Francisco Fuentenebro.
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Cuando se conoce de cerca a Francisco Fuentenebro, es fácil adivinar que a este hombre, sacerdote, historiador y cronista de la Ciudad de Cantalejo, le cabe la historia de su tierra en la cabeza.

Impresiona cómo recuerda nombres, fechas, lugares… cómo al contar la anécdota sabe que “fulano estaba casado con Pepita y tuvieron un hijo…” ¡ese capítulo era del siglo XVI! Cuando le preguntas, no solo aporta algunos datos… ¡los aporta todos!

Su vida se ha dedicado a la observación y al estudio y no es capaz de comprender la falta de interés y de valoración que se palpa en relación a nuestra historia y nuestro pasado.
Francisco Fuentenebro, “Hijo predilecto de Cantalejo”, Cronista de la Ciudad, Doctor en Historia… un enamorado de la ciudad que lo vio nacer… de sus investigaciones, de sus hechos y de las muchas cosas que aún le quedan por hacer, él mismo nos habla.

— ¿Desde cuándo es cronista de Cantalejo?
— Entonces era alcalde Manuel Agudíez. Eran los primeros años de la democracia… No recuerdo el año exacto.

— Hace mucho tiempo ya…
— Sí, por lo menos 30 años y, estudiando Cantalejo, muchos más.

— De la Ciudad de Cantalejo ¿qué es para Francisco Fuentenebro lo más destacable?
— Lo más destacable es el topónimo. El topónimo es el acta de nacimiento de un pueblo. Casi nunca reparamos en lo que significan y, Cantalejo, es una palabra Celta: Cant, que se repite mucho en Cantabria, Canterbury… significa “límite, rincón” y, precisamente Cantalejo está ubicado en el límite entre los Vacceos y los Arévacos.

En Cantalejo está la frontera y el primer poblador le dio ese nombre, Cant-aleius, un nombre latinizado pero europeo. Tal vez lo más desconocido de Cantalejo sea su antigüedad, probablemente, desde antes de Jesucristo existe esta pequeña población. He encontrado fragmentos de cerámica del siglo VII al siglo XVpero, el hecho de que las Lagunas y los bosques de la zona fueran tan extensos, fue muy atractivo para los pobladores. Casi siempre, en torno a las lagunas he encontrado fragmentos de cerámica.

Había varios poblados. Hasta el siglo XII la población estaba muy diseminada, cada familia se apoderaba del terreno que podía cultivar, donde le cayera mejor y ahí se establecía. En el siglo XII comienza a concentrarse la población en pequeños núcleos. Los topónimos que quedan por allí, nos indican que eran poblados que luego se agregaron a Cantalejo a partir del siglo XII.

Documentos antiguos, aparte de los fragmentos de cerámica o un ara votiva con una inscripción romana nos hablan de la importancia de Cantalejo, y el mismo nombre de Cantalejo, escrito en un documento en el año 1137, cuando el emperador donó una gran finca desde Lastras hasta el camino que va de Turégano por Cantalejo hasta Fuentidueña o, el camino que actualmente conocemos como “el sendero”… Con ese motivo, en ese documento en latín, se nombra a Cantalejo y nos habla también de una ermita que había dedicada a santa Tebala. Esta ermita rápidamente se convertiría en Santa María del Pinar, patrona de Cantalejo. Cuando los monjes cistercienses llegan a España en el siglo XII, con una gran devoción a la Virgen, prácticamente todas las ermitas dedicadas a los santos, pasan a dedicarse a la Virgen.

Luego, tenemos más datos obtenidos en el archivo de Cantalejo. Hemos tenido la suerte de que el Archivo Parroquial se conserva muy bien y es uno de los más antiguos de la Diócesis. Años antes de que el Concilio de Trento mandara que se crearan los archivos parroquiales, Cantalejo ya comenzó a hacerlo en el año 1511 y no tiene muchas lagunas…desde allí, nos han ido llegando multitud de noticias.

Otra fuente de información ha sido el Archivo de la Comunidad de Villa y Tierra de Sepúlveda porque, como Cantalejo fue “lugar o aldea” de Sepúlveda hasta el siglo XVII y, para hacer cualquier cosa como las Ordenanzas Municipales, tenían que ser aprobadas por Sepúlveda… allí se encuentran datos, por ejemplo, de la Gacería.

