Grupo de danzas bailando.
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Orejana es un municipio situado al sur de la provincia de Segovia perteneciente a la Comunidad de Villa y Tierra de Pedraza. Consta de cinco núcleos urbanos también denominados barrios: Sanchopedro, La Revilla, El Arenal, Orejanilla y La Alameda. Sus 72 habitantes se distribuyen únicamente en los cuatro primeros barrios antes citados1.

Cuenta actualmente con un repertorio de 10 danzas rituales: 9 paloteos y la jota del Arco, recogidos en el libro “Las danzas de palos en la provincia de Segovia”2.
El contexto en el que se realizan estas danzas rituales ha ido cambiado en los últimos 50 años derivado también de los cambios sociodemográficos acontecidos en el municipio.

El mapa de experiencias de los danzantes de Orejana, es un trabajo de investigación de las danzas de este municipio basado en las vivencias de sus protagonistas. Este mapa permite conocer el estado en el que se encuentran las danzas, los motivos que han llevado a la evolución así como detectar puntos de actuación para seguir conservando en activo este patrimonio inmaterial del municipio.

El conocimiento que nos ha llegado por la transmisión oral sobre las danzas rituales en Orejana es que se enmarca en el contexto de la festividad religiosa de la Virgen del Rosario. Eran realizadas únicamente por un grupo de 8 hombres ataviados con traje de enagüillas. Los danzantes eran mozos solteros que entraban a formar parte del grupo cuando había algún sitio vacante y salían cuando tenían que acudir al servicio militar.

Junto con los danzantes participan también en los ritos: las gitanas3, los ennombrados o soldadesca3, la zorra o zarragón3, los escopeteros y los descanteadores.

Actualmente sólo se conservan las figuras de los danzantes, las gitanas y los ennombrados.

Durante la década de los años 60 y 70 el municipio sufrió el azote de la emigración de la población joven hacia las grandes urbes lo que dio lugar a que durante algunos años no se pudiera formar un grupo de 8 danzantes y hubo que suspender las danzas.

Ante la inquietud de perder un patrimonio cultural muy arraigado y que se sentía como propio, en el verano de 1977 se decidió emprender un proceso de recuperación de las danzas en torno a la festividad de San Ramón que se celebra el fin de semana siguiente a la Virgen de Agosto ya que durante el período vacacional la población que había emigrado regresaba al pueblo.

En los años siguientes comenzó un proceso evolutivo de las danzas rituales que podríamos denominar de universalización. A principios de los 80 se incorporó un grupo de mujeres y se creó un grupo infantil para tener garantizado el relevo generacional. El último eslabón de esta evolución fue en 1989-90 cuando se formaron grupos mixtos.

En el año 2018 se formaron 6 grupos de danzantes (en la festividad de San Ramón), con grupos mixtos e infantiles y también se realizaron en torno a la festividad de la Virgen del Rosario aunque esta vez con un solo grupo.

En el estudio que se ha realizado se han recogido los datos de una muestra de 123 danzantes distribuidos por grupos de edad. Estos danzantes representan el 70% de todos los danzantes vivos, participando tanto danzantes “en activo” como aquellos que fueron danzantes en el pasado.

Un aspecto clave a analizar para construir el mapa de experiencias son las motivaciones para convertirse en danzante.

En los danzantes infantiles, menores de 12 años, los motivos de iniciación están relacionados con el hecho de estar con sus amigos, imitar lo que hacen los mayores. En la gran mayoría de los casos la decisión la han tomado sus padres y/o abuelos “porque hay que conservar la tradición de nuestro pueblo”.

Es a partir de la pre-adolescencia, en el grupo de entre 12 y 15 años, en el que se pone de manifiesto un cambio en la motivación hacia las danzas, además de “ser una actividad divertida en el verano para pasar el rato con mis amigos” surge un cambio de actitud y los danzantes empiezan a ser conscientes de la que significa “el peso de la tradición” impuesto por las familias; algunos de estos danzantes son la quinta generación de su familia que practica esta actividad. Comienzan a tomar conciencia de la importancia que tiene la tradición y a experimentar que las danzas les permiten identificarse con algo propio que les proporciona un sentimiento de pertenencia a un lugar y arraigo familiar.

