De izquierda a derecha, Javier del Álamo José Luis Gómez, Carlos Muñoz de Pablos, Antonio Ruiz, Eduardo Pérez de Castro y Nicolás Fernández./ M.G.
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Con 30 años de edad, de los cuales más de la mitad en el mundo de la hostelería tanto en Segovia como fuera de las fronteras provinciales, José Luis Gómez de Diego abría el 21 de diciembre de 1978 el café-restaurante La Concepción, ubicado en el corazón de la capital en el local que meses atrás ocupaba una tienda de juguetes y regalos que llevaba su mismo nombre.

A partir de esa fecha, la Plaza Mayor ya no volvió a ser igual. La experiencia de ‘Jai’ y su innovadora forma de entender la hostelería convirtieron este entonces pequeño negocio en un lugar de referencia en la ciudad.

Casi nadie que pasee por la plaza se resiste a tomar un vino en la ventana de la peculiar fachada que recuerda a la de los antiguos cafés de principios del siglo XX, o a disfrutar del sol invernizo o las noches veraniegas sentado en alguna de las mesas de la terraza que mantiene abierta todo el año.

Han pasado cuarenta años desde entonces y ‘La Concepción’ echa la vista atrás para evocar una historia que ha ido más allá de la hostelería. En la barra del bar y en los salones del restaurante se han dirimido conciliábulos políticos que forman parte de la historia de la democracia en Segovia, se han soñado proyectos culturales y sociales de primer orden y se han designado ganadores de premios tan importantes como el ‘Cirilo Rodríguez’ de la Asociación de Periodistas de Segovia (APS).

Ayer, la actual dirección del restaurante, actualmente regentado por Javier del Álamo, ofreció mesa y mantel a aquellos que en su día apostaron y colaboraron en el desarrollo de este establecimiento como el arquitecto Eduardo Pérez de Castro –autor del proyecto de remodelación del local-, el historiador Antonio Ruiz y el vitralista Carlos Muñoz de Pablos, quienes en su día asesoraron a Gómez de Diego sobre el concepto del restaurante.

También estuvo presente Nicolás Fernández Sutil, en quien ‘Jai’ depositó su confianza para hacerse cargo de la cocina y ofrecer un concepto completamente renovador de la gastronomía en la capital, alejado de los asados y con una decidida apuesta por la incorporación de nuevos sabores bajo el influjo de cocineros como Arzak.

Fue una velada en la que la memoria sentimental –que no romántica- de los orígenes de este establecimiento planeó durante todo el almuerzo.

Anécdotas divertidas y emotivas jalonaron toda la tertulia, donde no dejaron de aparecer los nombres de ‘Peli’ Contreras, Ángel Cristóbal y José María García Moro, quienes sostuvieron material e intelectualmente el proyecto con su talento y sus obras.

Ahora, al igual que Nicolás Fernández, Gómez de Diego vive alejado de la hostelería pero siempre unido a un proyecto al que dedicó casi media vida y que resume con una frase cargada de humildad: “Yo sólo quise hacer lo único que sé hacer bien”.