Las primeras palabras escritas en Gacería que encontré son del año 1519, en unas Ordenanzas en las que Sepúlveda se dirige al Ochavo de Cantalejo (la Comunidad estaba dividida en Ochavos y, Cantalejo era la cabeza de uno de ellos), con motivo de que habían talado dos kilómetros y pico de bosque, nos dice para qué utilizaban la madera y, a la vez conservan las palabras “chiflos” y “chiflones”. Chiflos es una palabra árabe que en Gacería significa Trillos. La palabra trillo viene de “trigolum” pero, la “chifla”, son las piedras para “enchinar”, palabra árabe. Por eso, las primeras palabras de la Gacería son árabes y vascas…

— ¿Ha sido difícil encontrar todos estos datos para completar la historia de Cantalejo?
— La primera dificultad es que nadie se molestado en buscar documentos de Cantalejo. Se hablaba y se contaban muchas cosas pero, todo era hablar sin documentación. Todavía, en el año 1985, en una tesina de una Facultad en Madrid, quien la realizó, se permitió asegurar que de Cantalejo no había ningún documento, cuando no habían visto ni siquiera el Archivo Parroquial… ni el Municipal…

En el Municipal acabaron con la mayor parte de los fondos antiguos, para papel, en el año 1934. Me dijo a mí un antiguo médico que vio cómo se llevaban un camión cargado de documentos del Archivo Municipal, simplemente para papel, aunque luego, en otros archivos como el Archivo Histórico Provincial y, no digamos en los grandes archivos como el de Simancas, el Histórico Nacional de aquí, el Archivo General de la Administración de Alcalá de Henares, encontramos multitud de documentos de cualquier pueblo, la cosa es que la gente no se molesta en buscar.

Lo que sí me ha sorprendido es la multitud de cosas que hay porque, en un principio, no sabía ni por dónde empezar, no tenía ni una sola cosa de Cantalejo con una mínima base documental y, cuando comencé a encontrar cosas y a tirar del hilo… porque solamente con el Archivo Parroquial… ahí estaba escrita toda la historia del pueblo.

Luego, en tiempos de Enrique IV, como estaban siempre en déficit las arcas regias, se dedicaba a vender pueblos de realengo y en el año 1640, entre unos cuantos pueblos que se venden, sale Cantalejo… y, ese es el motivo por el que Cantalejo deja de ser aldea, se separa de Sepúlveda y llega a ser villa. La compra un señor que era un alto funcionario del Estado, una especie de ministro de Hacienda, casado con una hija de unos cantalejanos. El padre de esta señora fue médico de Felipe II durante 40 años y, con ese motivo, conoció Cantalejo y, en el año 1641, compró Cantalejo por 15 mil maravedíes por vecino… de ese modo, Cantalejo comenzó a ser villa.

Otra época sería la del ascenso de Cantalejo, desde su situación de villa a la actual de ciudad, cuando en el año 1926 el Rey Alfonso XIII le concede el título de ciudad, todo dentro de la pobreza y la miseria con que se vivía entonces.

Otro momento importante es cuando aparecen los “criberos” o “trilleros”. Cuando ya no hay tierras de las que apoderarse, tienen el atractivo del pinar, de la madera. En ese momento aparece gente que se dedica a fabricar trillos, muebles y otros aperos.

Otro documento que encontré, muy interesante para la historia de los trilleros, son de 1761, tiempo de Carlos III. A los cinco pueblos pinariegos de esa zona: Cantalejo, Cabezuela, Fuenterrebollo, Sebulcor y Navalilla, el alcalde mayor de Sepúlveda les castiga porque utilizan el pinar y roban los pinos. Ante eso, se queja Carlos III pero, el procurador que nombran los cinco pueblos, expone al rey la situación que tienen, y el porqué recurren a la única riqueza que está a su disposición. Sobre todo ello, hace un documento larguísimo, que había visto yo, al menos algún trozo, en unos papeles del Ayuntamiento de Cantalejo pero comencé a recorrer los archivos del resto de los pueblos y, en el de Fuenterrebollo, encontré casi en su totalidad el documento en el que se habla de cómo los de Cantalejo llevan los trillos a los pueblos de la Mancha porque, al crecer la producción, tienen que salir más lejos… y esa es la historia.

— Pero la vida sigue evolucionando…
— Muchos de los trilleros terminan por hacerse tratantes, que es otro gremio muy importante en la población de Cantalejo. Llegaron los años 60 del siglo XX, desapareció la agricultura y, los tratantes y los trilleros, se quedaron sin trabajo.

— Ahora, los trillos son fundamentales en Cantalejo, no tanto para su uso como para adornos de diferentes tipos…
— Sí, todavía existen algunos trilleros, muy mañosos. Uno de ellos que murió hace poco, tenía un taller dedicado, exclusivamente a hacer trillos pequeños, medias fanegas… Tuvo mucho éxito pero…

— Cuando se observa Cantalejo parece que es una población, más de servicios que histórica, como sería el caso, por poner un ejemplo, de Sepúlveda…
— Claro, en Cantalejo había tantos oficios de estos, de artesanía, que todos los pueblos de alrededor, tenían que ir allí. En unas conferencias que se pronunciaban cada año, entre otros participaba el cronista de Sepúlveda, Linage Conde. Uno de ellos llamó a Cantalejo, por la suma de sus oficios “la hormiga Segoviana”.

