Las raíces romanas del esgrafiado

Ciudades como Pompeya o Herculano han alumbrado esgrafiados tanto en el interior como en el exterior de edificios

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El proyecto de investigación ‘Corrientes Nacionales e Internacionales del esgrafiado’, que desde el año 2013 vienen apoyando el Instituto de la Cultura Tradicional Segoviana ‘Manuel González Herrero’, la Diputación Provincial y la Real Academia de Historia y Arte de San Quirce, continúa aportando significativas novedades que están cambiando radicalmente los supuestos históricos mantenidos hasta ahora por la historiografía internacional.

A las primeras conclusiones que, en 2014, revolucionaron por completo lo poco que se sabía sobre la etapa medieval —peninsular y norteafricana— de este revestimiento, ha sucedido una línea de trabajo enfocada a rastrear evidencias en la antigüedad romana. En opinión del responsable de este proyecto, el historiador Rafael Ruiz Alonso, “todo apuntaba favorablemente hacia la existencia de manifestaciones en esta época, aunque hasta ahora resultaban enormemente huidizas. Habíamos encontrado indicios de una fase esgrafiada en pinturas murales de Mérida, pero con un carácter tan abocetado que nos llevó a concluir que se trataba de ensayos. Igualmente, en la Domus Aurea de Nerón (Roma), observamos esgrafiados en algunas de sus bóvedas, si bien se trataba con ellos de crear superficies ásperas, geométricamente dispuestas para colocar encima molduras de estuco. Por último, señalamos la existencia de esgrafiados polícromos en la basílica paleocristiana de Marialba de la Ribera (León), del siglo IV, cuyo carácter se mantuvo al menos unos quinientos años en la península, como demuestra la cabecera de la iglesia prerrománica de San Julián de los Prados (Oviedo)”.

Una circunstancia ajena a la investigación ha sido especialmente propicia para ella: en 2013, la Unesco valoró incluir a los yacimientos en torno al Vesubio en la lista de Patrimonio de la Humanidad en Peligro, debido a la dejadez institucional en su gestión y al considerable deterioro que estaban experimentando. La reacción no se hizo esperar, y desde entonces se han acometido numerosas obras de restauración que a la vez están favoreciendo un mayor conocimiento del mundo romano. Por lo que al esgrafiado respecta, ciudades como Pompeya y Herculano han alumbrado esgrafiados tanto en fachadas de edificios como al interior de los mismos, siendo sus ejemplos más vistosos los que combinan esgrafiado y pintura al fresco para simular muros construidos con diferentes tipos de mármol, por lo que pueden incluirse dentro del llamado ‘primer estilo pompeyano’ o ‘pintura de incrustaciones’.

En paralelo a la labor científica, también se trabaja en la difusión de este revestimiento a través de publicaciones y conferencias que están alcanzando un amplio eco nacional e internacional. Buena prueba de ello son las estadísticas que reflejan las consultas de los artículos que Rafael Ruiz ha puesto a disposición del público, y de manera totalmente gratuita, en la red científica ‘Academia.edu’, donde se ha pasado de algo más de 300 descargas a principios de año, a las casi 1.050 que se registran en este momento, procedentes de 33 países europeos, americanos y asiáticos, principalmente.

A ello se une la buena acogida que está teniendo el libro ‘Esgrafiado. Materiales, técnicas y aplicaciones’, publicado en noviembre del pasado año 2015, con un muy aceptable nivel de ventas tanto en el mercado local como en el foráneo.

Por último, también se están impartiendo conferencias dentro y fuera del ámbito segoviano, como la del pasado 7 de mayo en San Lorenzo de El Escorial, en torno al esgrafiado medieval, o la que se celebrará el próximo 24 de este mismo mes en Lisboa, en una sesión especial de las V Jornadas del Forum Ibérico de la Cal, donde Rafael Ruiz abordará la historia y las diversas variantes técnicas de una familia específica de esgrafiados, conocidos como embutidos, labrados o taraceados.

“Se trata —en palabras de este investigador— de una de las facetas más deslumbrantes y a la vez ignoradas del esgrafiado, que alcanzó grandes cotas de perfección en el siglo XIX, de la mano de artistas como el danés Jørgen Valentin Sonne o el inglés Heywood Sumner”.