Los profesionales del sector apícola en Segovia se dieron cita en el Centro Cívico ‘Aniano Gago’ para debatir y conocer las principales novedades en la producción./ NEREA LLORENTE
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La lucha contra plagas como la varroasis o los efectos perniciosos del cambio climático en la producción apícola son imponderables que los productores deben afrontar con sus propios medios, echando horas al cuidado de sus colmenas para evitar los efectos de los agentes naturales.

Lo que no pueden controlar es la fuerte competencia de los países asíáticos, cuyos sistemas de producción permiten la inclusión de productos que abaratan los costes y garantizan una mayor producción al menor precio, lo que hace prácticamente imposible salir al mercado en las mismas condiciones.

Esta es una de las principales quejas de los apicultores, que en el caso de Segovia reúnen a cerca de un centenar de personas, de las que apenas una decena se dedican profesionalmente a la producción de miel, propóleo y otros productos derivados, y que ayer pusieron en común sus problemas en unas jornadas organizadas por Unión de Campesinos de Segovia-UCCL y la asociación de productores de Segovia APASE, que reunió a cerca de medio centenar de personas en el Centro Cívico ‘Aniano Gago’ de la capital.

Juan Carlos Pérez Domingo, responsable del sector apícola de UCCL explica que las adulteraciones que el mercado asiático introduce en la producción de miel, tales como jarabes de arroz o maíz no se pueden detectar con las actuales técnicas homologadas por la legislación, elaboradas en la década de los 80 del pasado siglo.

Así, indicó que el marco legal y técnico no ha avanzado en la misma medida que la ingeniería alimentaria, y precisó que existen técnicas analíticas como la resonancia magnética nuclear que permiten descubrir esas adulteraciones, e incluso averiguar la clase de jarabe que se ha usado en ese proceso fraudulento.

“El problema está en que organismos como la Organización Común de Mercados (OCM) aún no admiten el uso de esta tecnología, y ello está incidiendo de forma alarmante en el mercado”, explicó Pérez.

“Hay que adaptar las normas analíticas teniendo en cuenta la evolución de la tecnología”, señaló, ya que las bajadas del precio de la miel no tienen nada que ver con el etiquetado, sino con la competencia desleal de países que producen miel adulterada y que en el caso de España introducen 45.000 toneladas anuales a precios de 1,5 dólares con los que los productores no podemos competir, y si no se toman medidas, muchas colmenas cerrarán en toda España”.

Alejandro de la Hoz, presidente de APASE, expresó su preocupación por este problema, pero pidió también a las administraciones mayor flexibilidad en la aplicación de las normativas de protección que eviten problemas como la trashumancia o el traslado de las colmenas no sólo para mejorar la producción, sino la sanidad de las propias explotaciones apícolas.

También mostró la creciente inquietud del sector por los nocivos efectos del cambio climático que afecta a los ciclos de producción al influir en la climatología. En este sentido, señaló que hace tres décadas “sólo íbamos a las colmenas a por miel, y ahora tenemos que estar pendientes todos los días para controlar no solo las posibles plagas, sino los efectos de la sequía o el frío, y no s hemos convertido en meros colaboradores para frenar o corregir el desarrollo de las colmenas.