Cantalejo era todo un taller en el que se ejercían los oficios en la calle. Cualquiera que llegaba a Cantalejo veía todas las calles llenas de gente trabajando: Escopleando, empedrando… como un taller y el ruido que había era el anuncio de lo que era Cantalejo. Todo eso se ha perdido, hoy es un pueblo mudo, como tantos pero, hasta el año 60, en cuanto hacía buen tiempo, se veían diferentes cuadrillas, por todos los sitios.

— Cantalejo hoy, como cabeza de comarca, se ha convertido en una ciudad de prestación de servicios.
— Es lo único que queda. Todavía subsiste el mercado que es, el supermercado de la comarca, los viernes. Eso sí, ha mermado mucho la población. Ha caído su número y no sé por qué. Es la Castilla vacía que tenemos que no creo que perdone a ninguno de estos pueblos porque siCantalejo ha perdido población, el resto de los pueblos han quedado reducidos a la nada.

He llegado a conocer, en los años 40 y 50, que cada pueblo tenía su escuela y su cura, ahora hay multitud de pueblos sin sacerdote y sin maestros… así están.

— Hay pueblos sin párroco y seglares habilitados para realizar los rezos…
— Pues sí, los curas de Cantalejo, en concreto, son dos y tienen, por lo menos, quince o veinte pueblos y llegan hasta la zona de Fuentidueña, pero luego, van a Celebrar la Palabra hombres y mujeres que se prestan a dar ese servicio que es lo mínimo … esto es así.

— ¿Ha cambiado mucho la vida del cronista? ¿ha cambiado su labor desde los primeros años de la democracia?
— No… para empezar, al cronista no se le reconoce actividad ninguna, ni se cuenta con él para nada. Sobre todo lo veo en mi pueblo, he visto muchos alcaldes y lo único que…. cuando llega el programa de fiestas, les gusta que escriba un articulito, pero luego, incluso cuando se creó el Museo del Trillo, que yo fui el gran promotor (con un camión y dos maestros, salí por el pueblo cogiendo cosas para el museo), después de ponerlo en marcha, como digo, ni siquiera se acordaron de invitarme a la inauguración.

Incluso, en una Villa Romana, en el término de Cantalejo, recogí multitud de restos de cerámica y, como lo tenía en casa, le dije al alcalde que se podían poner en el museo, para conservarlo, como piezas básicas de la historia… lo despreció. Te encuentras en ese ambiente… esta es “la pobre Castilla” que tenemos…

— La Pobre» en el amplio sentido de la palabra… no solo desde un punto de vista económico…
— Sí, sí… culturalmente mucho más pobre. No valoramos que ha sido Castilla la que ha hecho España y, sin embargo, parece que somos “Los Cenicientos” de la nación. No hemos sabido valorarnos a nosotros mismos. La gran historia de Castilla… la historia de Castilla es, la historia rural, la historia de los pueblos…

Todavía muchos llevan el apellido de Cantalejo, de las milicias que se enviaban a la Reconquista. En Andalucía, todavía hay muchos que se apellidan Cantalejo y, también hay topónimos…. Lo mismo que en Sepúlveda, iban las milicias de las Comunidades y, allí se quedaban y establecían luego a sus familias. Por eso se conservan estos apellidos en muchos lugares…

— ¿Donde ha encontrado más documentos, más datos, en los archivos locales, en los provinciales, en Madrid…?
— En Simancas, muchos. Toda la historia de los Austrias… me encontré incluso unas cartas del médico de Felipe II al rey. Cuando estaba enferma una de las hermanas de Felipe II, porque tenía dos, María y Juana. María, que se casó con quien luego sería emperador y Juana, con quien iba a ser rey de Portugal pero murió y, por ese motivo Felipe II heredó el reino de Portugal. En las cartas el doctor Abarca, cantalejano, informa al rey de la enfermedad de su hermana Juana. Los Abarca, fueron repobladores medievales, que cogieron el terreno que les dio la gana y, lo dieron su nombre… Ahí están los topónimos como “los Abarcales” “el Abarcalejo”… y vienen de ahí. Los topónimos son una fuente muy interesante para la historia porque duran más que las piedras.

— ¿Durante sus años de investigación ha realizado muchas publicaciones?
— Pues sí… “Segovianos en el Descubrimiento de América”, “Cantalejo, Creencias y mentalidades”, “Santa María del Pinar”, “ Cantalejo, los Briqueros y su Gacería”, “Cantalejo, Aldea, Villa, Ciudad”, “Cantalejo”, “El Templo Parroquial” y, además, “Cantalejanos Ilustres”….