Dos de los nuevos autobuses urbanos de la ciudad se cruzan frente al Acueducto. / Kamarero
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Luces y sombras es lo que dejó ayer la primera jornada de los nuevos autobuses y los recorridos de los urbanos. Los cambios cuestan y lo vivido en el día de ayer no se sale de la norma. Dudas sobre las paradas, tiempos desacompasados o falta de información en algunos postes y marquesinas contrastaban con la satisfacción de muchos de los viajeros por estrenar unos vehículos impecables, más modernos y mejor adaptados.

Fue el principal tema de conversación en las calles y, por supuesto, en las paradas de la ciudad, donde pronto los usuarios renunciaron a intentar ver los tiempos de paso de los vehículos en las hojas de información de línea instaladas en los postes de las paradas, debido al minúsculo tamaño en el que estaban indicados y a la localización, casi en el suelo, de algunos de ellos. «Es una vergüenza, ni se ve ni se entiende lo que pone. Somos una ciudad con mucha gente mayor, que es la que coge el autobús, y no nos ponen facilidades», criticaba una mujer, verbalizando la que fue la queja más común durante todo el día.

Para remediarlo los alumnos aventajados, teléfono móvil en mano, informaban de los tiempos de espera y las nuevas rutas a los despistados que daban vueltas a las páginas de las guías facilitadas por la empresa Avanza. «La aplicación va perfecta, se pueden saber todos los tiempos», comentaba una vecina a primera hora enseñando que en la pantalla de su teléfono solo quedaba un minuto para la llegada del autobús; mientras en la marquesina la espera indicada era de 20 minutos. Efectivamente, la aplicación iba perfecta. La nueva pantalla de la marquesina, en continuo apagado y encendido, no.

Deficiencias que se fueron corrigiendo a lo largo del día. Como la ausencia carteles de información actualizados en todos los postes de la ciudad. En algunos se fueron instalando durante la tarde, mientras en otros continuaron parando autobuses que no estaban indicados.

Dentro de los nuevos urbanos, trabajo doble para los conductores. Muchos, con la ayuda de la casi siempre bien sincronizada megafonía, iban respondiendo a las dudas de los viajeros sobre el recorrido. «No sabemos ni por donde vamos», comentaban algunos usuarios a los que el conductor confesaba,»hoy estamos todos perdidos»; otros –con más tiempo– reconocían haber cogido el autobús solo para conocer los cambios de la ruta. «Habrá que irse acostumbrando».