Música religiosa de Scarlatti

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El grupo La Venexiana tuvo a su cargo el tercero de los conciertos de la Semana de Música Sacra, es un grupo ya conocido y que ya nos sorprendieron hace dos años con los responsorios del Sábado Santo de Gesualdo.

Esta vez, y lejos de su actividad madrigalista donde han triunfado ampliamente, nos visitan para desarrollar un programa de música religiosa de Doménico Scarlatti. Es una música infrecuente, pues este músico tan español, aunque nacido en Nápoles, es sobradamente conocido como clavecinista, con él, la música de tecla conquistó una perfección destacable.

Las obras que formaron el programa eran dos de su periodo napolitano, donde fue maestro de la Basílica Giulia, el Miserere y el Stabat Mater, otra de su periodo portugués, el Te Deum y otra de su época española, el Salve Regina.

El Te Deum es una obra a ocho voces, con efectos de responsorios y dominada por una mezcla de sencillez y de norma estricta.

El Miserere es una obra a cuatro voces, escrita con estilo renacentista, pero con austeridad en el continuo a cargo del órgano positivo, la tiorba y el violone que le dan empaque.

La tercera de las obras cortas fue el Salve Regina a dos voces, soprano y alto, es una obra que según algunas teorías fue la última de su compositor y fue compuesta de manera paralela a un problema que le encomendó doña Bárbara de Braganza, su alumna y reina de España por su matrimonio con Fernando VI, el sucesor del primer Borbón. El problema fue descifrar la partitura de las Cantigas de Santa María, que cautivaron a la reina por su letra en galaico-portugués y debido a ello se muestra un estilo arcaizante siendo a la vez la última obra que escribiera el reformador de la música de tecla de su siglo y maestro del padre Soler y de José de Nebra, ambos maestros del infante don Gabriel que tanta importancia tuvo para el Real Sitio de La Granja.

La cuarta de las obras es sin duda la más importante, tanto del concierto como de la música religiosa de Scarlatti, junto con la polifónica misa de Madrid. Es el Stabat Mater una obra compleja, a diez voces, madura y de serena emoción, escrita durante su periodo napolitano. Las diez voces van entretejiendo una obra de larga duración con sonoridades cambiantes y texturas y efectos que sorprenden por su complejidad y dificultad, dado que es una obra de juventud.

La interpretación fue excelente, por el movimiento dado a las voces dentro de la obra, el coro, aun cantando a tantas voces, se comportó como tal, las voces no tuvieron una especial relevancia como individualidades, sólo destacar la primera soprano, que supongo era Roberta Mameli y el primer tenor, Vicenzo di Donato. La dirección de Claudio Cavina, magnífica, aunque se sacrificara el color de las voces individuales por ese resultado colectivo.

Un gran concierto muy distinto del anterior que fue un descubrimiento del primitivo gregoriano.

La Semana volvió a colocar el ‘No hay entradas’ y el público se sintió satisfecho.