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Muchos años de trabajo y de estudio están detrás del nombre de Antonio Ruiz, un arquitecto que sigue buscando los planos de Segovia en el siglo XV. Esos planos que definen un momento y una idea de ciudad. Su historia como Cronista de Segovia, Ciudad Patrimonio de la Humanidad, no depende solo de analizar un espacio y su urbanismo sino de hablar de un rincón y su historia, de dar nombre a sus calles, poner cara a sus nombres y dar sentido a su caos…

Lo más peligroso de un cronista es que “no tiene obligación ninguna”, lo que también significa, que “las tiene todas…” y, para un pueblo, para una sociedad, desconocer su pasado no obliga a repetirlo pero sí, a tomar medidas y mejorar “resultados”…

¿Por dónde empezar? Por ejemplo, por el cableado y las tapas de alcantarillas en las calles… porque, por más tiempo que tardemos en poner solución a esa “dejadez”, no pasará nunca a pertenecer a la herencia del mundo romano… Aunque en algunos puntos de la ciudad, empiece a parecerlo…

¿Dónde sería fácil encontrar a un hombre interesado en la historia, los planos y la investigación?, ¿en el Archivo Municipal?… ¡pues sí! En ese lugar, entre legajos y escritos centenarios, Antonio Ruiz habla de su labor como cronista…

— ¿Cómo llega Antonio Ruiz, arquitecto y hombre fundamental a la hora de hablar de arte e historia en Segovia, a ser Cronista Oficial de la Ciudad?
— A decir verdad, no sé cómo se realizó la elección. Sé que Rafael Cantalejo, responsable del Archivo Municipal de Segovia y, otras personas, hablaron al Ayuntamiento de la necesidad de que la ciudad contara con un Cronista Oficial que, en aquellos tiempos, no existía.

Normalmente, los grandes municipios lo tenían y creo que fue en el año 1996, cuando recibí una comunicación en la que me daban a conocer que se me nombraba Cronista Oficial de Segovia. El Ayuntamiento lo aprobó por unanimidad de todos los concejales y, desde 1996, soy Cronista de la Ciudad… Fue a requerimiento de un grupo de personas que pensaron en mí…

— ¿Qué es para Antonio Ruíz ser cronista?
— Es un nombramiento un poco peculiar ya que, antiguamente tenía un cierto sentido. Los Reyes tenían sus cronistas que les hacían unas crónicas evidentemente favorecedoras de sus reinados, mientras había otros cronistas que hacían crónicas verdaderamente horribles sobre ese mismo reinado. Por ejemplo, en el caso del Rey Enrique IV, tenía un cronista, que está enterrado en San Quirce pero a la vez, había otra persona que realizaba otras crónicas realmente terribles, sobre la persona y sobre el reinado.

Ahora, un cronista de una ciudad no tiene ninguna obligación. El Ayuntamiento los puede consultar o, si hay una visita muy especial, le puede pedir que acompañe… Yo he acompañado a Kissinger, al alcalde de Moscú, al canciller Alemán… Pero, salvo esto, me pueden pedir opinión a la hora de poner nombre a una calle, por ejemplo. No hay nada obligatorio, ni por parte del Ayuntamiento ni por parte del cronista.

¿Qué por qué se me nombró? Pienso que fui elegido porque había hecho mis trabajos sobre la ciudad. Por ejemplo, mi tesis doctoral fue sobre el urbanismo de la ciudad de Segovia, y lo había publicado unos años antes.

Por otra parte era lo que se llamaba un delegado del Patrimonio, consejero provincial de Bellas Artes… digamos que se sumaba mi tesis doctoral y que era miembro de la Academia de San Quirce, justamente con la otra condición, como consejero provincial de Bellas Artes (lo fui hasta el año 77)…

— Este cargo ¿Le ha dado mucho trabajo?
— No, para nada. Creo que nunca se me ha exigió nada. Por ejemplo, he dado el nombre a la famosa estación del AVE, llamada Guiomar, que armó tantísimo revuelo o, a la calle Yza Guidelli o, al Corral del Mudo… Porque en realidad sabía cómo se llamaban antiguamente esas calles, que luego perdieron el nombre. Recuperar la memoria del urbanismo y de cómo se desarrollaba la ciudad y qué sitios eran importantes, por las cuestiones que fueren…

¿El más complejo? La famosa Estación de Guiomar porque, no le voy a recordar las condiciones que había impuesto la Ministra en aquel momento, que era Magdalena Álvarez. Tenía que ser el nombre de una mujer pero, no podía ser patronímico, no podía ser un nombre de reina, no podía ser una santa…

— Recuerdo que una de las propuestas que se realizaron en aquel momento fue el nombre de “La Chata”…Pero tampoco podía…
— Porque era una princesa, un reina…era un miembro de la familia real… era dificilísimo. Entonces se me ocurrió Guiomar, sencillamente porque era el nombre de la musa de Antonio Machado, con una vinculación meramente literaria y, eso causó lo que causó pero…¡La palabra es muy bonita!

