Las contradicciones de la globalización conllevan estas distorsiones de entender como apropiaciones de exclusividad lo que puede ser más bien riqueza de todos.

Patrimonializar especialmente significa transmitir a las jóvenes generaciones el legado que constituyen los conocimientos y prácticas tradicionales. En la era digital la transmisión se ha dotado de rutinas y hábitos tecnológicos que pretenden el consumo en presente pero cuyo alcance se proyecta hacia un futuro indefinido en el tiempo y sociológicamente difuso. Posiblemente tenga destinatarios concretos en las jóvenes generaciones segovianas pero puestos en la red potencialmente recorren el mundo virtual. Para el volumen de información circulante pueda que sea una pequeña corriente en un inmenso mar, pero suma. Hay otra metáfora digital más atractiva, la de “portal”. La revista enraiza2 ofrece un portal de entrada por el que transitar hacia un mundo propio de cultura tradicional, un mundo acogedor en el que reconocerse. La otra metáfora, la de red, es la que puede permitir establecer y reforzar las vinculaciones y la que dinamiza ese movimiento social que siempre estuvo en el núcleo de la vitalidad de la cultura tradicional. enraiza2 es un título que también está formado por una metáfora analógica y un signo digital. Un híbrido muy apropiado para esta era. Su “papel” está bien justificado.

Reconocimientos finales: Sin la entrega y el esfuerzo y el estudio de Esther Maganto esta revista no hubiera sido posible, y sin el apoyo de Sara Dueñas y de Francisco Vázquez y de la Diputación Provincial de Segovia tampoco. Además, siempre ha contado con el respaldo necesario del Instituto “Manuel González Herrero”. Y lo más importante de todo, el mayor de los reconocimientos lo merecen las aportaciones de las personas, que han dedicado buena parte de sus vidas a los estudios y a las prácticas de la cultura tradicional, de los grupos que la mantienen y disfrutan y de los pueblos de Segovia, sus auténticos portadores, que lo han sido todo para esta revista. Ya lo eran antes de ella y, con toda seguridad, lo seguirán siendo en el futuro.

(*) Catedrático emérito de la UNED. Miembro del Consejo Asesor del IGH.