Asistentes a la cena que el sábado acogió el Museo Esteban Vicente de Segovia. / diego gómez
Asistentes a la cena que el sábado acogió el Museo Esteban Vicente de Segovia. / diego gómez
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El fin de semana llegó una de las ‘puestas de largo’ del IX Otoño Enológico que organiza la Fundación Caja Rural de Segovia. La capital se rendía a los pies de la variedad y el saber de Anecoop Bodegas, así como de la elegancia hecha vino de Pérez Pascuas tras la visita matutina a la Ribera del Duero. Empezaba el sábado enológico con una visita a la Bodega Severino Sanz, en Montejo De la Vega de la Serrezuela. Se trata de una de las dos bodegas segovianas de la DO Ribera del Duero. Administrada por los hermanos, María Dolores, José Félix e Iñaki, la bodega lleva el nombre de su padre, Severino, que siempre quiso transmitirles el respeto y el cariño hacia esta tierra y los viñedos. ¡Y vaya si lo consiguió! José Félix cuenta con la mayor colección de lagares del mundo, una joya que mostró a los asistentes con mucho cariño. A continuación, visitaron las modernas instalaciones de la bodega y cataron una selección de vinos, que acompañaron a un menú típico vasco, de los de toma pan y moja. Una experiencia única, en la zona Ribera del Duero segoviana.

El Museo de Arte Contemporáneo Esteban Vicente, se vistió de gala para recibir a Norrel Robertson, ‘El Escocés Volante’, uno de los pocos Master of Wine residentes en España. Y es que conseguir la titulación de Master of Wine es harto difícil, de hecho, solo 380 personas en todo el mundo atesoran tan reconocida distinción. Norrel Robertson presentó los vinos de Anecoop Bodegas, un grupo valenciano ampliamente reconocido en los principales certámenes vitivinícolas internacionales y cuyos vinos son apreciados por los más prestigiosos críticos dentro y fuera de España. La noche fue una experiencia mágica en la que los vinos de Anecoop se fusionaron con las tapas elaboradas por Óscar Calle, chef de Venta Magullo: bombón de foie con anguila y membrillo, que maridó con los blancos de la noche —Moscatel y Chardonnay—; una milhoja de rabo de toro con los tintos —Los Escribanos y Venta del Puerto 12— y un ravioli relleno de kaki Persimon, con notas dulces y cítricas, un guiño perfecto a la fruta valenciana por excelencia y la propuesta ideal para el último vino de la noche, un espumoso dulce, Reymos, que dejó un muy buen sabor de boca a los asistentes. Un viaje sensorial que completó la nota musical brasileña de Chorinho.

El restaurante La Codorniz se sumaba a los maridajes del Otoño Enológico con los vinos de una bodega que ya es un clásico en estos eventos, la Bodega Pérez Pascuas, digna representante de la elegancia y el saber hacer de la Ribera. Lino y su estupendo equipo daban la bienvenida con una tosta de salmón ahumado con queso crema, un salmón que elaboran artesanalmente de manera magistral, digno de probar. Cepa Gavilán 2016 abría el turno de vinos, con 12 meses en barrica y cien por cien tempranillo, cargado de fruta, especiados y balsámicos maridaba a la perfección con la crema de calabaza con crujiente de bacon cebolla y picatoste con emulsión de aceite de oliva. Con la segunda tapa, unos más que apreciados níscalos de los pinares segovianos, bailaba un Viña Pedrosa Crianza 2016; 18 meses en barrica que aportaban volumen y persistencia a un vino equilibrado y con cuerpo. Se cerraba la jornada con el premiado rabo de choto con verduritas de temporada con reducción de vino tinto ‘Viña Pedrosa’, a la par que en las copas se servía un Viña Pedrosa La Navilla 2014, elaborado con las uvas del pago que le da nombre al vino y 20 meses en barrica que aportan ahumados, especiados y tostados.