Memoria de un hombre justo

El claretiano Vicente Pecharromán presenta hoy el libro ‘Para vuestra edificación’, en el que glosa la vida y la obra del obispo Luis Gutiérrez Martín como prelado y misionero

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‘In aedificationem Vestram’ (Para vuestra edificación) fue el lema elegido por Luis Gutiérrez Martín al ser nombrado obispo de Segovia en 1995, con el difícil cometido de reemplazar en este cargo a Antonio Palenzuela, que rigió los destinos de la diócesis durante 25 años.

En esta nueva y fecunda etapa pastoral, monseñor Gutiérrez estuvo acompañado por el sacerdote claretiano Vicente Pecharromán Martín, que desde 1988 ejercía como secretario personal del prelado segoviano, del que no se separó hasta su muerte, ya como obispo emérito en 2017.

Las vivencias y los frutos de estos 30 años de  experiencia en común han sido ahora reunidos  por Pecharromán en el libro  ‘Para vuestra edificación’, que se presentará hoy (20,00 horas) en la capilla del Santísimo de la Catedral en un acto en el que estará presente el cardenal claretiano Aquilino Bocos, el obispo de Segovia César Franco y el sacerdote Andrés de la Calle, que fue vicario general de la diócesis durante el periodo de mandato de monseñor Gutiérrez.

El libro compila detalles biográficos de la vida del obispo nacido en Navalmanzano, y se combinan con el relato de algunos de los hechos más relevantes de su episcopado, tales como la puesta en marcha de las unidades parroquiales de acción pastoral, los congresos de renovación de la parroquia y la familia en el siglo XXI o los hitos culturales relacionados con la llegada de la exposición de Las Edades del Hombre a Segovia o la conmemoración del quinto centenario de la muerte del obispo Arias Dávila.

Pecharromán asegura que el libro “va dirigido  a toda la diócesis”, y está planteado como un homenaje “a  una persona de bien, sabi , justo, al que merecemos recordar, y en ese recuerdo sentir el orgullo de que fue un segoviano que procuró el bien de Segovia y de los suyos”.

Pese a su fama de hombre adusto y distante, Vicente Pecharromán asegura que Luis Gutiérrez tenía “la seriedad del castellano viejo, que al traspasar las paredes de su despacho se transformaba en cercanía y afecto”. “A don Luis le gustaba mucho escuchar a la gente y acercarse a sus problemas, aunque su formación en leyes le hacía parecer  un hombre de despacho, pero en sus visitas pastorales y en el trato directo guardaba todas aquellas cosas que le impresionaban en su corazón y trataba de buscar soluciones”.

El libro dedica también un gran apartado a su faceta como misionero, a la que se dedicó casi hasta el fin de sus días una vez terminada su etapa como obispo. A través de la Fundación Promete, creada por él mismo en 1998, promovió un gran número de obras humanitarias en países como Mozambique o Guatemala, donde en este último llegó a residir temporalmente.

La faceta misionera era para monseñor Gutiérrez  “poder desarrollar su deseo de ser misionero, a cuya vocación fue llamado, pero que tuvo que posponer por las circunstancias de la vida pastoral y de las obligaciones que tuvo que desempeñar tanto en la orden claretiana como en su etapa como prelado en Segovia”.