— Los archivos no siempre contienen toda la documentación que debieran. Incendios, descuidos… ¿a los cronistas les cuesta un gran esfuerzo reponer los datos desaparecidos en estos espacios ?

— Hacer historia es siempre un problema o, muchos problemas… Porque hay que intentar ser objetivos. Hay que saber leer los documentos y, algunos tienen una grafía… si le enseño ahora uno del siglo XVI… es extraordinariamente difícil leerlo. Después habría que interpretar lo que se lee porque hoy las palabras no tienen el mismo sentido. Por consiguiente, una cosa es que se pueda leer y otra que se entienda lo que pone y, puede ser que no exista el documento clave porque se ha perdido. En mi caso… no están los planos del Ayuntamiento de 1620, no están. Hay que interpretar y saber, a través de textos, cómo pudo ser aquel edificio…

También puede darse el caso de que estén perdidos porque había gente que se los llevaba a casa, a veces aparecen en el mercado… otras veces, sencillamente porque se quemaron, como ocurría en la famosa Guerra de la Independencia o, en la Desamortización de 1835. Se sabe positivamente que iban carretas cargadas de libros que, a veces, los colocaban para salvar los baches. No tenía el mismo valor que le damos hoy. Siempre han existido los archivos pero, no siempre se han cuidado.

— El último trabajo que le ha encargado el Ayuntamiento…
— Nunca me han encargado nada… Pero, me gusta muchísimo, me entretengo y siempre estoy con temas de estos. He hecho un estudio sobre lo que eran los carpinteros, los albañiles, para un congreso sobre Arquitectura y ahora, “motu propio”, me divierte estar haciendo la historia del Ayuntamiento, no como institución (concejales, historia política…), sino del edificio y la Plaza Mayor. Esta es una historia desconocida, pero con mucho interés…

— Entre otras cosas, la iglesia de San Miguel estaba en otro lugar…
— La historia de la Plaza Mayor es “muy divertida” porque, aunque nos extrañemos mucho hoy, cuando hablamos de “corrupción” o de nepotismo y enchufes (si yo te doy esto tú me das lo otro), es tan viejo como el mundo. Le aseguro que en el siglo que estoy estudiando, ocurría lo mismo.

— ¿Este estudio sobre el Ayuntamiento, lo publicará?
— Se lo voy a ofrecer al Ayuntamiento de una forma totalmente gratuita porque me divierto haciéndolo. Cuando lo tenga terminado diré: “Miren, ahí tienen esto, si quieren lo publican pero, si no quieren…”.

— De todo lo que ha encontrado en archivos ¿qué es lo más curioso?
— A veces son “chocantes” las cosas que nos encontramos.

Imagine que está leyendo un libro de estos (señala a un legajo de documentos antiguos), por ejemplo un “protocolo”, un libro formado por los documentos que elabora un Notario y que se recogen en el Archivo Provincial. Imagine el testamento de una persona rica… páginas, páginas y más páginas de objetos porque, cada cosa se describe, incluso una camisa ya usada, que también era objeto de la herencia…

Estando leyendo uno de esos testamentos, porque es muy curioso lo que tienen y el modo en que lo reparten… el escribano del Notario estaba “tan harto” de estar pasando objetos, uno tras otro, que escribió en una página en blanco… No me atrevo a decir lo que dice él textualmente pero, “en fino” dijo: “Estoy hasta las narices de todo esto”, y siguió con su trabajo….

— En su estudio sobre el Ayuntamiento ¿qué nos vamos a encontrar? ¿tan diferente era de lo que conocemos ahora?
— Sí, porque tuvo una reforma muy grande en el siglo XVIII pero, siempre fue un solar “muy pequeño”. El patio que ahora hay en el Ayuntamiento, es fruto de la adquisición de una casa en la calle de Escuderos pero, por miles de cuestiones, el solar era pequeño y, eso siempre planteó muchos problemas.

Planteó problemas con las casas colindantes. Con los dos propietarios, un tal Del Sello”y un tal San Millán que no hicieron más que poner pleitos al Ayuntamiento por cosas tan nimias y, tan absurdas, como apoyar su balcón de hierro en el balcón del Ayuntamiento. Esto supuso unos 4 años pleiteando y llevó el pleito a la Cancillería de Valladolid o lo que ahora sería el Tribunal Supremo ¡Esa nimiedad!

