Alfonso Domingo, agosto de 2013.
Alfonso Domingo, agosto de 2013.
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Alfonso Domingo (Turégano, 1955) ha recorrido el Amazonas durante los últimos treinta años y acaba de publicar La Serpiente Líquida, un Viaje Amazónico con los Chamanes y las Plantas Maestras (Punto de Vista Editores). Este segoviano, novelista, cineasta y reportero de prestigiosa trayectoria, aborda en la obra el universo del río más largo del mundo (7.062 kilómetros) con un enfoque periodístico que recoge desde múltiples ángulos la compleja realidad del Amazonas. También ha realizado un documental sobre estas experiencias, que se exhibirá en el festival Muces de Segovia el próximo noviembre.

— ¿Qué camino recorre un segoviano de Turégano hasta ponerse a buscar chamanes por el Amazonas?
— Bueno, soy fruto de dos familias de dos abuelos fascinantes, Valentín Álvaro, de Turégano, y Narciso Domingo, de Burgos. El primero era herrero y para mí tenía la magia del fuego, y el segundo tenía una gran biblioteca donde comencé a leer a los clásicos de la novela de aventuras. De allí, por los viajes y las aventuras, vino mi pasión por Amazonas.

— ¿El libro describe un viaje interior o exterior? ¿Coinciden o difieren ambos trayectos?
— Todo viaje, aunque externo, siempre tiene una dimensión interna. Más en el Amazonas, que puedes viajar con plantas maestras, lo que sin duda es otro viaje. De mis primeros viajes, con experiencias visionarias, volví al mundo de mi pueblo, Turégano (lo reflejo en mi primera novela, La Madre de la Voz en el Oído), así que todo parece encajar, los viajes exteriores e interiores, incluso cuando viajas al pasado, a la infancia, que, por cierto, para mí fue muy feliz.

— Muestras en la Serpiente Líquida un interés muy amplio por los países, poblaciones y selvas que has visitado, una visión que abarca desde las músicas populares en cada zona hasta los artistas plásticos locales o proyectos turísticos. ¿Es imprescindible una óptica multidisciplinar para escribir un libro de viajes?
— Sí, porque al viajero lo envuelven sonidos, olores, colores, paisajes distintos, personas con las más variadas ocupaciones. Reflejar todo eso es necesario para que el lector pueda viajar contigo y recibir una impresión parecida.

— Desfilan por las 400 páginas de la obra todo tipo de personajes: empresarios, prostitutas, religiosos, periodistas… ¿Cuál de los retratados te ha resultado más fascinante y propio del río?
— Bueno, hay varios personajes, sobre todo los que tienen que ver más con la selva, como los del parque Nacional el Manu en Madre de dios, en Perú, o don Sabino, el curandero de 96 años de Sarayacu, en Ecuador, Nixon, el guía de Leymebamba, o mi amigo Eleuterio Merino, de Tarapoto, fotógrafo y que ha tenido grandes aventuras en la selva. Hay mucha gente fascinante.

— También aparecen en el libro huellas asombrosas de gallegos en el Amazonas, como la del “rey de los jíbaros”… Se narra la epopeya de exploradores legendarios como Orellana, Alonso de Alvarado o Pizarro, pero reivindicando el papel de otros menos conocidos como Pedro de Ursúa. ¿Han caído en el olvido histórico personajes esenciales? ¿Cúales son los más relevantes?
— Depende de la zona en cuestión, pero sí, se han perdido en el olvido personajes del descubrimiento y la conquista, e incluso de tiempos más cercanos, como el gaditano Luis Gálvez Rodríguez de Arias, que fundó un estado en Amazonas en 1899, el estado independiente do Acre, en Brasil (hice una novela sobre él, la estrella solitaria, a la que le dieron el premio Ciudad de Salamanca en 2002) . En general hay historias muy atractivas, como los españoles que construyeron algunas ciudades que fueron devoradas por la selva, como en el norte de Perú.

