Repetir varias veces al día la operación de enjabonar y aclarar las manos es un sencillo remedio frente a la gripe. / KAMARERO
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La aparición de la epidemia gripal y la proliferación de los catarros y resfriados que se alimentan con el frío llevan a las autoridades sanitarias a intensificar también sus mensajes de prevención. Más que medicinas recetan hábitos saludables para poner obstáculos a la circulación de virus de fácil contagio.

Lavarse las manos con frecuencia y taparse la boca y la nariz al toser con un pañuelo o con la parte superior del brazo son las medidas más eficaces para esquivar gripes y resfriados. Con estas sencillas acciones se puede evitar enfermar y el caso de padecer ya una infección de vías altas transmitirla a los más próximos, según coinciden en asegurar tanto el presidente del Colegio de Médicos de Segovia, Enrique Guilabert como el jefe del Servicio Territorial de Sanidad, César Montarelo.

“Recomendamos lavarse las manos con mayor frecuencia estos días, al menos 15 veces al día” dice César Montarelo. Los lavados deben durar entre 10 y 20 segundos y deben hacerse siempre después de toser pero también en cualquier otro momento o circunstancia porque las manos “son un vehículo muy habitual del virus” añade el jefe de Sanidad.

En este mismo sentido, el presidente del Colegio de Médicos indica que nunca se debe cubrir un estornudo con las manos porque después se pueden tocar e impregnar a personas y cosas, dejando latente un peligro de infección. Hay que utilizar pañuelos o si no se tiene “tapar boca y nariz con el brazo o el codo”, insiste Enrique Guilabert. Los médicos también aconsejan ventilar con frecuencia los espacios y evitar acudir a espacios cerrados, sobre todo si están ya enfermos.

El presidente del Colegio de Médicos pide a las personas que tienen un proceso catarral común que sigan “en su casa el tratamientos sintomático, sobre todo buena hidratación”. Asegura que si es necesario que tomen analgésicos y antipiréticos pero que en “lo posible eviten acudir a las consultas” porque van a estar en una sala de espera donde pueden “transmitir” a otros su infección o “complicar” la que tienen, y además generar sobrecarga asistencial.

La transmisión de la gripe

La gripe es una enfermedad infecciosa aguda de las vías respiratorias, cuya característica más importante es su elevada capacidad de transmisión de una persona a otra.

La transmisión se produce de una persona enferma a una sana, fundamentalmente por vía aérea a través de las gotitas que se eliminan al hablar, toser o estornudar. También puede transmitirse por contacto directo, es decir, al tocar superficies contaminadas por el virus, como por ejemplo, la mano un enfermo y posteriormente llevarse la mano a la boca o a la nariz.

Las personas enfermas son capaces de transmitir la gripe desde un día antes del comienzo de los síntomas hasta 3 a 7 días después de las primeras manifestaciones de los mismos. “Los niños la pueden transmitir incluso más tiempo”, apunta el e jefe de Sanidad. César Montarelo asegura que “la gente toma precauciones cuando está cerca de una persona con resfriado o catarros”, pero al cabo del día puede entrar en contacto, a veces sin saberlo, con personas que tienen gripe o con objetos que han tocado esas personas, por lo que es necesario “insistir en el lavado de manos”.