En este caso se mezclaban cuestiones de lo que se llaman “las vistas”, cuestiones del ego de una persona que se creía importante, del honor… de cosas que ahora nos parecen sorprendentes y chocantes…

— En su labor habitual, su relación con el Alcázar de Segovia es muy estrecha. También con el mundo del turismo… Como hombre que conoce con profundidad la ciudad desde dentro ¿cómo cree que está la ciudad de Segovia hoy?
— Creo que la ciudad está bien y sé que hay una presión del turismo pero, por presión entiendo, no tanto que la calle se llene de turistas, porque todo el mundo tiene derecho a visitar una ciudad, sino porque hay personas que salen más beneficiadas que otras. Ahora va a llegar el problema de los famosos “pisos turísticos”, tema que ciudades como Ibiza ya han cortado y, aquí tampoco tenemos la presión terrible de Venecia con los cruceros porque, desembarcar cincomil personas y estar pisando la ciudad solo un rato para luego volver, no deja ningún beneficio y sí mucho desastre…

Repito que a nadie se le puede negar el acceso a una ciudad. Se dice: “Pero es que solamente ven la Calle Real…”. Pero, si tenemos 24 horas para ver una ciudad… en Madrid, no se van a ir al Pozo del Tío Raimundo, a no ser que tengan un gusto especial por ver ciertas cosas, ¿qué es lo que hacemos? lógicamente vamos a la Puerta del Sol, a la Plaza Mayor, al Museo del Prado….

¿Qué es lo que ocurre en Segovia? Que los tres monumentos significativos de la ciudad, están en un eje recto, en una línea recta y, eso no se puede evitar. Si el turismo es más culto, procurará estar un día, hacer una noche y, entonces se les puede llevar a San Antonio el Real, o al Monasterio del Parral… El turismo en Segovia tiene un “problema topográfico”, la ciudad es larga y estrecha. No es una ciudad radial, redonda… como Toledo. En Toledo, todo está metido en una roca… Es Segovia es difícil mover el turismo, es una ciudad difícil para intentar canalizarlo y hacer que el turismo vaya de uno a otro sitio.

Al subir por la calle de San Juan, se ve un jardín rodeado por el Palacio de Quintanar, el Palacio de las Cadenas, el Palacio de Lozoya… Pero, a partir de este lugar, todo el tramo que sigue…no tiene ningún encanto. Si tiene poco tiempo, lo digo entre paréntesis, lo estará perdiendo si no va por la Calle Real que es magnífica por los palacios, por la Plaza de San Martín…

— ¿Cómo se ha conservado la ciudad de Segovia?
— Pienso que relativamente bien porque todo el mundo dice “¡qué bonita es la ciudad!” pero, cuando es un propietario particular, y también lo comprendo, pues hace ciertos desmanes y ciertas cosas… que la alteran un poco.

Se va cambiando de manera lenta… Hay una “manía con picar los muros para que aparezca la piedra, no sé a quién se le ocurrió semejante historia”, también “hay una manía con meter zócalos de granito en las casas cuando eso nunca existió”. Si hay un sillar es un sillar pero no es un chapado. Dio durante un tiempo, menos mal que ya ha pasado, por pintar con tierra de Siena (Pinturas que provienen de la tierra y su variedad de colores. Tierras rojizas, anaranjadas, amarillentas…) las fachadas, cuando jamás ha existido eso en Segovia… Hay que tener cuidado con los tejados y no meter tejas prefabricadas… “son cosas pequeñas pero, si proliferan, cambia la ciudad”.

Un problema, para mí, es el cableado. La calle de Daoíz, mire usted, ni en las ciudades de la India tienen los cables que hay por aquí colgando… y parece imposible… la presión de esas compañías (eléctricas, teléfonos…) ¡tremendo! Daoíz es un ejemplo… y además, la vía más transitada.

— Entre los cables y tapas en el suelo…
— La tapas de las alcantarillas…He contado hasta veintitantas juntas, en la bajada de la Puerta de la Luna… ¡No lo puedo entender!
Esto se debe a que la presión de las grandes compañías sobre los Estados es tan grande que anulan a los Estados y, la presión de ciertas compañías de servicios que se llaman públicos… es tal que anulan, casi, la voluntad del Ayuntamiento… y, se detecta en los cableados y en las tapas de las alcantarillas.

— Entre todos los legajos que lee cada día ¿qué le gustaría encontrar?
— ¡Lo que daría yo por ver un plano de la ciudad del siglo XV! Sé que es imposible pero, en otras ciudades de Europa existen planos antiguos… Tengo en la cabeza la ciudad pero, tener un plano… sería excepcional…

— ¿Por qué en otros sitios se han conservado y aquí no?
— Porque son formas de cultura. España es la suma de las tres culturas pero, en la cultura islámica, en la que el Ayuntamiento tal y como lo entendemos, no existe… no existe el urbanismo tal y como lo entendemos… Es decir, hay ciertas formas culturales heredadas…
En cambio, es muy interesante el Archivo de la Catedral porque tiene planos del templo que no existen en otro lugar de España. Un conjunto de 80 planos, secciones, alzados… como los de la Catedral de Segovia, no existen en España y, es una belleza verlos…trazados sobre pergaminos…se entienden muy bien… cómo dibujaban, cómo lo trazaban… su conocimiento sobre la geometría o la matemática, es muy interesante…