— También aparecen personajes y acontecimientos propios de Cien Años de Soledad. ¿Siguen existiendo o son figuras del pasado ya en vías de extinción?
— Siguen existiendo, aunque las nuevas tecnologías, la velocidad del mundo y el turismo parece que van a acabar con ellos. Pero en muchos lugares, en muchas, esquinas, existen historias fascinantes. Y también, lo que yo llamo el síndrome de la telenovela, la banalización de todo. Los personajes y acontecimientos de ese tipo, podíamos llamar realismo mágico o simplemente realismo en sudamérica y en el Amazonas, pueden surgir en cualquier momento, pero de la misma manera se esfuman. Quedan, pero cada vez menos y hay que rebuscar más.

— Una línea histórica del interés universal por el Amazonas va desde los negocios del caucho hasta los del narcotráfico o la industria turística de masas. ¿Es posible otra forma de contemplar las potencialidades de la zona o sólo se observa como fuente de recursos económicos para los países ricos?
— La selva siempre ha tenido para occidente, o mejor dicho, para el sistema económico imperante, un objetivo extractivista, sacar recursos naturales, ya sean vegetales, animales o minerales. Eso no ha cambiado, a pesar de la conciencia ecológica. Allí la gente tiene que vivir, y no vive del aire. He visto a campesinos y recolectores que venden árboles de caoba por una miseria, porque tienen que comer. Si no se asegura la subsistencia de la gente, seguirá pasando. El último boom, la última fiebre, es la de la ayahuasca.

— ¿Está propiciando la ayahuasca un tipo de turismo espiritual?
— Sí, lo está propiciando, al igual que una élite indígena se ha metido en esa dinámica, donde hay dinero y temas de poder. No sé si se podrá revertir, me temo que no, y alguna culpa hemos tenido lo que hemos hablado o escrito de la Ayahuasca, que como siempre digo, no da la sabiduría ni la felicidad, porque eres tú mismo. Si acaso te da pistas y energía para la vida y sus pruebas, y cierta serenidad. Hay mucha gente que busca respuestas, entender algo de la vida y seguirá yendo allí. La Ayahuasca se está esquilmando en algunas partes. Han salido brujos maleros, al igual que curanderos buenos, y todo se está distorsionando. Sí al menos sirviera para que el mundo occidental recobrara la cordura, pero me temo que no será así.

— Explica algunos casos de curación mediante la ayahuasca suministrada por los chamanes.
— Sería largo y prolijo. He asistido a casos, pero no son curaciones milagrosas. En cualquier caso, si el paciente o asistente a la sesión ha utilizado sabiamente lo que ha recibido en la visión, avanzará en su curación, que tiene que ver con el espíritu o el alma tanto como en el cuerpo.

— ¿Está extendido el fenómeno o se ha reducido a pasto de los antropólogos?
— Se ha extendido, sobre todo de unos años a esta parte. En Iquitos, por ejemplo, capital del turismo mágico, existen ahora unos 150 chamanes, y desde luego, solo hay una media docena recomendables.

— Una parte especialmente valiosa del libro es la descripción de expediciones científicas en los tiempos de la II República. ¿Existe algo similar en la actualidad abordado por algún país o todo se limita a la consecución de bienes?
— Hay de todo, desde proyectos muy altruistas, hasta los que propician farmacéuticas para hallar remedios y luego patentarlos. En el Amazonas aún se pueden descubrir muchas especies, muchos remedios, pero sobre todo, debemos verlo, como lo que es, un ecosistema único que es necesario para el equilibrio del mundo. Afortunadamente hay muchos científicos que aman la vida y trabajan para la conservación de especies animales y vegetales amenazadas.

— Cita a muchos personajes merecedores de un libro o de una película. ¿Cuál te gustaría más poder llevar a cabo?
— La epopeya de Luis Gálvez me parece merecedora de una película. Yo mismo escribí un guión que estuvo a punto de hacerse, pero una película es cara, y más si es de Selva. De otros, más actuales, haría un documental, como del Padre Paolino Baldasarri, que murió ya, y era un gran defensor de la floresta. Fue el que le enseñó a hacer “empates” a Chico Mendes.

