Los vendedores ambulantes, muchos de ellos africanos, han sufrido los estragos del fuerte viento esta semana y se quejan del polvo y el estado general. / Kamarero
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El jueves hubo desbandada entre los vendedores ambulantes del recinto ferial porque el fuerte viento que durante gran parte del día se hizo notar en la ciudad fue la gota que colmó el vaso de su paciencia. Muchos de los frágiles tenderetes, con una mínima estructura de barras y plásticos, salieron volando. Además se hacía difícil respirar por la acumulación de polvo en el aire y el aspecto de la zona destinada a estos puestos se asemejaba a un campo de refugiados devastado.

La situación había mejorado ayer viernes pero hay vendedores que se fueron y no han vuelto. Los que se han quedado agradecen el ‘buen’ tiempo aunque no niegan que preferirían algunos grados menos de temperatura —como no hay vegetación, no hay sombra—; sobre todo porque, insisten, las condiciones del recinto ferial de Segovia “son infrahumanas”.

Por las mañanas la actividad es pequeña: alguna reparación, tareas de limpieza o de reposición de productos, algunos feriantes riegan el terreno circundante a su parcela con una manguera por la que el agua sale con poca presión.

“Cuenta que estamos peor que las vacas” dice un señor ya en la cincuentena que se marcha malhumorado a comprar algo de pan en el vecino barrio de La Albuera. Unos metros más adelante Daniel está sacando peluches y otros objetos de cajas de cartón para colocarlos en su atracción. Cuenta que el polvo lo estropea todo e insiste en que es necesario que la alcaldesa sepa que son necesarias mejoras “que para una ciudad como Segovia son cuatro perras. Mejor estaría asfaltado pero por lo menos unos camiones de gravilla ya sería un logro y hacen falta más tomas de agua y desagües, que no tenemos más que uno para todos”, explica.

En varios puntos el ruido de los motores de los generadores de energía eléctrica avisan de la existencia de camiones o arcones frigoríficos con alimentos perecederos. El gasto energético es otra de las quejas recurrentes desde que hace tres años se ubicó el ferial, de forma provisional, en este terreno entre las pistas de atletismo ‘Antonio Prieto y la zona trasera del colegio Eresma.

A la espera de que los segovianos se animen a recorrer la feria el fin de semana Selam asegura que en los últimos años son mejores recibidos en los pueblos más pequeños que en ciudades como Segovia, que las localidades con menos habitantes les ponen más facilidades.

Echa de menos el anterior emplazamiento en el barrio de Comunidad y Ciudad de Tierra “porque esto está escondido, antes había hasta turistas pero ahora es difícil encontrarlo”.

“Somos personas y nos sentimos tratados como perros”, asegura otro feriante mientras su vecino se lamenta de que el agua, por una de las tomas, se le mete en la carpa del mesón.

La consecución de un recinto ferial definitivo y digno vuelve a ser, como el año pasado, una de las propuestas recibidas en el Ayuntamiento para los Presupuestos Participativos en 2020 aunque en la votación del año pasado no recibió muchos apoyos.

Los feriantes se quejan de que el servicio de limpieza solo riega una vez a primera hora de la tarde y no todo el recinto. / Kamarero