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Marisa Duque, en primer término, junto a la alcaldesa de Segovia, ayer durante el acto de reconocimiento a su padre Dionisio Duque. / KAMARERO
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Marisa Duque lleva las riendas del Restaurante Casa Duque con orgullo y responsabilidad, desde el respeto a la tradición y el interés por seguir contribuyendo a la gastronomía segoviana del Siglo XXI. Preside además la Fundación Dionisio Duque, en memoria de su padre, maestro asador de gran reconocimiento, desde donde impulsa el buen hacer en la gastronomía, la investigación culinaria y la mejora de la calidad en hostelería.

Este acto de homenaje y reconocimiento de la ciudad de Segovia a Dionisio Duque es motivo de alegría para su familia pero probablemente también de nostalgia, por el recuerdo de tu padre. ¿Cómo lo ha vivido?

Muy contenta porque sí es un día de mucha alegría, y de nostalgia, pues siempre en la pérdida de un padre, que no solo fue mi padre porque fue mi ejemplo en el trabajo y en la vida, te queda un recuerdo cariñoso, dulce, esa sonrisa dulce, porque fue el faro por donde yo me guiaba. Hoy ha sido un día muy importante y agradezco mucho a la ciudad, a nuestro Ayuntamiento, que haya estado a nuestro lado y haya promovido la placa ‘Dionisio Duque, Maestro Asador de Segovia’ en la glorieta. Es una iniciativa que comenzamos el Ayuntamiento y yo hace muchos años y que hoy hemos podido llevar a buen término.

¿Os habéis sentido arropados por Segovia?

Claro. Ha sido un acto muy bonito y estoy contenta de ver que Dionisio Duque era un hombre querido y admirado, y muy respetado en su profesión y en la ciudad.

Con esas placas en la glorieta el nombre de Dionisio Duque queda ligado para siempre al callejero de la ciudad pero, además, la Fundación Dionisio Duque lleva tiempo honrando su memoria y entiendo que lo seguirá haciendo en el futuro. ¿No es así?

La Fundación tiene una actividad que vamos a aumentar a partir de septiembre. Nació como un gesto de cariño hacia mis padres y me honro en presidirla porque lo único que quiero es cuidar las figuras de mi padre y de mi madre, de ese ejemplo de vida que dieron como padres y como profesionales, un matrimonio que dio ejemplo como familia, como piña en la que miraban por todos los de la casa, que todos somos familia, no solo por mí. Él decía que cada persona que viene a esta casa es familia y algunas personas llevan 48, 35 años, muchísimos años; personas que algunas han sido más importantes en mi vida que familiares a los que ves muy poco. Es ese devenir de las cosas que van pasando, con sus ratos buenos y regulares, a veces con algún disgustillo. A todos se lo agradezco.

Dionisio Duque era una persona carismática, popular, muy conocido no solo en Segovia ¿Todavía llegan clientes al restaurante que se acuerdan del maestro?

Cada día. Esta casa es un gran legado y un motivo para seguir luchando todos los días pero la herencia real es el gran amor que ha dejado Dionisio Duque por todos los sitios y la imagen de señor cabal, responsable, honrado, trabajador, divertido, emocionante, arropando absolutamente a todos los que entraban aquí. Entrara quien fuese por la puerta, desde el Rey a señoras anónimas, a quienes alagaba con muchísimo cariño porque el perdió muy pronto a su madre, a los 14 años, y tenía un trato muy especial y cariñoso con ellas. Hay clientes que son bisnietos de los primeros clientes —Casa Duque se fundó en 1895— y me dicen “aquí me traía mi abuelo” y hay abuelos, aunque esto ya no es tan habitual, que también dicen lo de me traía mi abuelo. Esto es una casa y una casa es algo más que un negocio, es un montón de recuerdos que nos invaden todos los días y nos animan a seguir luchando porque este testimonio siga adelante fresco y lozano con la quinta generación.
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