— La Serpiente Líquida muestra una grave preocupación ambiental. ¿Es la mayor de las amenazas? Se cumplen en diciembre 30 años sin Chico Mendes. ¿Se ha recogido su testigo o el asesinato marca un punto final?
— Mucha gente ha recogido el testigo de Chico, y vemos todavía que siguen muriendo líderes de la lucha medioambiental. Es, desde luego, la mayor amenaza, porque los árboles que se cortan tardan muchos años en crecer, y lo que se dedica a pastos y queda arruinado en varios años es prácticamente imposible que vuelva a ser selva.

— El Amazonas aparece como un cuerpo atacado por fiebres de la codicia humana: el caucho, el oro, el petróleo, la cocaína… ¿Cuál es la más grave en estos momentos?
— Aunque hablamos del peligro medioambiental, efectivamente, tal y como he escrito hace tiempo, el principal problema es la fiebre. La selva produce fiebre, en la sociedad occidental y capitalista, como la extracción de los recursos. Si deja de convertirse Amazonas en el mayor almacén de agua dulce del mundo, y los polos se están derritiendo, las catástrofes pueden ser tremendas en un próximo futuro.

— ¿Es mayor lo desconocido que lo que se sabe del Amazonas?
— Aún hay lugares donde impera el misterio, y está bien que sea así, como esas tribus de indígenas, no contactadas, que deben dejarse igual. Se sabe mucho del Amazonas y de sus extraordinarios equilibrios, así como de su tremenda vulnerabilidad.

— Tu texto desliza una defensa del viejo periodismo, el valor de la libreta o la carretera y manta. ¿Debe volver a las raíces el oficio?
— Me temo que el oficio, tal y como lo conocimos y practicamos algunas generaciones, ya no existe. Debería volver a las raíces, por supuesto, pero chocamos con la realidad del mundo de hoy, donde la gente no lee diarios, se informa o malinforma por las redes, no contrasta las opiniones, y los medios, que se alimentan de la publicidad, están sujetos a intereses económicos y políticos, y no les interesa la verdad de los temas, sino otros intereses. Espero que al menos en el sector público y televisivo, que es donde me he movido mucho tiempo, se vuelva a unas prácticas razonables.

Un segoviano multifacético
El segoviano Alfonso ha publicado numerosos libros periodísticos y de carácter histórico además de varias novelas, algunas de las cuales le han valido distintos premios literarios. Entre ellas, pueden citarse La Madre de la Voz en el Oído (1991), Premio Feria del Libro de Madrid; La Estrella Solitaria (2003), VII Premio de novela Ciudad de Salamanca; El Espejo Negro (2011), Premio Ateneo de Sevilla, o El Enigma de Tina (2012), Premio Ateneo Ciudad de Valladolid. En 2014, publicó La Balada de Billy el Niño.

En su faceta audiovisual, Alfonso Domingo ha dirigido y participado en un centenar de documentales y una veintena de series televisivas. Entre su filmografía más reciente destaca la dirección de “La memoria recobrada” (2006, Argonauta Producciones y TVE), serie documental de cinco capítulos sobre la guerra civil española; ese año también codirigió “Almas sin Fronteras”, la historia de la Brigada Lincoln (Diagrama Producciones y TVE). En 2009 dirigió “Sahel, nuestra ribera” (Mali, Senegal y Burkina Faso, Argonauta Producciones) y “Bajo Todas las Banderas. Españoles en la II Guerra Mundial” (TVE, Canal de la Historia, Argonauta Producciones y TVG). En 2012 codirigió “Dormíamos, despertamos” (2012), retrato del movimiento 15M visto desde dentro. En 2015 codirigió “Héroes invisibles, afroamericanos en la guerra de España”, y un año más tarde “Melchor Rodríguez, el ángel rojo”, segundo premio del concurso Imaginera del Centro de Estudios Andaluces. Ha recibido durante su dilatada trayectoria cuatro premios nacionales e internacionales.

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