Pero es en el grupo entre 16 y 24 años donde realmente los anteriores motivos se consolidan y empiezan a disfrutar de las danzas reportándoles una gran satisfacción, “ahora entiendo realmente lo que disfrutan los mayores del pueblo al vernos danzar y lo orgullosos que están porque conservamos las tradiciones y eso me da una gran satisfacción”. Coincidiendo con la incorporación al mercado laboral los días de vacaciones en el pueblo se ven reducidos y comienzan a dejar de danzar porque el nivel de motivación no es suficiente como para sacrificar el poco tiempo para mantener una tradición; además hay grupos de menor edad para conservar la tradición.

En los grupos de mayor edad que danzaron en el pasado se constata un sentimiento de orgullo por haber participado en la conservación de este patrimonio y más aún por haberlo transmitido a sus hijos. En el grupo de edad entre 55 y 69 años se encuentran los danzantes que recuperaron las danzas a partir de 1977; todos destacan el sentimiento de gran responsabilidad al retomar una tradición de la que habían oído hablar y que habían visto de muy niños así como la emoción de ser partícipes de ese momento.

De especial mención son las experiencias recogidas en el grupo de participantes de más de 70 años donde el orgullo de conservar la tradición es el más alto entre los testimonios recogidos. Esto se debe en gran medida a muchos de ellos fueron partícipes del proceso de recuperación de la danza y al hecho de que cuando ellos se iniciaban en la danza dado que sólo había 8 participantes “había que esperar y ganarse el puesto”. Ser danzante representaba pertenecer a un grupo de elegidos.

Con toda la información compartida por los danzantes se ha elaborado el mapa de experiencias de los danzantes de Orejana.

Al mapa de experiencias también lo podríamos denominar el viaje del danzante porque se observa una clara relación con el proceso evolutivo de los individuos a lo largo de su vida. A los niños hay que guiarles para que hagan cosas, ellos quieren estar con sus amigos y “hacer cosas de mayores”. En los pre-adolescentes hay un alto sentimiento de sociabilización, de pertenecer a un grupo y sentirse incluidos. Al acabar la adolescencia se abre para los individuos una época de incertidumbre y cambios en la vida, hay que tomar decisiones para dejar de hacer cosas e iniciar otras. Durante el período de madurez el individuo repasa sus logros y experiencias en la vida para sacar aprendizajes y mostrar orgullo por lo realizado. En la época de plenitud encuentran los viejos tiempo para hacer balance y comprender lo que realmente merece la pena.

El mapa de experiencias de los danzantes de Orejana permite conocer la situación de las danzas desde las vivencias de los protagonistas en este pueblo. Asegurar el relevo generacional fomentando que los niños experimenten la tradición viendo también el ejemplo de los mayores ha sido un punto importante.

Al analizar las causas de la evolución en los últimos años entendemos que es necesario evolucionar conservando la esencia para adaptarse a los cambios de la sociedad ya que los danzantes son individuos que no están ajenos a los mismos.

Por último, otro hecho importante es que los maestros de danza conozcan y entiendan las motivaciones de los danzantes para conservar la tradición de las danzas rituales que se transmite de manera oral. Sólo facilitando que los danzantes adopten las tradiciones, lograremos que se identifiquen con ellas para sentirlas como propias y que de esta manera se impliquen en su conservación.

(*) Maestra de danzas de Orejana.

Referencias bibliográficas
1. www.orejana.es
2. Álvarez Collado, F (2015). “Las danzas de palos en la provincia de Segovia. Estudio etnomusicológico y repertorio para dulzaina”. Libro editado por Instituto de la Cultura Tradicional Segoviana “Manuel González Herrero” y Diputación de Segovia.
3. Maganto Hurtado, E (2015). “Los danzantes de enagüillas en la provincia de Segovia. Mapa geográfico-festivo a comienzos del siglo XXI”. Libro editado por Instituto de la Cultura Tradicional Segoviana “Manuel González Herrero” y Diputación de Segovia.